Consolación desechada: casándome con otro
Desde pequeña siempre fui de buen comer y me cuidaron mucho, así que crecí más rápido que las demás chicas de mi edad.
A los dieciocho, mi hermano Santiago, muy sobreprotector, temió que algún hombre se aprovechara de mí y le pidió a su mejor amigo que me cuidara.
Pero en nuestro primer encuentro, Vicente no pudo apartar la mirada de mí, y al final me hizo suya una y otra vez.
Desde entonces, de día era mi jefe y de noche, yo era su asistente personal.
Cuatro años enteros de relación secreta, convirtiéndome en la versión que él deseaba.
Después, su ex prometida regresó al país y él se levantó de mi cama para correr al aeropuerto a recibirla.
A pesar de la vergüenza, lo seguí.
Apenas una hora antes, esa misma mano, con las marcas de mis dientes, me tapaba la boca.
Ahora, frente a mí, acariciaba con ternura el cabello de otra mujer:
—Isabella, hace cuatro años fuiste tú la que se me metió en la cama cuando estaba borracho. ¿Y ahora vienes a armarme este escándalo? No tiene ningún sentido.