Share

Capítulo 5

Author: Flamenca
Isabella no volvió a Villa Los Olivos.

Después de salir del bufete, tomó un taxi y regresó al viejo edificio del barrio San Miguel, el lugar donde había vivido antes de volver a cruzar esa puerta junto a Gabriel.

Esta vez ni siquiera se había molestado en preparar una maleta.

¿Para qué hacerlo?

Entre Gabriel y ella ya no existía una vida de matrimonio. No había cenas juntos, conversaciones al despertar ni planes para el futuro. Solo quedaba aquel acuerdo absurdo que los mantenía unidos y las noches en las que él aparecía para cumplir su parte del trato.

Cuando abrió la puerta de aquella casa conocida, una sensación de agotamiento cayó finalmente sobre ella.

Solo entonces se permitió respirar.

Durante todo el camino había estado conteniendo algo que ni siquiera sabía cómo describir.

Pero la calma duró muy poco.

En cuanto estuvo sola, la realidad volvió a golpearla.

Thiago.

Su hermano seguía esperando una oportunidad que cada vez parecía más lejana.

Y ahora que había roto con Gabriel, ¿a quién podía acudir?

Isabella ya había intentado contactar con todos los abogados reconocidos de Puerto Azul. Sin embargo, nadie estaba dispuesto a enfrentarse a la familia Herrera.

No importaba cuánto dinero ofreciera ni cuánto suplicara.

Todos conocían el poder de esa familia.

Nadie quería convertirse en su enemigo.

No le quedaba otra opción que buscar ayuda fuera de la ciudad.

Encendió el ordenador y comenzó a contactar con abogados de otras ciudades. Uno tras otro, recibió la misma respuesta.

Rechazo.

Isabella permaneció frente a la pantalla durante largo rato, hasta que una sonrisa amarga apareció en sus labios.

¿De verdad tendría que volver con Gabriel?

¿Tendría que aceptar que Valentina llevara el caso de Thiago?

Solo pensarlo le provocaba una sensación de rechazo.

No podía confiar en Valentina.

Aquella mujer podía mostrarse amable y profesional delante de los demás, pero Isabella sabía que no arriesgaría nada por su hermano. Para ella, el caso de Thiago no era más que una oportunidad para demostrar su capacidad y ganar reconocimiento en una nueva rama del derecho.

Y Gabriel...

Gabriel tampoco estaba intentando salvar a Thiago por ella.

Si realmente le importara su hermano, no habría entregado su caso a alguien sin experiencia penal.

Al final, los dos estaban utilizando la desesperación de Isabella.

Pensar en eso le provocó un dolor sordo en el pecho.

Años atrás, ella también había tenido sus propios sueños.

Cuando decidió cambiarse a Derecho para acercarse a Gabriel, no lo hizo únicamente por amor. También se esforzó por demostrar que podía estar a su altura.

Había estudiado más que nadie.

Había pasado noches enteras leyendo casos y preparándose para los exámenes.

Y al graduarse, consiguió entrar entre los diez mejores estudiantes de su promoción.

Por eso el profesor Lorenzo Salazar, una de las mayores autoridades en derecho penal de Puerto Azul, la invitó personalmente a formar parte de su equipo.

Era una oportunidad que muchos estudiantes habrían deseado.

Pero cuando Gabriel se enteró, la convenció.

En aquel entonces, su voz todavía tenía la capacidad de hacerla abandonar cualquier duda.

—Isabella, ser abogada es demasiado agotador. Además, siempre he sabido que esa profesión no es realmente lo que quieres. ¿Por qué no te casas conmigo y disfrutas de la vida? Puedes quedarte en casa, cuidar tus flores, salir con tus amigas, tomar el té... Yo me encargaré de que seas feliz.

Ella le creyó.

Al día siguiente rechazó la oferta del profesor Salazar.

Incluso él había suspirado con pesar al escuchar su decisión.

—Isabella, tienes un talento excepcional para el derecho penal. Es una pena que renuncies a tu futuro por un hombre.

Y ella, en aquel momento, había respondido sin la menor duda:

—Profesor, Gabriel me ama. Nunca me arrepentiré de haber elegido estar con él.

Pero ahora...

Ahora sí se arrepentía.

Si hubiera aceptado aquella oportunidad, quizá hoy no sería inferior a Valentina.

