Antes, Isabella ni siquiera habría necesitado pedírselo.Si Thiago estaba en peligro, Gabriel habría movido todos sus contactos sin que ella tuviera que abrir la boca. En aquel entonces, proteger a su hermano era algo natural para él, igual que protegerla a ella.Cuando se casaron, no encontraron a ningún niño pequeño que pudiera llevar las argollas durante la ceremonia, así que fue Gabriel quien propuso que Thiago ocupara ese lugar.Ese día, su hermano apareció con un pequeño esmoquin blanco. Con las argollas en las manos, caminó hasta ellos y se las entregó a Gabriel con una expresión seria que no correspondía a su edad.—Gabriel, tienes que cuidar bien de mi hermana. Si algún día la haces sufrir, dejaré de admirarte.Gabriel soltó una carcajada, le revolvió el cabello y respondió con una sonrisa.—Tranquilo. Para mí, tu hermana es lo más importante del mundo. Aunque tenga que dar mi vida por ella, nunca la dejaré ir.—¡Más te vale!Después de decir eso, Thiago se lanzó a abrazarlo.
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