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CAPÍTULO 78: De alta.

작가: Lisi
last update 게시일: 2026-09-11 17:47:51

El monitor emitía un zumbido rítmico y constante mientras el aparato de la ecografía se deslizaba con frialdad sobre el vientre de Clara. La doctora, con el ceño fruncido tras las gafas de montura fina, miraba fijamente la pantalla en blanco y negro donde las sombras parpadeaban con una precisión implacable.

Clara contuvo la respiración, con los dedos aferrados a los bordes de la camilla hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Recordaba la pistola, la sangre, el impacto de la bala en el
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  • Atrapada en las garras del mafioso   EPÍLOGO

    El rugido de los motores de la avioneta comenzó a apagarse a medida que descendíamos sobre la pista privada de la hacienda en Veracruz. El sol matutino apenas despuntaba en el horizonte, tiñendo el cielo con destellos dorados que iluminaban la vegetación verde y húmeda tras la tormenta de la noche anterior.Dentro de la cabina, el silencio ya no era tenso ni pesado. Era un silencio profundo pero tranquilo, el de quienes acaban de sobrevivir a la tormenta más grande de sus vidas y pisan tierra firme por primera vez en años.Leonardo no había soltado la mano de Clara en todo el trayecto. Sus dedos, gruesos y marcados por los meses de encierro, se mantenían entrelazados con los de ella. No dejaba de mirarla. La observaba vestida con su ropa táctica, con algunas manchas de hollín en la cara y esa expresión madura, firme y segura que jamás imaginó ver en la mujer que un día conoció por medio del miedo.—Aún me cuesta creer que esto no sea un sueño de esos que tenía en la celda —murmuró Leo

  • Atrapada en las garras del mafioso   CAPÍTULO 90: Rescate

    El pánico inicial duró menos de un segundo. En el mundo donde se movían, la vacilación mataba más rápido que una bala.—¡Nos desplegamos ya! —bramó Clara, con la voz firme, mientras se giraba hacia la mesa—. ¡Se acabaron los ensayos! ¡Gael, activa los pájaros! ¡Chacal, reúne a la gente y carguen las armas!El caos organizado se apoderó de la hacienda en cuestión de minutos. Los motores de los vehículos pesados rugieron en el patio trasero. La calma de casi un año desapareció para dar paso al olor a gasolina, pólvora y adrenalina. Clara subió a la habitación de León, besó la frente suave de su hijo, que dormía ajeno a la masacre que estaba por desatarse, y miró a Celia a los ojos.—Si algo sale mal... cuídalo —le pidió Clara en un susurro.—Saldrá bien, señora. Vaya por el patrón —respondió Celia, apretándole las manos con fuerza.Diez minutos después, dos avionetas bimotor despegaron desde una pista clandestina oculta entre los cañaverales de la finca, elevándose en la noche cerrada c

  • Atrapada en las garras del mafioso   CAPÍTULO 89: Cambio de planes

    Los nueve meses en la finca de Veracruz transcurrieron envueltos en una calma que Clara llevaba tiempo sin experimentar. Lejos del ruido de los medios, protegida por la lealtad inquebrantable de Celia, la protección de Gael y la atención constante de Sofía, Clara se dedicó en cuerpo y alma a la única misión que importaba: dar a luz a un niño sano. Cada día que pasaba, mientras su vientre crecía y el bebé pateaba, la determinación de Clara se hacía más fuerte.El día del parto llegó en una noche de tormenta tropical. En una habitación preparada con equipo médico de primera calidad, llevado discretamente a la propiedad, el llanto fuerte de un recién nacido rompió el murmullo de la lluvia. Era un varón. Un niño de ojos oscuros e intensos que parecía tener en la mirada la misma fuerza de su padre.Al cargarlo por primera vez contra su pecho, Clara no pudo contener las lágrimas, sintiendo el calor de esa pequeña criatura.—Se llama León... León Vega —susurró Clara con la voz entrecortada,

  • Atrapada en las garras del mafioso   CAPÍTULO 88: Refugio y hogar

    Las horas de la tarde pasaron volando en la tranquilidad de la hacienda, Clara se había quedado descansando en la habitación que Sofía le había preparado, permitiendo que el cansancio acumulado, miedo y pérdidas terminara por apagar ese estado de alerta constante que llevaba en la cabeza. Por primera vez en mucho tiempo, las sábanas limpias y el cerrojo en la puerta se sintieron como un respiro. Cuando el sol comenzó a ocultarse, tiñendo el cielo de Veracruz con tonos naranjas y púrpuras intensos, Clara bajó al comedor principal. El aroma a café recién hecho y comida casera la recibió al llegar a la larga mesa de madera donde ya la esperaban Gael y Sofía. —Vaya, por un momento pensé que dormirías hasta mañana —bromeó Sofía con una sonrisa cálida, señalándole una silla a su lado y sirviéndole un plato humeante. Clara devolvió el gesto con una sonrisa más sincera de lo que había mostrado en semanas. Se sentó, tomó aire y decidió que era momento de poner todo sobre la mesa de una vez

  • Atrapada en las garras del mafioso   CAPÍTULO 87: Su imperio le pertenece

    —No puede ser ¿Clara? —repitió Sofía con la voz quebrada, con las manos cubriéndose la boca y los ojos inundados de lágrimas que ya no intentaba contener.El impacto de verla descender de aquel jet privado como si fuera una tripulante más, con esa mirada fría pero indomable, las había dejado al borde del colapso emocional. En Veracruz, al igual que en el resto del mundo, la noticia de la condena de Leonardo Vega había corrido como la pólvora en los noticieros; su encierro en la prisión de máxima seguridad eran temas de conversación obligada en el bajo mundo. Pero de Clara no se sabía absolutamente nada. Tras aquella noche caótica, nadie habló de ella, por lo que tanto Gael como Sofía daban por hecho que había muerto.Sofía no aguantó más. Rompió filas, y corrió hacia ella para atraparla en un abrazo tan fuerte y desesperado que le cortó la respiración a ambas.—¡Estás viva... creímos que estabas muerta, creímos lo peor! —sollozó Sofía contra su hombro, aferrándose a ella con la fuerza

  • Atrapada en las garras del mafioso   CAPÍTULO 86: Azafata

    El comedor de la prisión de máxima seguridad era un lugar dominado por el miedo. Desde que Leonardo Vega se había ganado el control absoluto del bloque general, nadie se atrevía a cruzarle la mirada ni a elevar la voz en su presencia. Los líderes de los grupos rivales optaban por el silencio y la sumisión, dejándole días de aparente tranquilidad que para él no eran más que una pausa vacía, una calma tensa antes de que la violencia volviera a aparecer con más fuerza.Sentado en una mesa apartada, con su plato de comida intacto frente a él, Vega mantenía la vista fija en la pantalla de la televisión colgada en la esquina superior de la pared, donde los noticieros nocturnos transmitían las noticias habituales.De pronto, el locutor interrumpió la transmisión con una noticia de última hora. Las letras rojas aparecieron bajo el titular: Violento atentado en zona residencial; asesinado reconocido abogado.Vega entrecerró los ojos, sintiendo un escalofrío recorrerle la nuca.En pantalla apar

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