Quizá tendría la experiencia y la reputación necesarias para enfrentarse a los Herrera sin tener que arrodillarse ante Gabriel.

Quizá él nunca habría podido mirarla con desprecio y decirle que era una mujer inmadura que dependía de otros.

Ese pensamiento hizo que Isabella cerrara los puños con fuerza.

Las uñas se le clavaron en la palma, pero apenas sintió dolor.

Después de tantos años, había perdido demasiadas cosas.

Su matrimonio.

Su familia.

Su hijo.

Y ahora incluso estaba a punto de perder la única persona que todavía quería proteger.

El profesor Salazar ya estaba retirado, pero seguía siendo una figura respetada dentro del derecho penal.

Tal vez él podía ayudarla.

Tal vez todavía existía una posibilidad.

Pero después de tantos años sin verlo...

Le resultaba difícil dar ese paso.

Le daba vergüenza admitir que había desperdiciado aquella oportunidad.

***

Esa noche, justo cuando Isabella empezaba a quedarse dormida, el teléfono sonó de repente.

El ruido la arrancó del sueño de inmediato.

—Aquí habla el centro de detención. Thiago Navarro ha tenido un altercado y ha perdido mucha sangre. Lo hemos trasladado al Hospital Central. Necesitamos que un familiar venga cuanto antes.

En cuanto escuchó el nombre de su hermano, cualquier rastro de sueño desapareció.

—¿Thiago?

Isabella se levantó de la cama a toda prisa, agarró una chaqueta y salió corriendo de la casa sin siquiera molestarse en ponerse los zapatos.

Cuando llegó al hospital, Thiago ya había sido llevado a urgencias. Varios guardias permanecían vigilando la entrada y el ambiente era tan tenso que hasta el aire parecía cargado de una presión insoportable.

Pero Isabella no tenía tiempo para preocuparse por nada más.

Se acercó directamente al guardia.

—¿Cómo está mi hermano? ¿Está muy grave?

El hombre la miró de arriba abajo con una expresión de desprecio apenas disimulada.

—No se va a morir. Pero ese asesino no sabe comportarse. Siempre está metiéndose en problemas. Esta vez incluso dejó a otra persona gravemente herida. Con ese tipo de antecedentes, será mejor que no desperdicies tiempo buscando un abogado. Ya está condenado.

Las palabras cayeron sobre Isabella como un golpe.

¿Thiago había herido gravemente a alguien?

Era imposible.

Ella conocía demasiado bien a su hermano. Sí, Thiago era impulsivo y tenía un carácter fuerte, pero jamás había sido alguien capaz de atacar a otra persona sin motivo. Además, desde que estaba detenido, siempre había intentado ocultarle la gravedad de la situación para no preocuparla.

Solo había una explicación.

Alguien había intentado hacerle daño primero, y Thiago únicamente se había defendido.

Mientras intentaba ordenar sus pensamientos, una mujer apareció de repente frente a ella.

Sin darle siquiera tiempo para reaccionar, la agarró del cabello y empezó a golpearla con furia.

—¡Tú eres la hermana de ese desgraciado que dejó a mi marido así, ¿verdad?! ¡Te voy a matar!

Isabella intentó apartarla, pero la mujer había perdido completamente el control. Los golpes cayeron sobre ella uno tras otro, mientras los guardias que estaban cerca miraban hacia otro lado, como si nada estuviera ocurriendo.

—¡Suficiente!

Una voz masculina, firme y autoritaria, atravesó el caos.

Al segundo siguiente, alguien la apartó de aquella mujer y la protegió entre sus brazos.

Isabella percibió el fuerte olor a desinfectante y, al levantar la mirada, se encontró con un rostro que le resultaba extrañamente familiar. Sus facciones tenían cierto parecido con Gabriel.

—Esto es un hospital, no un lugar para montar un escándalo. Si continúa causando problemas, haré que la saquen de aquí.

La mujer retrocedió al ver que Isabella ya no estaba sola. Sin embargo, antes de marcharse, la señaló con una mirada llena de odio.

—Esto no va a quedar así. Ese asesino no saldrá ileso.

Isabella permaneció inmóvil durante unos segundos.

Tenía las manos heladas y el corazón latiéndole con fuerza.

No hacía falta pensar demasiado para entenderlo.

