Lo que más me llama la atención de «Around the World» es lo sencilla y poderosa que resulta: con apenas una frase repetida, logra apuntar a algo mucho más grande que un itinerario.
Cuando pienso en la versión de Daft Punk, veo una canción que no describe una travesía geográfica paso a paso. Las letras son literalmente un mantra —«around the world»— y la intención parece ser más crear una sensación de ciclo, de movimiento continuo, que narrar localidades. El videoclip de Michel Gondry refuerza eso: coreografías y figuras que giran en torno a la pista como si el tempo fuera el viaje mismo, no un mapa con paradas. Para mí, el giro está en sentir que el mundo entero cabe en una pista de baile.
También he pensado en otras canciones con el mismo título —por ejemplo la de Red Hot Chili Peppers o la banda pop ATC— y ahí sí hay variaciones. En algunos casos hay imágenes de desplazamiento, nostalgia o búsqueda, pero raramente se traduce en una guía turística. En resumen, me resulta más un símbolo de conexión y movimiento global que un relato de destinos. Me encanta que algo tan repetitivo pueda dar tanto espacio a la imaginación y a la sensación de viajar sin salir del lugar.
Tengo recuerdos de escuchar «Around the World» en fiestas y preguntarme si hablaba de un viaje real o de otra cosa.
Desde una mirada más analítica, creo que la respuesta cambia según la versión. La pieza de Daft Punk funciona como una invitación rítmica: la repetición convierte la frase en paisaje sonoro, no en descripción. En ese sentido, no detalla países ni etapas; propone la idea del mundo como un loop donde todo vuelve y todo conecta. Para quien escucha con el cuerpo, esa sensación de viaje es física —moverse, bailar, girar— pero no tiene el carácter narrativo de un diario de viaje.
En cambio, en canciones pop con el mismo título suele aparecer el tema del anhelo por cruzar fronteras o reunirse con alguien lejano, y ahí sí la noción de desplazamiento es más literal. Aun así, incluso en esos casos, la idea del viaje funciona como metáfora del cambio interior o de la distancia emocional. Al final me quedo con la imagen de que «Around the World» es tanto una pista para moverse como una metáfora para pensar lo global, más que una guía turística detallada.
Mi respuesta corta es: no exactamente, y esa ambigüedad es lo que más me atrae. En la versión electrónica de «Around the World» la letra se reduce a una frase repetida hasta volverse paisaje; no hay ciudades, ni horarios, ni fronteras, sino un movimiento constante que sugiere viaje sin describirlo. He escuchado otras canciones con ese título que sí usan imágenes de desplazamiento o relaciones a distancia, pero incluso ahí muchas veces el viaje es una metáfora del crecimiento o del deseo.
Personalmente disfruto cuando una canción consigue que imagine lugares sin detallarlos: me basta con el pulso y el ritmo para sentir que doy la vuelta al mundo en una canción, aunque no haya un mapa literal. Esa mezcla de lo corporal y lo evocador hace que «Around the World» funcione como experiencia más que como crónica, y eso me parece una forma hermosa de hablar del mundo.
2026-07-05 12:37:53
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Tour con FINAL FELIZ
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En pleno viaje descubrí que la guía turística, una mujer con un cuerpazo, se estaba tocando en el autobús. Cuando la descubrí, se disculpó de todo corazón y me suplicó que no se lo contara a nadie. Acepté, convencido de que eso quedaría entre nosotros, pero ella no dejaba de buscarme para seducirme.
Creí que sería solo una aventura pasajera. Jamás imaginé que mi esposa terminaría metiéndola en mi habitación…
Después de la muerte de su amada, Leandro Fuentes me odió durante diez años.
Intenté acercarme a él de todas las formas posibles, pero él solo me lanzaba una sonrisa helada.
—Si de verdad quieres agradarme... mejor muérete.
Aquella frase me atravesó el pecho como una daga. Pero el día que un camión se lanzó contra mí, fue él quien dio su vida para salvarme, muriendo en un charco de sangre.
Antes de cerrar los ojos para siempre, me miró profundamente y dijo, con voz entrecortada:
—Si tan solo... nunca te hubiera conocido.
En el funeral, la madre de Leandro, doña Eugenia, se aferraba a su retrato mientras las lágrimas le nublaban la vista.
—¡Yo debí dejarlo estar con Clarisa! ¡Nunca debí forzarlo a casarse contigo!
Su padre, don Ernesto, me fulminó con la mirada, y, con la voz cargada de rabia, añadió:
—¡Leandro te salvó tres veces! ¡Era un hombre excepcional! ¡¿Por qué no moriste tú en su lugar?!
