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Adiós, Compañero Destinado
Adiós, Compañero Destinado
Author: Regina Sole

Capítulo 1

Author: Regina Sole
Mi compañero destinado, Elias, me dio un pañuelo y me habló en tono despreocupado:

—Límpiate la cara. Eres tan frágil. No te comportas para nada como una loba. Ni siquiera aguantas una broma.

Mi hermana, Giulietta, se acercó con el celular en alto, me apuntó a la cara con la cámara y sonrió.

—Mamá, papá, miren esto. Liliana tiene la cara hecha un desastre. Tierra y lágrimas por todas partes. Está toda sucia.

A través del celular, se escucharon las voces de mis padres, llenas de asco.

—Liliana, ¿estuviste revolcándote en el suelo? ¿Cómo te ensuciaste tanto?

—Una loba que llora de esa manera. Debería darte vergüenza.

Me limpié la tierra de la cara con el pañuelo en silencio y no discutí. El autobús iba lleno. Lo único que pude hacer fue acurrucarme en un asiento roto, donde el ruido infernal me impidió dormir en toda la noche.

Al bajar del transporte, corrí todo el camino con la maleta para llegar a tiempo; me caí más veces de las que podía contar y terminé cubierta de polvo y moretones. Me cuesta sanar. Para los demás hombres lobo, heridas así no son nada, pero a mí me duelen durante mucho tiempo.

A nadie le importaba lo lamentable que me veía. Solo disfrutaban de mi pánico y mi desesperación. Siempre era así. En el examen de admisión, Giulietta me escondió el bolígrafo. No me lo devolvió hasta que estuve llorando a mares, y lo hizo entre risitas.

Cuando viajamos juntos, mis padres y Giulietta me cambiaron la identificación. Mi madre no sacó la verdadera hasta el último minuto antes de abordar, y no dejó de grabar en ningún momento.

Lo único que alguna vez había sido distinto era cómo me trataba mi compañero destinado, Elias.

Una vez, al enterarse de todo lo que yo había pasado, lloró hasta quedarse con los ojos rojos y me prometió que nadie volvería a meterse conmigo.

Incluso había perdido los estribos, algo raro en él, cuando Giulietta intentó pegarme una imagen de una cabeza de cerdo, y le ordenó que dejara de usarme para divertirse.

Pero el Elias que antes se ponía detrás de mí para protegerme esta vez estaba del lado de ellos. Abrió un paraguas y protegió a Giulietta del sol abrasador.

—Bueno, vamos. ¿No dijiste que por aquí había un lugar de postres que querías probar? Si no nos apuramos, va a cerrar.

El paraguas que llevaba en la mano se lo había regalado yo. En ese entonces, cuando apenas comenzábamos a salir en la universidad, él solía buscarme al terminar las clases todas las tardes. Así que le regalé un paraguas precioso y le dije que era solo para mí, que de ahí en adelante solo podía usarlo para darme sombra a mí.

Él aceptó encantado y me prometió que jamás lo compartiría con nadie más. Sin embargo, en ese instante, el paraguas protegía la cabeza de mi hermana, sin inclinarse ni un solo milímetro hacia mi lado.

Elias se dio la vuelta para irse, y yo lo agarré de la manga y no lo solté.

—No puedes irte así nada más. No puedo inscribirme. ¿Qué se supone que haga?

Me miró con impaciencia un instante, pero al notar mis ojos hinchados, suavizó el tono:

—No tengas miedo, Liliana. Ya lo averiguamos antes. Toma tus documentos y ve a ver a un posible asesor. Los tienes en el compartimento interior de tu maleta. Solo fue una broma, así que ya no te enojes. Giulietta y yo nos vamos al lugar de postres. Te traeré un pastel de fresa.

Me apartó la mano y se fue con ella. Sin decir nada, arrastré la maleta hacia el edificio administrativo y llamé a la puerta con los documentos en la mano. El coordinador de admisiones, apenas vio en qué estado venía, me hizo pasar enseguida para que me sentara.

—Cada año algunos estudiantes llegan tarde. No te preocupes, no va a afectar tu inscripción.

Hice un gesto afirmativo con los ojos irritados, sin poder hablar. El desprecio de mis padres, Elias y Giulietta alejándose de la mano, y la complicidad de todos ellos para humillarme eran imágenes que me consumían. Juntas, eran como un cuchillo que me abría una herida profunda en la garganta. El dolor me dejó muda, y hasta el calor de mi cuerpo parecía escaparse por la herida.

Desbloqueé el celular sin pensar y vi que mi hermana había hecho dos publicaciones.

La primera, de ayer, era una foto de ella y Elias en el avión, formando un corazón con los dedos. A esa hora, yo estaba acurrucada en un rincón del autobús, abrazada a mi maleta y en guardia ante las miradas hostiles que me rodeaban.

La segunda era de hacía apenas unos minutos y mostraba a Elias dándole pastel en la boca. Por un momento me quedé con la mente en blanco, y lo único que podía escuchar era a mi loba llorando. La voz del coordinador de admisiones me hizo reaccionar.

—La elección de asesor se realiza dos semanas después de que empieza el semestre. Muchos profesores de tu programa llevan estudiantes a hacer trabajo de campo, así que tal vez te convenga investigar tus opciones desde ahora.

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