Legítima
—Gracias, hija, avisaré de inmediato a la luna —dijo mamá, sacando su teléfono del bolsillo, trasero de su pantalón.
La observé mientras conversaba por teléfono. Mientras lo hacía, pensaba en la manera de darle una lección a Alexander.
—El vínculo será nuestro aliado —me habló Atenea—. Aremos que se vuelva loco por nosotras, y él y su lobo pagarán por ignorar el hecho de que somos su compañera.
Atenea estaba igual o más molesta que yo, ella había sentido el dolor de la traición.