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UNACCEPTED

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adelsbl
"Lo tau gak, sih, tata krama masuk ruangan?” tanya Regar ketus. Nessa sangat tidak sopan. Masuk ruangan tanpa permisi. Regar menyesal tidak mengunci pintu. Alih – alih menjawab, Nessa malah menyalakan posnelnya dan membuka aplikasi kamera. Ia mengatur kameranya menjadi kamera depan lalu mengajak Regar berfoto bersama. "Apaan, sih!” seru Regar tidak suka dengan tindakan Nessa. "Satu, dua, tigaaa,” Nessa langsung menjepret kamera ponselnya lalu melihat hasilnya. Tampak ekspresi Regar yang sedang marah. Sangat kontras dengan Nessa yang tersenyum manis. "Hahaha lucu, deh. Upload, ah,” Nessa membuka akun Instagramnya kemudian memposting fotonya dan Regar di instastory. Tak lupa ia me-mention akun Instagram Regar. Regar adalah cowok terkenal di sekolah dan luar sekolah sehingga memiliki banyak pengikut. Nessa berharap jika Regar me-repost instastory-nya maka akan banyak pengikut Regar yang mengikuti akunnya juga, “jangan lupa repost, ya,” Regar yang melihat hal itu menjadi semakin kesal, “Nessa hapus!” pinta Regar to the point. "Gapapa lah, Gar, sekali – kali. Kita, kan, belom pernah foto berdua,” jawab Nessa santai sambil memandangi fotonya bersama Regar. Regar membuang napas kasar. Ia menatap kedua temannya yang hanya diam. "Kalo Regar gak mau, sini sama Miko aja, beb,” sahut Miko. "Gak mau. Maunya sama Regar,” Regar memalingkan wajahnya malas, “murahan,” jawab Regar spontan dengan nada meremehkan. Cowok itu sedang menahan amarahnya saat ini. Ia berusaha untuk tidak membentak Nessa walaupun ia tahu kata – katanya barusan sangat tajam.
Young Adult
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Épouser un monstre de la mafia

Épouser un monstre de la mafia

« Notre mariage n'est qu'une affaire », dit-il froidement. Elle le fusille du regard et dit : « Crois-moi, je ne veux pas de ce mariage comme toi, mais s'il apporte la paix à nos familles, je t'épouserai. » Bella est une princesse de la mafia connue pour son sourire éclatant et sa beauté. Romantique dans l'âme, elle vit dans un monde peu romantique. Elle revient en Italie après un an à l'étranger et s'apprête à épouser Alessandro Rossi pour consolider le partenariat entre les deux familles. Alessandro Rossi, que tout le monde connaît sous le nom de Sandro, est un parrain de la mafia impitoyable, un chef et un tricheur, même selon les normes de la mafia. Sa réputation est vaste, son cœur est aussi sombre que les costumes noirs et les cravates qu'il porte. Après sa première rencontre, Bella réalise qu'il est aussi impoli que beau. Bella ne l'aime pas pour tout ce qu'il représente, même si les femmes se jettent presque sur lui, elle sait que son aura de mauvais garçon n'est pas qu'un jeu. Derrière son sourire charmeur se cachent du sang, des secrets et la mort. Bella a toujours été une fille adorable, mais elle ne peut échapper à ce mariage, et encore moins à son futur mari, qui la suivrait jusqu'au bout du monde et le brûlerait pour la retrouver. Sa seule chance de survivre à ce mariage est de gagner son affection, mais Sandro n'a pas de cœur et ne reculera devant rien pour la rendre malheureuse. Elle se rend vite compte qu'elle a un penchant pour les ténèbres, les mains rugueuses et les yeux couleur whisky.
Mafia
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Amante En La Sombra

Amante En La Sombra

Pasé tres años enamorada de Santiago Mendoza, el mejor amigo de mi hermano. Él jamás quiso hacer pública nuestra relación. Pero nunca dudé de su amor. Después de todo, tras haber estado con 99 mujeres, desde que estaba conmigo ni siquiera miraba a otras. Incluso si solo era un simple resfriado, él dejaba proyectos de millones de dólares en el acto y volaba a casa para cuidarme. Llegó mi cumpleaños. Feliz, me preparaba para contarle a Santiago que estaba embarazada. Pero por primera vez, se olvidó por completo de mi cumpleaños y desapareció sin dejar rastro. La sirviente me dijo que había ido al aeropuerto a recibir a alguien muy importante. Me dirigí al aeropuerto. Allí lo vi, con un ramo de flores en las manos y el rostro tenso, esperando a una joven. Una joven que se parecía mucho a mí. Más tarde, mi hermano me contó que ella era el primer amor que Santiago nunca podría olvidar. Santiago se enfrentó a sus padres por ella, y cuando ella lo dejó, perdió la cabeza y buscó 99 parecidas para sobrellevar el dolor. Mi hermano lo dijo con admiración, conmovido por lo profundo que podía ser Santiago. Lo que no sabía era que su propia hermana era solo una más entre esas sombras del pasado. Los observé a los dos durante un largo, largo rato. Luego, di media vuelta y volví al hospital. —Doctor, no quiero tener a este bebé.
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Donde el amor me dejó vacía

