El íncubo a mi servicio: la tentación prohibida
Compré en línea a un íncubo atractivo, uno de esos que vienen con esa distancia que seduce.
Pero respiraba tan fuerte, con un jadeo grave atorado en la garganta, y me observaba sin parpadear.
Su temperatura era tan alta que, al rozarme, sentía que podía quemarme.
Pensé que quizá estaba enfermo y corrí a contactar a Soporte al Cliente.
—¿Podrían ayudarme? Mi íncubo respira muy pesado, está muy caliente y no deja de mirarme…
Después de escuchar mi explicación, cayó un silencio incómodo al otro lado.
—Señorita… ¿no será que no está enfermo, sino hambriento?
—Y lo que quiere no es medicina, sino besarla o… algo más.