Esa revelación en «The Crying Game» sigue siendo uno de esos momentos que me hacen recomendar la película a cualquiera que disfrute de giros bien construidos.
Yo recuerdo a Jaye Davidson interpretando a Dil, una persona joven, enigmática y con una presencia muy andrógina que se convierte en el interés romántico del protagonista Fergus. El papel juega con expectativas: al principio Dil aparece como una mujer misteriosa y magnética, y más adelante la historia introduce un giro que cambió la conversación sobre identidad y cine en los
años 90. La actuación de Davidson fue contenida, llena de pequeñas sutilezas que hacen creíble esa relación complicada y emotiva.
Además de la carga dramática dentro de la historia, la interpretación de Davidson recibió reconocimiento de la industria: fue nominada al
óscar a Mejor Actor de Reparto, algo que subrayó cuánto impacto tuvo ese papel en su momento. Hoy, al revisitar la película, es imposible separar la performance del efecto cultural que provocó, y me sigue pareciendo una labor
valiente y muy bien lograda.