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CAPÍTULO 3: UN ROCE PELIGROSO

作者: Elimar
last update 公開日: 2026-10-21 11:35:16

El espacio entre los dos se redujo a nada. Sentía el borde del escritorio de cristal contra la espalda baja y, al mismo tiempo, el calor abrumador del cuerpo de Christopher. El pulso me martilleaba los oídos con tanta fuerza que temí que él pudiera oír el caos que su cercanía provocaba.

En el borde de mi visión, el temporizador del Sistema parpadeaba en rojo desesperado: [02 segundos... 01 segundo...]

No lo pensé más. Cerré los ojos, estiré el cuello y avancé hacia su mejilla para cumplir la misión. Si fallaba, perdería cinco días de reserva, y no pensaba regalarle ni uno a mi jefe invisible.

La desconfianza de Christopher fue más rápida que su deseo. Notó mi movimiento repentino y giró la cabeza con brusquedad para esquivar lo que, supuse, tomó por una trampa o un intento de alcanzar su cuello.

Los dos calculamos mal. En lugar de la piel dura de su mejilla, mis labios chocaron de lleno con la comisura de su boca.

Fue un contacto breve, pero tan eléctrico y cargado de fricción inesperada que ambos nos congelamos. La suavidad de mis labios contrastó con la línea rígida de los suyos. El aroma a menta y peligro que emanaba de él me inundó los sentidos. Christopher se tensó y abrió los ojos grises con una sorpresa genuina que jamás mostraba al mundo.

Él no me quería; para él, yo seguía siendo la mujer fastidiosa de la que ansiaba deshacerse. Sin embargo, su cuerpo no obedeció a su mente. En lugar de apartarme, la mano que me sujetaba la barbilla subió con brusquedad hasta mi nuca, se hundió en mi cabello y me atrapó contra su boca durante tres segundos eternos.

No fue un beso tierno. Fue un roce hambriento y rudo, cargado de la adrenalina del atentado y del deseo reprimido que había nacido en el auto. Presionó la comisura de sus labios contra los míos y me arrancó un gemido leve.

[¡BEEP!

La campanilla electrónica resonó en mi mente.

[Misión Diaria completada. Contacto físico detectado en zona limítrofe aprobada (comisura labial). Recompensa: +3 días de reserva de vida. Nivel de sospecha del Objetivo Principal: 85 %.]

Christopher me soltó de golpe y dio un paso atrás. Respiraba con pesadez, tenía los labios húmedos y los ojos le brillaban con furia salvaje. Parecía furioso consigo mismo por haber reaccionado así ante una mujer a la que se suponía que despreciaba.

—¿Te has vuelto completamente loca, Elena? —Su voz bajó que vibró en el aire del despacho—. Te advertí que no jugaras con tu vida en mi presencia. Si crees que usar tu cuerpo va a hacerme olvidar quién eres, estás muy equivocada.

Obligué a mis piernas a no temblar tras el impacto de aquel beso improvisado. Me alisé el vestido y le sostuve la mirada con fuego en los ojos, dejando salir a Camila Silva al cien por ciento.

—No intento que olvides nada, Christopher —respondí, forzando una sonrisa provocadora—. Y no le temo a tus amenazas. Me tienes viviendo en tu penthouse porque me tienes miedo. Miedo de lo que sientes cuando te toco.

Apretó los puños. La máscara de hielo regresó a su rostro, aunque sus ojos seguían clavados en mi boca.

—Eres un peligro para ti misma. —Caminó hacia su escritorio sin mirarme—. Tu supuesta obsesión está cruzando una línea que no voy a tolerar. Mis hombres ya revisaron el historial del teléfono de mi asistente. Encontraron el rastro del acceso fantasma que mencionaste, pero hay algo que no cuadra.

Tragué saliva y sentí que la cuerda volvía a tensarse.

—¿Qué cosa? —pregunté, intentando sonar firme.

—El hackeo se hizo desde una terminal con cifrado de grado militar. —Se giró despacio y apoyó el peso en el escritorio—. Una heredera que se pasa las tardes gastando dinero en tiendas de diseño no tiene ni los conocimientos ni los contactos para acceder a esas herramientas. Ni el hacker más caro habría dejado una firma tan limpia.

Tenía que contraatacar, y la mejor arma era su propio ego.

—Te sobreestimas, Christopher, y subestimas lo que puede hacer una mujer desesperada por mantener con vida al hombre que desea —repliqué, dando un paso al frente—. Pasé noches enteras en foros ocultos buscando cómo entrar en tu red. Si el código parece militar, es porque pagué lo suficiente. ¿O prefieres creer que soy una agente secreta antes que aceptar que te tengo bajo control las veinticuatro horas del día?

Me miró de arriba abajo. El desprecio seguía ahí, pero ahora lo teñía una fascinación oscura. Esta versión de mí no lloraba ni suplicaba: lo desafiaba con una inteligencia y una sensualidad que, pensé, empezaban a desarmarlo.

—No me importan tus métodos, Elena, pero desde este instante tu libertad se terminó —sentenció con frialdad absoluta—. Te quedarás en este penthouse bajo mi supervisión directa. Si eres la mujer obsesionada que dices ser, disfrutarás la convivencia. Si eres la espía que sospecho, cometerás un error. Y en ese momento, yo mismo me encargaré de destruirte.

—Me parece un trato excelente, futuro esposo —provoqué

Sus ojos se entrecerraron con fastidio, pero antes de que pudiera responder, alguien llamó a la puerta con un golpe firme. Su jefe de seguridad entró con un reporte impreso.

—Señor Valerius, lamento interrumpir —dijo el guardia, mirándome con desconfianza—. El servidor fantasma que hackeó el itinerario de su asistente acaba de reactivarse. Están enviando un mensaje directo a su línea privada.

Christopher se giró hacia la computadora. Yo retrocedí un paso, sintiendo que el aire volvía a cargarse de peligro. La pantalla parpadeó y un texto en letras blancas apareció sobre fondo negro:

«El coche del hospital fue solo el calentamiento, Valerius. Tienes una rata muy cerca. Si quieres saber quién pagó por tu cabeza, búscanos esta noche en el club nocturno Ópalo. Ven solo, o la próxima bomba estallará en tu propio penthouse.»

El despacho quedó en un silencio sepulcral. Christopher leyó el mensaje y luego clavó sus ojos helados en mí. La sospecha y un deseo peligroso se mezclaron en su rostro.

—Qué coincidencia tan oportuna —susurró, rodeando el escritorio hacia mí—. Me besas para distraerme y, un minuto después, llegan las amenazas.

Retrocedí hasta topar con la puerta. El Sistema volvió a parpadear en mi mente con letras amarillas.

[¡ALERTA DE SUBMISIÓN! El Objetivo Principal corre peligro mortal si acude solo al club Ópalo. Misión secundaria: asegure su lugar en el vehículo de Christopher Valerius esta noche. Recompensa: desbloqueo de la tienda de habilidades. Penalización por no asistir: −50 % de su reserva de vida actual.]

Miré a Christopher y comprendí el dilema. Si él iba solo, el Sistema me restaría la mitad de mi vida; si lo obligaba a llevarme, entraría en la boca del lobo junto a un hombre que me deseaba y desconfiaba de mí a partes iguales.

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