Alguien estaba intentando acabar con Thiago.

Y los Herrera no iban a detenerse hasta conseguirlo.

—¿Estás bien?

El hombre la ayudó a sentarse y le entregó un vaso de café caliente.

—Bebe un poco. Te ayudará a recuperar el calor.

Isabella lo miró con sorpresa.

Entonces lo reconoció.

Era Emiliano López, el hermanastro de Gabriel, tres años menor que él.

Habían sido compañeros de universidad y se conocían incluso antes de que ella hubiera conocido a Gabriel.

Sin embargo, después de casarse, poco a poco había perdido el contacto con Emiliano. Gabriel nunca había aceptado a su hermanastro y siempre había rechazado cualquier intento de acercamiento entre ellos.

Encontrarse con él en una situación tan lamentable hizo que Isabella se sintiera incómoda. Bajó ligeramente la mirada y respondió con una sonrisa forzada.

—Gracias.

Emiliano negó con suavidad.

—Me enteré de lo que pasó con tu hermano. Es una lástima no ser abogado; si pudiera ayudarte con el caso, lo haría.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

—Pero al menos mientras Thiago esté en este hospital, nadie volverá a tocarlo.

—Gracias.

Al escucharla responder una vez más con tanta distancia, Emiliano frunció ligeramente el ceño.

—No tienes que ser tan formal conmigo. Antes éramos amigos, y después incluso fuimos familia. Aunque ya no estés con Gabriel, para mí sigues siendo mi cuñada. Si necesitas algo, puedes contar conmigo.

A diferencia de Gabriel, que siempre había tratado a Emiliano como si fuera un extraño, él nunca había dejado de respetar a su hermanastro.

En el pasado, Isabella incluso había intentado acercarlos.

Pero cada vez que mencionaba a Emiliano o intentaba mediar entre ellos, Gabriel reaccionaba con una furia difícil de entender. Incluso llegó a acusarla de ponerse de parte de su hermanastro.

Ahora, mirando atrás, Isabella comprendía que Gabriel siempre había sido una persona complicada.

Solo que en aquel entonces lo amaba demasiado como para verlo con claridad.

—Isabella, ¿por qué estás descalza?

La pregunta de Emiliano la sacó de sus pensamientos.

Él bajó la mirada hacia sus pies desnudos y frunció el ceño.

—Quédate aquí. Voy a buscarte unos zapatos. No puedes seguir así; acabarás enfermándote.

Isabella quiso decirle que no era necesario, pero Emiliano ya se había alejado por el pasillo.

No tuvo más remedio que quedarse allí, frente a la puerta de urgencias, mirando fijamente la luz roja que permanecía encendida.

Thiago era lo único que le quedaba.

No podía perderlo.

Pasaron unos minutos antes de que unos pasos firmes resonaran por el pasillo.

Pensando que Emiliano había regresado con los zapatos, Isabella levantó la mirada con cierta esperanza.

Pero al girarse, se encontró con los ojos oscuros y fríos de Gabriel.

La expresión de su rostro cambió de inmediato. Sin darse cuenta, apartó la mirada.

No quería verlo.

Gabriel notó ese pequeño detalle.

Por un instante, los ojos de Isabella se habían iluminado al pensar que era otra persona. Pero en cuanto descubrió que era él, toda esa luz desapareció.

¿De verdad estaba esperando a alguien más?

Una sensación inexplicable le oprimió el pecho.

Se acercó en silencio y, sin decir una palabra, se quitó la chaqueta y la colocó sobre los hombros de Isabella.

—Isabella, esta vez dejaré pasar tu berrinche. Pero si vuelves a repetir algo así, el trato se terminará de verdad.

Ella pensó que solo había venido a burlarse de ella una vez más.

Sin ninguna expresión en el rostro, se quitó la chaqueta y la dejó caer al suelo.

Después levantó la mirada hacia él.

Había una frialdad en sus ojos que Gabriel no veía desde hacía mucho tiempo.

—Gabriel, ¿no estás cansado de seguir jugando conmigo?

Sus labios dibujaron una sonrisa amarga.

—Desde el principio ya habías decidido que Valentina llevaría el caso, ¿verdad?

Gabriel frunció el ceño con impaciencia, pero, por una vez, no la reprendió.

Su voz sonó más tranquila que antes, aunque seguía sin mostrar ninguna emoción.