Donde el amor me dejó vacía

El día en que Rosa, el amor de mi esposo, enferma terminal, dio a luz a su hijo, mis suegros contrataron a diez guardaespaldas para vigilar la sala de partos y asegurarse de que yo no apareciera a hacer un escándalo. Pero la verdad es que nunca fui. Mi suegra, Melina, le tomó la mano a Rosa conmovida: —Rosa, mientras estemos nosotros aquí, ¡Fiona jamás podrá hacerte daño a ti ni a tu bebé! Mi esposo, Benito Cruz, con ternura en la mirada, la acompañaba durante el parto, secándole el sudor de la frente. —Tranquila, mi padre está con su gente en la entrada del hospital. Si Fiona se atreve a venir, la sacamos en el acto. Al ver que pasaban las horas y yo no aparecía, por fin se tranquilizó. Para él no tenía sentido pensar que yo fuera capaz de armar una escena. Solo quería cumplirle a Rosa su último deseo: ser madre antes de morir. ¿Por qué yo me empeñaría en arruinarlo? Cuando escuchó el llanto del recién nacido en brazos de la enfermera, no pudo evitar sonreír con alivio. Pensó que, si al día siguiente yo iba a disculparme con Rosa, se olvidaría de todas nuestras peleas. Incluso estaba dispuesto a dejar que yo criara al niño como si fuera mío. Lo que él no sabía era que, en ese mismo instante, yo acababa de entregar mi informe en la ONU. En una semana iba a renunciar a mi nacionalidad para unirme a Médicos Sin Fronteras. Y desde entonces jamás volvimos a vernos.
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En esta vida no tengo corazón para amar

En esta vida no tengo corazón para amar

La infancia de Adrián Rivas estuvo marcada por su primer amor. Pero cuando ella murió, él me odió durante diez largos años. Al día siguiente de nuestra boda, pidió ser enviado a una misión en la frontera. Durante una década le escribí incontables cartas, intentando acercarme una y otra vez… pero su respuesta siempre era la misma: —Si de verdad te sientes culpable… entonces muérete pronto. Hasta que un día fui secuestrada. Y él, solo y sin refuerzos, irrumpió en el escondite de los criminales para salvarme, recibiendo varias balas por mí. Antes de morir, con sus últimas fuerzas, me apartó bruscamente la mano y dijo: —Lo que más me arrepiento en esta vida… es haberte tomado por esposa. Si existiera otra vida… te ruego, no vuelvas a buscarme. En el funeral, la madre de Adrián lloraba de arrepentimiento. —Hijo mío, ha sido culpa mía… yo no debí obligarte. Su padre, lleno de odio, me gritó entre lágrimas: —Mataste a Clara, y ahora también a mi hijo. ¡Eres una desgraciada! ¿Porqué no te mueres tú también? Incluso el comandante, que insistió para que nos casáramos, bajó la cabeza con remordimiento. —Fue mi error, no debí separar a dos enamorados… Le fallé al camarada Adrián. Todos lamentaban la muerte de Adrián, incluyéndome a mí. Esa misma noche, fui expulsada del ejército y quedé sin ningún rumbo. En medio de la nada, en un campo solitario, bebí veneno y morí. Pero al abrir los ojos otra vez… regresé al día antes de nuestra boda. Esta vez, decidí cumplirles el deseo a todos.
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Servir, jamás; reinar, siempre. ¡Me coroné!

Servir, jamás; reinar, siempre. ¡Me coroné!

