Me fascina analizar patrones en la escritura de autores clásicos, y algo que siempre me llama la atención es cómo algunos dependen mucho del pronombre masculino. Stephen King es un ejemplo claro: en obras como «It» o «The Shining», los protagonistas masculinos dominan la narrativa. No es solo cuestión de género, sino de cómo construye su universo. King explora la psicología masculina con profundidad, desde la vulnerabilidad hasta la violencia.
Otro que viene a mente es Ernest Hemingway. Su estilo minimalista está lleno de frases cortas y diálogos donde «he» aparece constantemente. «The Old Man and the Sea» es un monólogo interno casi exclusivo de Santiago. Hay una crudeza en su enfoque que refleja su obsesión por temas como la masculinidad y la soledad.