Recuerdo con cariño cómo Alan Thicke se convirtió en el eje de «Growing Pains». Yo lo veía todas las semanas y lo que más me quedaba era su voz calmada y esa mezcla de humor y
paciencia que tenía con sus hijos. En la serie interpretó principalmente a Jason Seaver, el patriarca de
la familia Seaver: un psiquiatra que, más allá de su trabajo, ejerce como la figura central del hogar y del equilibrio familiar.
Durante las
siete temporadas y en los especiales posteriores, Thicke encarnó a ese personaje con coherencia, reprimiendo
momentos serios y convirtiéndolos en
lecciones familiares sin caer en la moralina. Hubo episodios con sueños o escenarios
cómicos donde se le vio en situaciones distintas, pero siempre como
variaciones alrededor de Jason. En resumen, su papel en «Growing Pains» fue esencialmente uno solo pero muy amplio: Jason Seaver, padre, profesional y corazón de la serie; y lo trajo de vuelta en las películas-reencuentro, reforzando esa imagen entrañable que muchos recordamos.