3 Réponses2025-12-11 18:18:52
Tetuán es uno de esos barrios de Madrid que esconde historias fascinantes en cada esquina. Surgió en el siglo XIX como un asentamiento informal alrededor del camino que llevaba a Francia, y su nombre viene de la victoria española en la batalla de Tetuán en Marruecos. Lo que empezó como un lugar humilde, con casas bajas y calles sin pavimentar, fue creciendo con la llegada de trabajadores durante la industrialización.
En los años 50 y 60, Tetuán vivió una transformación enorme con la construcción de bloques de viviendas para acoger a la oleada de migrantes del campo a la ciudad. Hoy, es un barrio diverso, con una mezcla de tradición y modernidad. Sus calles tienen ese encanto castizo pero también bares trendy y galerías de arte. Pasear por la Plaza de la Remonta o el Paseo de la Dirección es como viajar en el tiempo, pero con un toque multicultural muy actual.
1 Réponses2026-01-11 15:42:42
Amo ese personaje azul y atolondrado que devora galletas con una pasión contagiosa. Yo lo conozco como el Monstruo de las Galletas, y quizá lo recuerdes por su pelaje azul, sus ojos saltones y su manera tan directa de decir «¡Quiero galletas!». En la versión original estadounidense se le llama Cookie Monster, y su canción más famosa es «C is for Cookie», que se quedó en la cabeza de toda una generación. En Barrio Sésamo apareció desde los primeros episodios y pronto se convirtió en uno de los rostros más reconocibles del programa gracias a su humor simple y a su apetito insaciable por las galletas.
Me gusta pensar en él no solo como un glotón simpático, sino también como una herramienta educativa disfrazada de comedia. Fue creado por Jim Henson y su primera interpretación corrió a cargo de Frank Oz; más adelante, David Rudman tomó la voz y la personalidad del personaje. Aunque su comportamiento exagerado es cómico, los guionistas usaron al Monstruo de las Galletas para enseñar letras, números y hasta lecciones sobre autocontrol: episodios donde aprende a compartir o a moderar su consumo muestran que detrás del caos hay una intención pedagógica clara. Además, en años recientes se ha intentado adaptar su imagen para promover hábitos de alimentación más equilibrados, introduciendo la idea de que las galletas son un «capricho» que puede formar parte de una dieta variada.
En distintas versiones en español ha recibido nombres como Monstruo Comegalletas o Come-Galletas, y en cada país su voz y traducción pueden sonar un poco diferentes, pero la esencia permanece: es exagerado, cariñoso y terriblemente honesto con sus impulsos. Me encanta cómo su estética tan simple —un bulto azul con ojos que parecen moverse por su cuenta— logra tanto: provoca risa, genera memes y crea recuerdos afectivos. También es curioso recordar que su manera de hablar, con frases cortas y un inglés infantil como «Me want cookie», se ha convertido en un rasgo icónico que muchos imitan con cariño.
Al final, el Monstruo de las Galletas es más que un comedor compulsivo; para mucha gente es un símbolo de infancia, de humor directo y de aprendizaje amable. Yo lo sigo viendo como un personaje que puede hacer reír y enseñar al mismo tiempo, y cada vez que escucho «C is for Cookie» me sorprende cómo algo tan simple puede ser tan entrañable y perdurable.
3 Réponses2026-01-24 22:37:52
Tengo grabada en la memoria la sensación de recorrer las calles donde se rodó «Barrio», porque la serie (y la película homónima de la que toma el espíritu) vive y respira en escenarios muy concretos de Madrid. Gran parte del rodaje se desarrolló en barrios del sur de la capital: zonas populares como Puente de Vallecas, Usera, Carabanchel y Villaverde aparecen como telón de fondo, con sus bloques, plazas y comercios que aportan esa textura auténtica que se siente en cada plano.
Recuerdo que muchas escenas se aprovecharon de espacios reales —no decorados— para capturar rutinas cotidianas: portales, parques y calles donde la producción podía trabajar con vecinos y conseguir esa naturalidad. Además, es frecuente que producciones así completen tomas en municipios próximos dentro de la Comunidad de Madrid cuando necesitan calles o polígonos con cierto aspecto urbano-industrial, así que no es raro ver lugares de municipios cercanos utilizados en algunos episodios.
Al final, lo que más me gusta es cómo esos escenarios comunican vida real: no son solo fondos, son personajes silenciosos que cuentan tanto como los actores. Si te fijas en los créditos o en reportajes sobre el rodaje suele confirmarse que Madrid y sus barrios del sur fueron el alma de «Barrio», y eso se nota en cada escena; deja una huella muy cercana y reconocible.
3 Réponses2026-01-24 15:15:26
Si te interesa ver «Barrio», tengo unas rutas legales que siempre consulto antes de ponerme a buscar: lo más habitual hoy en día es comprobar plataformas de cine especializado y las tiendas digitales de alquiler o compra.
Mi primera parada suele ser Filmin: es el refugio para cine español y de autor, y con bastante frecuencia tienen títulos como «Barrio» en su catálogo, ya sea incluidos en la suscripción o en alquiler puntual. Si no aparece allí, reviso las tiendas digitales tipo Google Play, Apple TV (iTunes), Rakuten TV, Amazon Prime Video (sección de compra/alquiler) y YouTube Movies, porque muchas veces ese tipo de películas están disponibles para alquilar por 48 horas o para comprar en HD.