El día que Valeria perdió al bebé, Daniel y su hijo estaban acompañando a Emilia, para ver su función favorita. —Siempre hacías el mismo drama, ¿no te cansabas? —Papá, cámbiame de mamá, ¡qué fastidiosa! En su cumpleaños, Valeria regresó del hospital y encontró a su esposo, el hombre al que amaba, celebrándole a Emilia. El hijo por el que casi entregó la vida juraba que iba a proteger a la mujer que le había arrebatado todo. Valeria sonrió con los ojos rojos y salió, por fin, de la jaula de un matrimonio que la había tenido presa cinco años. Padre e hijo creyeron que, lejos de los López, ella no iba a sobrevivir. No imaginaron que se convertiría en alguien a quien ya no podrían siquiera alcanzar: —¡Señor López, el auto que diseñó la señora Valeria quedó número uno en ventas a nivel nacional! ¡Arrasó con la línea del Grupo López! —¡Señor López! ¡La señora ganó el campeonato mundial de diseño con inteligencia artificial! —¡Señor López! ¡La invitó el presidente de un país extranjero a una cena de Estado! Daniel se arrepintió hasta el dolor. Se arrodilló junto con su hijo y le suplicó que volviera: —Amor, te lo ruego, ámame una vez más. Si regresas, hago lo que sea… aunque sea convertirme en tu perro. Pero, del otro lado de la puerta, un hombre de belleza impecable, con un collar de cuero al cuello, se arrodilló sobre una rodilla. Enroscó una correa con diamantes en la palma de Valeria y la miró con una devoción desquiciada: —Mi dueña, desde hoy me someto solo a ti. Por favor, recíbeme.
Romance
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Él Eligió a Otra,  Yo Elegí a Su Hermano

Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano

El día que Sofía Mendoza perdió a su bebé, Diego Villarreal andaba festejando que su primer amor había vuelto al país. Tres años entregándose y acompañándolo, y para él no había sido más que tener una empleada doméstica en casa. A Sofía se le rompió el corazón y decidió de una vez por todas que se iba a divorciar. Todos sus conocidos sabían que Sofía era de esas mujeres pegajosas, de las que no te puedes quitar de encima fácilmente. —Te apuesto que en un día Sofía ya va a estar de vuelta, suplicando como siempre. Diego respondió: —¿Un día? Eso es demasiado, yo le doy máximo medio día. Desde el momento en que se divorció, Sofía se prometió no mirar atrás jamás. Se propuso a construir una nueva vida, a retomar la carrera profesional que había dejado de lado, y también a conocer personas nuevas. Fueron pasando los días y Diego ya no volvió a ver ni rastro de Sofía en la casa. De repente, él se llenó de pánico. En un evento empresarial, por fin, la vio, rodeada de un montón de gente. Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia ella. —¡Sofía! ¿Cuándo vas a dejar de hacer drama? Alejandro Montoya, el hermano de Diego, apareció de la nada, protegiéndola, lo empujó para quitárselo de encima y le habló con una frialdad que daba miedo. —No te atrevas a tocar a tu cuñada. Diego nunca había querido de verdad a Sofía, pero para cuando se dio cuenta de que sí la amaba, ya no había espacio para él en la vida de ella.
Romance
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El Precio de la Traición

El Precio de la Traición

Estaba a punto de dar a luz cuando Liana, la ex de mi esposo, llegó a nuestra casa con la excusa de que solo se quedaría unos días. Cada vez que me veía, se llevaba la mano al pecho, como si el solo hecho de verme embarazada la hiciera sufrir. Bruno, mi esposo, estaba convencido de que yo estaba provocándola a propósito, solo por tener la barriga enorme. —Lia no se siente bien, no puede tener hijos. ¡Y tú sigues paseándote así, como si nada! ¡Se nota que necesitas una lección para que aprendas! Dicho esto, mandó que me encerraran en el viejo ático que llevaba años sin usarse, y ordenó que nadie me subiera comida. Lloré y le rogué que me dejara salir. Le expliqué que la última ecografía mostraba que los gemelos eran enormes, que el doctor había dicho que debía ir al hospital de inmediato. Pero, para él, eso fue como si le contara un chiste sin gracia. —Todavía faltan tres días. No me vengas con cuentos —me respondió sin una sola gota de compasión—. ¡Ve al ático y ponte a pensar en lo que hiciste! ¡Pagarás por estar molestando a Lia! Las contracciones eran tan brutales que, arañando la madera podrida, acabé arrancándome las uñas. Gritaba tan fuerte que me dolía la garganta, pero nadie acudió en mi auxilio. La sangre me cubría el cuerpo y empapaba todo el suelo. Uno de los bebés ya había salido, pero el otro se quedó atrapado en mi vientre, atorado en un baño de sangre. Tres días después, Bruno estaba sentado, tomando sopa y, como si nada, dijo: —Que Michelle me sirva más sopa y le pida perdón a Lia. Si lo hace, la llevaremos al hospital para que tenga a los niños. Nadie dijo nada. Porque la sangre que bajaba desde el ático ya había llegado hasta el segundo escalón.
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O Nascimento que Derrubou o Chefe

