로그인Si tú y el primer amor de tu esposo sufren un accidente al mismo tiempo, ¿a quién rescataría él? Alejandro García alzó a su primer amor en brazos y se marchó. La vida se desvaneció: el hijo se había perdido y, con él, murió por dentro Sofía Herrera. Un acuerdo le había dado a Sofía la oportunidad de casarse con el hombre al que más quería. Todos sabían que había conseguido ese matrimonio luego de romper la relación entre Alejandro y su primer amor. Todo para quedárselo. Ella creyó que el tiempo lo haría valorarla, que eventualmente llegaría el momento en que él la mirara de verdad. Hasta el día en que tuvo que enterrar con sus propias manos los restos del bebé de tres meses que nunca llegó a nacer. Fue entonces cuando finalmente abrió los ojos. —Divorciémonos. Un acuerdo sencillo, para quedar a mano. Tres meses más tarde, bajo las luces brillantes y entre el murmullo de la multitud, ella subió al escenario a recibir un reconocimiento. Él la miró con sorpresa por algunos segundos antes de voltearse hacia los presentes con calma y decir: —Así es, ella es mi esposa. —¿Esposa? Sofía dibujó una sonrisa en sus labios mientras le pasaba el acuerdo de divorcio. —Disculpe, señor García, ahora soy su exesposa. Ese hombre siempre tan sereno y frío perdió el control en ese instante. Con los ojos inyectados en sangre y la voz quebrada, gritó: —¿Exesposa? ¡Yo jamás acepté eso!
더 보기Dicho eso, Sofía no esperó respuesta. Se dio la vuelta y salió.Afuera, la lluvia había amainado.Pero el cielo seguía siendo de una oscuridad aterradora, con apenas un hilo de luz lunar.Sofía no tenía adónde ir. No se atrevía a alejarse demasiado, pero tampoco quería volver adentro.Las palabras de Andrés la habían enojado. Cuando dijo todo aquello, lo había hecho con rabia, con una indignación que le quemaba por dentro.Pero al pensarlo con más calma, de pronto ya no supo bien por qué estaba enojada.En su lugar, ella habría tomado la misma decisión.De hecho, antes lo había hecho.¿Habría sentido Andrés entonces lo mismo que ella ahora?Con ese pensamiento, la rabia se le fue sola.Pero el enojo se había ido y el problema seguía ahí, tan real como antes. ¿Qué iban a hacer? Si decidían moverse, ¿por dónde?Sofía caminaba de un lado a otro.En medio de esa angustia, su mirada cayó sobre los árboles frondosos frente a ella y las enredaderas densas al pie del cerro. Un pensamiento le c
Por suerte estaban en plena selva: había frutas silvestres cerca, un lago, y por las noches Sofía colocaba hojas grandes bajo los árboles para recoger el rocío y tener algo que beber. Las condiciones de supervivencia no eran del todo malas.Lo que no había era antiinflamatorios ni antifebriles. Solo podía bajarle la fiebre a Andrés con agua fría.La luz del fuego iluminaba la palidez de él.Andrés tenía los ojos cerrados. Sofía no sabía si dormía de verdad.Para combatir la ansiedad y el miedo, estos días no habían hecho más que hablar. De las travesuras de la infancia y las reflexiones de la adultez, de la comida y los colores favoritos, de la bolsa de valores, de sus visiones sobre el rumbo actual del mundo empresarial. En dos o tres días habían conversado más que en un mes entero.En ese momento, al verlo dormido, Sofía le tanteó la frente con cuidado. El paño ya estaba tibio. Lo retiró y se dispuso a ir a empaparlo con agua fría.—Está lloviendo afuera. —Escuchó la voz ronca de And
La lluvia no daba tregua. Alejandro llevaba la linterna entre los dientes, aferrándose a las enredaderas del acantilado para encontrar puntos de apoyo y descender lentamente.La visibilidad empeoraba por momentos. Cerró los ojos con fuerza hasta que su visión se estabilizó un poco.Se detuvo y alumbró con la linterna. A poca distancia, aquella pequeña cosa, fuera lo que fuera, volvió a destellar.Menos mal. La lluvia no se la había llevado.Alejandro exhaló.Aunque ya no estaba tan lejos como antes, seguía sin poder distinguir qué era. Pero tenía pinta de ser metal.Descansó unos segundos, volvió a colocarse la linterna entre los dientes y continuó bajando.No sabía cuánto tiempo había pasado cuando por fin llegó a la altura de aquella cosa, aunque entre las enredaderas y el objeto había todavía una buena distancia. Le costó un buen rato encontrar, entre la visión borrosa, una piedra donde apoyarse.Con una mano aferrada a las enredaderas para no perder el equilibrio, estiró el brazo c
Algo le había pasado a Sofía.—Lo más importante ahora es encontrarla, aunque ella ya... —Alejandro hizo una pausa antes de continuar—: También hay que traerla de vuelta con dignidad, cuanto antes.Gabriel apretó el puño sin darse cuenta.Entendía perfectamente lo que Alejandro quería decir.Si Sofía seguía con vida, cuanto más tiempo pasara, más peligro corría. Y si ya había muerto, después de esta lluvia... aunque lograran encontrarla, probablemente no sería un panorama agradable.Alejandro le tendió la mano y dijo:—Dame el equipo de escalada y el localizador. Estuve aprendiendo escalada un tiempo.Quizás temiendo que dudara de él, Alejandro añadió:—Tenga o no sentimientos por Sofía, esto comenzó por mi culpa, y hasta Florencia quedó involucrada. Nadie quiere más que yo que esté viva.Si Sofía moría, aunque los García pudieran manejar la situación, seguiría siendo un problema para él y para Florencia.Gabriel apretó los dedos.En lo emocional, habría preferido no volver a ver a Ale






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