También reviso RTVE Play y la programación de la Filmoteca Española: cada cierto tiempo programan ciclos de cine español clásico y contemporáneo donde «Barrio» puede aparecer en streaming o en pases online. Otra vía menos conocida pero muy útil es eFilm (la plataforma de préstamo digital de muchas bibliotecas españolas), donde a veces puedes ver películas de forma legal con el carnet de la biblioteca.
Mi recomendación práctica: usa un agregador como JustWatch para comprobar disponibilidad actual en España y decidir si te compensa alquilar, comprar o esperar a que entre en alguna suscripción. Ver «Barrio» en buena calidad y por vías legales me parece la forma más respetuosa de disfrutar y apoyar el cine que nos interesa.
4 Réponses2026-01-30 21:26:46
Hoy pasé por la Plaça del Rei y me topé con varios carteles que me recordaron lo viva que está la agenda cultural del Barri Gòtic este año.
El gran punto de referencia es «La Mercè»: la ciudad entera se vuelca con conciertos, fuego y desfiles tradicionales, y muchas de las actividades del seguici popular y los castellers tienen pasajes o paradas que atraviesan el Gòtic. Durante la primavera, «Sant Jordi» transforma las calles cercanas a La Rambla y las plazas del casco antiguo en un mercado de libros y rosas; es ideal para perderse entre librerías y puestos. En otoño e invierno no faltan las ferias: la tradicional «Fira de Santa Llúcia» frente a la Catedral ofrece artesanía y figuras del pesebre.
Además, hay programación permanente en espacios pequeños e históricos: recitales en la Catedral y conciertos de jazz en locales de la Plaça Reial, exposiciones temporales en galerías de Carrer Montcada y actividades y rutas arqueológicas del MUHBA por las ruinas romanas. No olvidar las noches especiales como «La Nit dels Museus» y el fin de semana de Open House, cuando abren edificios con visitas guiadas. Para mí, pasear por el Gòtic en días de festival es como atravesar un museo viviente lleno de sorpresas.
3 Réponses2026-01-24 21:37:36
Me encanta perderme en el hilo temporal de las series, y con «Barrio» lo más sensato es seguir el orden de emisión salvo que haya indicaciones contrarias. Yo suelo ver las temporadas exactamente como se estrenaron: Temporada 1, Temporada 2, Temporada 3, y así sucesivamente. Ese es el orden cronológico de la serie en cuanto a publicación y, en la mayoría de los casos, también en cuanto a la progresión natural de la historia y el desarrollo de personajes.
Si hay especiales, episodios intersticiales o capítulos especiales (por ejemplo episodios de vacaciones o minisodes), los suelo ubicar según la fecha de lanzamiento: si salieron entre la Temporada 2 y la Temporada 3, los vería justo ahí. También reviso las notas de la plataforma o la guía de episodios porque a veces agregan un «episodio 0» o material extra que aclara saltos temporales. En resumen, para evitar confusiones yo sigo la numeración oficial y coloco cualquier extra en el punto temporal en que fue lanzado; así se mantienen las sorpresas y la coherencia del arco narrativo.
Al final, ver «Barrio» en orden de emisión me ha permitido disfrutar las revelaciones tal como las pensaron los creadores, y por eso sigo ese camino cuando me doy maratones.
4 Réponses2026-01-30 18:26:11
Siempre me emociono al cruzar una de esas callejuelas del Barri Gòtic pensando en dónde voy a descubrir la próxima receta tradicional que me haga cerrar los ojos. Caminando tranquilo, suelo ir primero a «Can Culleretes», un clásico que parece sacado de otra época: la carta está llena de platos catalanes clásicos como el «suquet de peix» y el «bacallà a la llauna». Me encanta sentarme y ver a la gente mayor pedir lo de siempre; eso te dice más que cualquier reseña.
Otro sitio que no falla es «Los Caracoles», donde casi todo sale con ese toque ahumado de la cocina a la vista. Allí pido siempre algo para compartir y un buen vino por copas. También me acerco a las bodegas pequeñas que salpican el barrio: en esos locales la tapa sale generosa y el vermut de barril tiene un sabor que no encuentras en zonas más turísticas.
Mi consejo práctico es evitar los restaurantes en la primera línea de La Rambla, mirar las cartas escritas a mano y buscar mesas con gente local: eso es sinónimo de autenticidad. Si voy con tiempo, prefiero el menú del día en restaurantes familiares, te sale más barato y conoces platos de verdad. Al final, lo que más me gusta es cómo cada rincón guarda una historia y un plato que merece repetición.
4 Réponses2026-01-28 18:06:54
Caminar hoy por El Carmel me trae a la mente las páginas de varios libros que he devorado en los últimos años. En uno de ellos, «Memorias del Carmel», se recogen entrevistas a vecinos que llegaron en las décadas de 1950 y 1960; leer esos testimonios me hizo entender el empuje y la precariedad con que se levantó el barrio, con viviendas autoedificadas y calles que se fueron adaptando sobre la marcha.
Otro texto que me marcó fue «Fotografías del Carmel», un tomo de imágenes y notas que contrasta el barrio de los años setenta con el de ahora: las fotos no solo documentan fachadas y obras, sino gestos cotidianos, tiendas y plazas que terminaron definiendo la identidad del lugar. Entre ambos libros siento que hay un diálogo entre la memoria oral y la imagen, y eso le da al Carmel una voz plural.
Al cerrar cualquiera de esas páginas siempre me queda la sensación de que el barrio es una novela inacabada; los libros lo registran en distintos tiempos, pero el latido sigue vivo en las esquinas y en la risa de la gente que aún lo habita.