Todos, absolutamente todos, lamentaban que él se hubiera casado conmigo. Incluso yo.
Me echaron del funeral como si fuera una ladrona de paz. Sin rumbo, como un alma errante, caminé sin saber a dónde ir.
Tres años después, un avance científico rompió las barreras del tiempo: se creó una máquina capaz de llevarnos al pasado.
Y yo... yo volví.
Esta vez, decidida a no volver a cruzarme con Leandro, a dejar que él y Clarisa estén juntos.
Esta vez, haré feliz a todos... aunque eso signifique desaparecer de sus vidas.
Desde que me casé con Julián Mendoza, él puso punto final a todas sus andanzas.
Para todos, yo era la mujer que había ‘domado’ al ‘playboy’, y mi vida familiar era la envidia.
Hasta el día de nuestro noveno aniversario, cuando vi por accidente los mensajes en el grupo de chat con sus amigos:
“Oye Julián, ¿qué tal la experiencia de ayer en el Bentley con tu compañera de universidad?”
“Lo hemos probado en todos lados. Está locamente enamorada de mí.”
Debajo había una foto íntima de ellos, y el grupo se llenó de comentarios calientes, felicitándolos entre risas y bromas.
Miré la pantalla y un dolor punzante me atravesó el corazón. De pronto lo entendí: toda aquella felicidad a mi lado no era más que un montaje perfectamente preparado.
Me quedé sentada, inmóvil, toda la noche, esperando su regreso. Cuando al fin Julián llegó, trayendo un pastel de celebración, no pude evitar soltar una risa fría.
—Ya lo sé todo. ¿No te cansa fingir?
En la Noche de la Luna Cenital, el heredero del trono celebró un gran banquete en el Palacio de Mármol. Aquella noche, decidió expulsar a todas sus consortes del harén solo por su favorita.
Mientras otras recibían oro y regresaban con alegría a sus hogares para reencontrarse con sus familias, yo no tenía a dónde ir. Solo podía quedarme en silencio, en un rincón, sin ningún lugar a donde ir en este mundo. Lo único que pude encontrar fue una venda de seda blanca para colgarme en la entrada del palacio abandonado.
Llegué a este mundo desde otra realidad y, durante veintiún años, intenté completar las misiones del sistema, que era conquistar a los cuatro hombres más influyentes del imperio. Pero uno tras otro… fracasé. Y ahora, en el último objetivo también había fallado.
El sistema me dio una única salida.
[Cuando este cuerpo muera, podrás regresar con tu familia.]
Y antes de que comenzara a desvanecerme y abandonar este lugar, me dirigí al portón del palacio abandonado. No dejé palabras de despedida, ni tampoco dejé rastro de mi existencia. Solo el silencio.
Y entonces… en medio de la oscuridad, juraría haber escuchado voces desesperadas gritando mi nombre desde el interior del palacio.
Siete años juntos con Carlos, siete años de rumores nunca confirmados.
Él me dejaba revisar su celular sin objeciones, reportaba cada viaje de negocios con detalles.
Nunca encontré una sola prueba de infidelidad.
Hasta el día de nuestra boda.
Después de que el presentador narró cómo Carlos voló desde el extranjero mis rosas blancas favoritas, la pantalla gigante que debía mostrar nuestro video de siete años, de repente transmitió el llanto desgarrador de un bebé.
En el video, Carlos sostenía a un bebé recién nacido en una sala de hospital.
Su secretaria, Serena, recostada en su hombro, usando un anillo de diamantes idéntico al mío.
Serena corrió hacia mí con lágrimas que era solo un malentendido, y Carlos, con tono frío:
—Es una madre soltera, la ayudé por compasión como su jefe, ¿vas a hacer escándalo por esto?
El silencio en el salón fue absoluto, todos esperaban mi explosión.
Luego me quité tranquilamente el anillo de compromiso y se lo devolví:
—Por supuesto que no. Les deseo felicidad.
La noche antes de que mi prometido, Soren, y yo partiéramos hacia el Norte de Europa para comenzar nuestra nueva vida, los sonidos de una animada discusión se filtraron desde su club privado.
—Dios mío, jefe, ¿estás loco? ¿Por qué esta alianza matrimonial repentina con la familia Rosetti para hacer una jugada por Italia? ¿No dijiste que dejarías esta vida con Abby y te dirigirías al norte?
Soren se reclinó en un sofá de cuero, su voz fue de indiferencia y amortiguada por una nube de humo.
