Muerta para Él, Libre para Mí
Cuando descubrí que estaba embarazada, Miguel Michaus gastó una fortuna en contratar a un médico de renombre para que me prescribiera medicamentos para proteger al bebé.
Él, que jamás fue creyente, se arrodilló en una iglesia durante horas, rogando que yo pudiera dar a luz sana y salva.
—Amor, has sufrido mucho. Cuando nazca el bebé, te lo voy a compensar como te lo mereces.
Ese mismo día, por accidente, contesté una llamada en su lugar.
—Señor Michaus, tal como indicó, a los medicamentos de la señora ya se les añadió el fármaco esterilizante. Cuando llegue el momento, el bebé nacerá sin vida. En cambio, el hijo de la señorita López está perfectamente sano; nacerá sin complicaciones y se convertirá en el heredero del Grupo Michaus. La señora Santerbás no notará nada, ni se dará cuenta; no se verá afectada su relación con usted. Esté tranquilo.
Bajé la mirada hacia mi vientre abultado. Jamás imaginé que su amor fuera tan falso.
Así que ya no tenía nada que me retuviera.
Firmé los papeles del divorcio y elegí marcharme.