O Nascimento que Derrubou o Chefe

Com nove meses de gravidez, eu estava na reta final do meu termo, pronta para dar à luz a qualquer momento. Mas meu marido, Vito Falcone, subchefe da família, havia me trancado. Ele me mantinha em uma sala médica subterrânea e estéril, injetando-me um medicamento que suprimia o trabalho de parto. Enquanto eu gritava de dor, ele friamente me dizia para aguentar. Porque se esperava que a viúva de seu irmão, Scarlett, entrasse em trabalho de parto exatamente na mesma hora. Um juramento que ele fizera ao seu irmão falecido declarava que o primogênito herdaria o lucrativo território da família na Costa Oeste. — Essa herança pertence ao filho de Scarlett. — Disse ele. — Com Daemon morto, ela está sozinha e desamparada. Você tem meu amor, Alessia. Todo ele. Só preciso que ela dê à luz em segurança. Depois será a sua vez. — Continuou. A droga era um tormento constante. Implorei para que ele me levasse a um hospital. Ele me agarrou pelo pescoço, forçando-me a encarar seu olhar gelado. — Pare isso! Eu sei que você está bem. Está apenas tentando roubar a herança. — Disse, com voz cortante. Meu rosto estava pálido. O corpo convulsionava enquanto eu conseguia sussurrar, desesperada: — Não me importo com a herança. Eu só quero que nosso filho nasça em segurança! Ele zombou. — Se você realmente fosse tão inocente, não teria forçado Scarlett a assinar aquele acordo pré-nupcial, renunciando aos direitos de herança do filho dela. — Disse. — Não se preocupe, voltarei para você depois que ela der à luz. Afinal, você carrega minha própria carne e sangue. — Completou. Ele passou a noite inteira em vigília do lado de fora da sala de parto de Scarlett. Só depois de ver o recém-nascido em seus braços é que ele se lembrou de mim. Finalmente, enviou seu segundo em comando, Marco, para me libertar. Mas quando Marco finalmente ligou, sua voz estava trêmula: — Chefe… a senhora e o bebê… se foram. Naquele momento, Vito Falcone se despedaçou por dentro.
Histoires courtes · Máfia
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Renascida: A Vingança do Casamento

Renascida: A Vingança do Casamento

Quando a família Costa estava à beira da falência, os pais de Daniel Costa vieram implorar por um casamento arranjado. Meu pai, com pena de mim por ter amado Daniel durante dez anos, investiu bilhões para salvar a família Costa e me casou com ele. Na noite de núpcias, Daniel cobriu meus olhos com um véu vermelho e me tomou repetidamente na cama, sem piedade. Um mês depois, cheia de alegria, eu fui até ele com o teste de gravidez nas mãos, mas acabei ouvindo uma conversa entre ele e seus amigos no bar: — Vocês acham que o filho que a Iolanda Moreira está esperando é de qual homem, depois de ser fodida por mais de dez caras? Um dos amigos caiu na gargalhada: — Mestre Daniel, eu só fui três vezes. Não pode ser meu, né? — Eu aposto no Leo! — Outro disse. — Ele é insano na cama. Naquela noite, ele fez a Iolanda gritar de loucura. Aposto dez mil que é dele! Foi aí que eu entendi. Naquela noite de núpcias, quem tinha feito sexo comigo tantas vezes não era Daniel, mas seus mais de dez amigos. Desesperada, eu invadi o bar e o confrontei. Daniel, sem um pingo de remorso, respondeu: — Está chorando por quê? Se a sua família não tivesse usado a injeção de capital para me chantagear, forçando a Rebeca a ir embora, eu nunca teria feito isso com você. Vou te dizer uma coisa: no dia em que a Rebeca me perdoar, eu te deixo em paz. Arrasada, eu pedi o divórcio. Mas Daniel me ameaçou com o vídeo daquela noite em que eu fui abusada por seus amigos e me trancou no porão: — Não tenha pressa de ir embora. Eu e meus amigos ainda estamos apostando quem é o pai dessa criança que você está esperando! Oito meses depois, eu dei à luz no porão e morri junto com o bebê. Quando abri os olhos novamente, percebi que havia voltado no tempo, para o dia em que a família Costa implorava ao meu pai por uma injeção de capital e um casamento arranjado. Desta vez, no dia do meu casamento, foi Daniel quem chorou até os olhos ficarem vermelhos.
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