—Los planes cambian. Además, recuerda, yo soy el que la hizo quien es. Una vez que vea el nuevo imperio que estoy construyendo, ese pequeño canario volverá volando a mi jaula. Esa mujer no puede vivir sin mí.
Me quedé en las sombras del club, con una copa de vino en la mano, y un dolor fuerte floreciendo en mi pecho.
El regalo de aniversario que había elegido con tanto cuidado para Soren todavía estaba en mi bolso, esperando a que se lo diera.
Salí del club lleno de humo, tiré el regalo al cubo de basura más cercano y reservé un billete de ida al Norte de Europa.
Pero lo que él no sabía era que, justo como él podía traicionar nuestro futuro por Mónica, yo podía abandonarlo por el mío.
Todos esos años que pasamos bailando con la muerte nunca fueron sólo por ella.
Todavía me emociono cuando suena ese loop hipnótico de «Around the World» del dúo francés; para esa versión electrónica, la composición recae en los propios miembros de Daft Punk, Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter. Recuerdo que la canción apareció en «Homework» (1997) y lo que más me marcó fue cómo una frase lírica mínima se convierte en un mantra gracias a la producción: bajo punzante, percusión precisa y capas de sintetizadores que giran con una lógica casi matemática. Es una pieza que demuestra que la creatividad puede venir de la repetición bien trabajada, y la autoría de ambos miembros siempre estuvo detrás de ese enfoque minimalista y efectivo.
Tengo la sensación de que esa pieza cambió cómo muchos de nosotros pensamos la música electrónica a finales de los noventa: no es sólo quién la toca, sino cómo la construyen. Guy-Manuel y Thomas no solo produjeron y compusieron, también diseñaron un paisaje sónico único que aún suena moderno. Cada vez que la escucho, vuelvo a sentir la sencillez potente de su estructura y la audacia de hacer una canción casi ritual con tan pocos elementos; para mí, eso es la marca de los verdaderos compositores detrás de «Around the World».
Qué buena pregunta sobre «around the world», y te lo explico desde mi experiencia buscando contenido en España.
Normalmente empiezo por servicios agregadores como JustWatch o Reelgood: ponen en un mapa claro dónde está disponible en streaming, alquiler o compra. Ahí suelo ver si está en plataformas grandes como Netflix, Prime Video, «Max» (antes HBO Max), Disney+ o si aparece en opciones de alquiler digital como Apple TV, Google Play o YouTube Movies. También reviso Filmin y Rakuten TV, que en España suelen tener títulos más nicho o europeos que las grandes no siempre ofrecen.
Si no aparece en ninguna suscripción, lo lógico es mirar la opción de compra o alquiler digital; a veces el título solo está para comprar en tiendas digitales durante un tiempo. Y no olvides chequear la ficha del título (año, director, si es documental o serie): hay muchas obras con el mismo nombre, así que confirmar el año/autor evita confusiones. Personalmente, me encanta buscar así porque me ahorra tiempo y me permite aprovechar una suscripción ya activa, o decidir si merece la pena alquilar. Al final, con un par de clics en un agregador y una búsqueda directa en las tiendas digitales rara vez me quedo sin opciones para ver lo que quiero.»
Me encanta cuando un programa de viajes logra que reconozcas una calle, una plaza o un monumento y piensas "ahí estuve"; por eso suele preocuparme si lo que vemos en «Around the World» es de verdad o una ilusión. En mi experiencia como viajero curioso, muchas versiones de programas llamados «Around the World» sí muestran lugares reales: producen en exteriores, entrevistan a locales y captan la luz natural, eso da una autenticidad difícil de falsificar. No obstante, incluso los documentales mezclan recursos: tomas de archivo para rellenar tiempos, planos de drone comprados, o imágenes de estaciones y aeropuertos que pertenecen a bancos de metraje.
También hay que distinguir entre rodaje en localizaciones reales y reconstrucciones para comodidad del equipo. Interiores complicados —hoteles, casas antiguas— a veces se recrean en estudios por permisos, control de sonido o clima. Además, algunas versiones modernas de «Around the World» usan escenas dramatizadas para contar anécdotas, lo que puede confundir al espectador sobre qué es real y qué no.
Si lo que buscas es puro material de viaje, fíjate en detalles: variedad de acentos, nombres de locales en pantalla, créditos de filmación y publicaciones del equipo en redes. En definitiva, sí: muchos episodios muestran lugares reales, pero no todo lo que parece "en el lugar" fue necesariamente filmado íntegramente allí; aun así, la sensación de estar viajando suele ser muy real para mí y eso es lo que más disfruto.