—Isabella, compórtate. Esto es lo mejor para todos.

¿Comportarse?

Desde la primera reconciliación, eso era exactamente lo que había hecho.

Había contenido su carácter, había tragado cada humillación y había soportado todo en silencio por miedo a perderlo.

¿Y qué había recibido a cambio?

Nada.

La desesperación acumulada durante tantos días finalmente rompió la barrera que había construido.

—¡No quiero!

Su voz tembló por la rabia y la impotencia.

—¡Mi hermano está luchando por su vida y no voy a permitir que Valentina convierta su caso en una simple prueba para demostrar sus capacidades! ¡Si ustedes dos quieren buscar una oportunidad para demostrar algo, háganlo con otra persona!

Antes de que pudiera terminar, una voz conocida interrumpió la discusión.

—Isabella, las tiendas ya están cerradas. Te traje estos.

Ella se quedó en silencio.

Al girar la cabeza, vio a Emiliano acercándose desde el final del pasillo con unas zapatillas en la mano.

Al ver a Gabriel allí, sonrió con naturalidad.

—Gabriel, has venido.

Pero la expresión de Gabriel cambió en cuanto escuchó esas palabras.

Su mirada pasó de Emiliano a Isabella.

De repente, todo encajó en su mente.

Ella no estaba esperando que él apareciera.

Estaba esperando a Emiliano.

La frialdad en sus ojos se hizo aún más profunda.

Una sonrisa irónica apareció lentamente en sus labios.

—Ahora entiendo por qué de repente tienes tanto valor para desafiarme.

Miró a Emiliano con desprecio antes de volver la vista hacia Isabella.

—Parece que ya encontraste a alguien que te proteja.

Su voz estaba cargada de sarcasmo.

—Dime, Isabella... ¿de verdad crees que él puede ayudarte?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Abogado López, firma nuestro divorcio final   Capítulo 30

    Todo había sido culpa de él.Cuando Nicolás la acorraló contra la pared, la miró con una sonrisa cargada de desprecio y le dijo:—Siempre tuve curiosidad por saber qué se sentía estar con la mujer de Gabriel López. Antes te tenía tan vigilada que no encontraba ninguna oportunidad. Pero ahora que están divorciados, por fin puedo probarte.Si no hubiera sido por Gabriel, ella jamás habría tenido que soportar aquella humillación, y Thiago no estaría encerrado en un centro de detención.¿Y él todavía se atrevía a llamarla retorcida, celosa y una simple actriz?Isabella apretó los dientes, señaló a Valentina, que permanecía escondida detrás de Gabriel, y gritó llena de rabia:—¡Sí, soy celosa! ¡Soy retorcida! ¡Debí haberle dicho a Nicolás que la mujer que realmente te gusta es Valentina, para que fuera detrás de ella!La mirada de Gabriel se volvió todavía más fría.—Valentina no es tan despreciable como tú. No la metas en tu inmundicia.¿Qué?¿Ella era despreciable?¿Ahora que Nicolás la h

  • Abogado López, firma nuestro divorcio final   Capítulo 29

    Al notar que Isabella seguía decaída, Emiliano decidió llevarla a un restaurante nuevo que acababa de abrir cerca de allí.Pensó que una buena comida quizá podría ayudarla a sentirse mejor.Pero durante toda la cena, Isabella apenas probó unos cuantos bocados.Preocupado de que se quedara con hambre, Emiliano pidió a la cocina que prepararan algunos platos más para que pudiera llevárselos.Isabella quiso rechazarlo, pero sabía que era un gesto de amabilidad, así que no insistió y aceptó.Al salir del restaurante, Emiliano le entregó las bolsas.—Voy a traer el coche. Espérame aquí.Isabella asintió y se quedó junto a la entrada, en silencio.De pronto, una figura conocida salió corriendo entre la multitud.En la mano llevaba una botella con un líquido desconocido y se dirigía directamente hacia ella.Isabella apenas tuvo tiempo de reconocer a la mujer antes de que esta levantara la botella y le arrojara el contenido encima.El olor fuerte y penetrante le advirtió del peligro, pero ya e

