Traición antes de la boda
Tres días antes de la boda, mi mundo se hizo añicos.
Nunca imaginé que la traición tendría el rostro del hombre que juró protegerme… y el de la mujer a la que consideraba mi mejor amiga.
La puerta del despacho de Romeo Novales estaba entreabierta. Bastó un segundo para verlo todo: Nerea Santos, acomodada sobre sus piernas como si le perteneciera, y acariciando su barbilla con una familiaridad que me quemó por dentro.
—Nerea… ya te lo advertí —su voz era baja, peligrosa—. Carolina no puede saber nada de esto.
Él detuvo sus dedos, pero ella solo sonrió, lenta, segura de sí misma. Tomó su mano y besó sus dedos como si sellara un pacto oscuro.
—Lo sé —murmuró con despreocupación—. Si quieres dominar los puertos, tienes que casarte con ella. Es un sacrificio necesario… lo entiendo.
Sentí cómo el aire abandonaba mis pulmones.
No debía estar allí. No debía escuchar aquello. Pero lo hice.
Y me dolió.
Retrocedí en silencio, huyendo como una cobarde mientras el eco de sus palabras se clavaba en mi pecho. Cuando por fin estuve lejos, las lágrimas cayeron sin control, arrastrando consigo los últimos restos de mi ingenuidad.
Tres años.
Tres malditos años creyendo en sus caricias, en sus promesas, en ese amor que ahora entendía que nunca fue mío. Todo había sido un juego… una estrategia más dentro de ese mundo sucio de alianzas y poder en el que nací.
Mi futuro, mis sueños, mi vestido blanco… todo se desvaneció en un instante.
Con las manos temblorosas, marqué el número de mi padre.
—Papá… Haré lo que sea necesario. Cancelaré la alianza con los Novales.
—Volveré a Sicilia en tres días. Estoy lista para cumplir con mi destino.