  • Abogado López, firma nuestro divorcio final   Capítulo 28

    —Isabella, lo siento...Emiliano se dio cuenta de inmediato de que había sido demasiado brusco. Le pidió disculpas con cuidado.—Yo...—No importa.Isabella clavó las uñas en la palma de la mano y esbozó una sonrisa forzada.—Solo querías que no me rindiera. No tienes nada que disculpar.Durante seis años, para conservar a Gabriel, ella había renunciado a todo y se había obligado a ceder una y otra vez.¿Y qué había obtenido a cambio?Un amor roto y un matrimonio hecho pedazos.Ella también se despreciaba por haberse convertido en alguien tan débil.Emiliano giró el volante con sus dedos largos y recordó la primera vez que la había conocido.En aquel entonces, Isabella era una estudiante de primer año de danza.Una compañera de habitación estaba siendo acosada por un chico, y ella no dudó ni un segundo en ponerse delante de ella y darle una bofetada.—¿Ella te pidió que la ayudaras? ¿O te metiste tú solo? ¿Crees que por cargarle dos maletas ya tienes derecho a obligarla a salir a cenar

  • Abogado López, firma nuestro divorcio final   Capítulo 27

    La mirada de Gabriel cayó sobre la mano de Isabella, que todavía sostenía la de Emiliano. Sus ojos oscuros se volvieron helados, cargados de una amenaza apenas contenida.—Isabella, ¿es que ya ignoras por completo mis advertencias?Él se lo había dejado claro: tenía que mantenerse alejada de Emiliano.Y apenas él se daba la vuelta, ahí estaban otra vez, juntos.Una presión insoportable le apretó el pecho. Si no estuvieran en la casa del profesor Salazar, probablemente habría perdido el control en ese mismo instante.Al ver que la situación se tensaba, Valentina intervino rápidamente para calmarlo. Le tomó suavemente de la manga y habló con voz conciliadora:—Gabriel, no seas tan duro con ellos. Isabella solo vino a buscar al profesor por el asunto de su hermano. Además, fui yo quien le dijo que el profesor no se encontraba bien y no podía recibirlos. Por eso reaccionó así.—No la excuses.Aunque su tono seguía siendo frío, Gabriel bajó un poco la voz al mirarla.—Entra a ver al profeso

  • Abogado López, firma nuestro divorcio final   Capítulo 26

    Al verla, Gabriel se quedó inmóvil por un instante, pero rápidamente recuperó su habitual frialdad.—Sí.¿Sí? Respondió con tanta naturalidad y seguridad, como si aquello fuera lo más normal del mundo.Pero el corazón de Isabella se contrajo de golpe. Sintió como si hubiera caído en un abismo helado. Todo su cuerpo comenzó a temblar.En ese momento comprendió algo.El amor verdadero no encierra a una persona; la impulsa a brillar.Gabriel la había encerrado a ella, la había convertido en un simple accesorio, en una enredadera que solo podía aferrarse a él, hasta apagar por completo su propia luz.Pero a Valentina la había elevado. La había llevado hacia donde quería llegar y le había abierto el camino con todos sus recursos.Esa era la diferencia.Isabella lo miró con desesperación, buscando en sus ojos algún rastro de cariño, alguna señal de que todavía le importaba.Pero no encontró nada.Solo había indiferencia y frialdad.Él mismo le había cortado las alas para luego dedicarse a cu

  • Abogado López, firma nuestro divorcio final   Capítulo 25

    Thiago guardó silencio unos segundos antes de añadir:—Y aunque la gente termine creyendo la verdad, Isabella, una mujer que ha sufrido un abuso, se haya consumado o no, siempre queda expuesta al juicio público. Eso te afectará.Isabella lo miró fijamente. La duda en sus ojos fue reemplazada poco a poco por admiración.Con apenas dieciocho años, Thiago ya podía analizar la situación con tanta claridad. Sin duda, tenía el talento necesario para convertirse en abogado.—Thiago, sea yo tu abogada o no, esa presión pública seguirá existiendo sobre nosotros —dijo después de un momento de silencio, con una ligera sonrisa—. No me importa.Ya había escuchado esas palabras de boca de Sergio y los demás. Incluso Gabriel había dudado de ella.Ya no le importaba.Mientras Thiago estuviera bien, todo lo demás carecía de importancia.***A la mañana siguiente, a las diez, Isabella llegó a la casa del profesor Salazar acompañada de Emiliano y con un regalo en las manos.En realidad, estaba bastante n

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status