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CAPÍTULO 82: Sobre

Author: Lisi
last update publish date: 2026-09-19 23:50:46

La puerta de la prisión se cerró detrás de Clara con un golpe seco que pareció retumbarle dentro del pecho. Durante unos segundos permaneció inmóvil frente al enorme edificio, mirando las puertas por las que acababa de salir. Sabía que debía marcharse, pero sus piernas se negaban a obedecerle. Todavía podía escuchar su voz, aquella última declaración que había salido de sus labios cuando los guardias lo alejaban de ella.

—¡Los amo!

Y ella le había respondido que también lo amaban, aunque toda
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    Clara bajó las escaleras junto a Manuel sin hacer ruido, llevando la pequeña maleta en una mano y manteniendo la otra sobre su vientre. El edificio parecía exactamente igual que unos minutos antes: tranquilo, silencioso, ajeno a todo lo que acababa de ocurrir en el apartamento. Sin embargo, Clara ya no confiaba en esa calma superficial. Había aprendido demasiado sobre el peligro como para confundir la ausencia de ruido con seguridad.Al llegar al vestíbulo, Manuel se detuvo antes de abrir la puerta principal y observó discretamente a través del cristal. El automóvil negro continuaba estacionado frente al edificio, pero el vehículo gris ya había desaparecido. Aquello no lo tranquilizó; al contrario, su expresión se volvió aún más sombría.—El gris ya no está —murmuró.Clara se acercó lo suficiente para evaluar la situación sin exponerse. Al comprobar que el otro auto seguía bloqueando la vista, supo que salir por la puerta principal era una trampa.—Entonces no saldremos por ahí —respo

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    La puerta de la prisión se cerró detrás de Clara con un golpe seco que pareció retumbarle dentro del pecho. Durante unos segundos permaneció inmóvil frente al enorme edificio, mirando las puertas por las que acababa de salir. Sabía que debía marcharse, pero sus piernas se negaban a obedecerle. Todavía podía escuchar su voz, aquella última declaración que había salido de sus labios cuando los guardias lo alejaban de ella. —¡Los amo! Y ella le había respondido que también lo amaban, aunque todavía podía sentir el temblor en su propia voz cuando había pronunciado aquellas palabras. Ahora, de pie frente a la prisión, Clara bajó lentamente la mirada hacia su vientre y apoyó una mano sobre él. Allí estaba el secreto que había cambiado su vida y que, desde aquel momento, también podía convertirse en el arma perfecta para destruir a Leonardo. —Voy a sacarte de aquí —murmuró, acariciando suavemente su abdomen—. No sé cómo, pero voy a hacerlo. —Clara. La voz de Manuel hizo que levantara la

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    Manuel dejó caer un documento sobre la mesa frente a Clara, sin previo aviso.—Lo conseguí —dijo el abogado con tono tranquilo, pasando una mano cansada por su rostro surcado de arrugas—. Tienes luz verde para una visita especial. Autorizada para hoy mismo.Clara se levantó de un salto de la silla, con los ojos abiertos de par en par, una mezcla inmensa de sorpresa y una alegría desbordante iluminándole el rostro. ¡Iba a verlo!—¿De verdad? ¿Cómo carajos lograste esto, Manuel? —le preguntó, con una sonrisa incrédula mientras se acercaba al papel con desesperación—. ¿Qué milagro hiciste para conseguir una autorización así?Manuel desvió la mirada hacia la ventana, cruzándose de brazos con rigidez, sin compartir su entusiasmo.—No tuve opción, Clara. Estas personas no se mueven por buena voluntad ni por compasión. Tuve que tocar las puertas correctas, apelar a un juez de la vieja guardia que le debe favores a los antiguos manejos legales de la red de Leonardo. Pero ese hombre no iba a f

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    El juez desestimó la objeción de Manuel con un gesto de fastidio, evidentemente estaba comprado permitiendo que la fiscalía continuara con su ofensiva. El fiscal sonrió, sabiendo que tenía un comodín mucho más peligroso guardado bajo la manga, uno que no dependía de desertores comprados, sino de la propia mujer que se desangraba por defender al acusado.—La fiscalía llama al estrado a la señorita Clara Soria —anunció el fiscal con voz altisonante, clavando los ojos en la primera fila.El silencio en la sala se tornó espeso. Clara sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Miró de reojo a Manuel, quien le apretó levemente el antebrazo en un gesto de advertencia silenciosa, y luego miró a Leonardo. Desde el banquillo, Vega la fusilaba con la mirada, negando imperceptiblemente con la cabeza, suplicándole con los ojos oscuros que se negara, que saliera corriendo de ahí.Pero Clara se puso de pie. Caminó por el pasillo central con paso firme, ignorando el dolor punzante que le latí

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    Las bancas del tribunal ya estaban ocupadas por fiscales de trajes oscuros y agentes federales cuando Clara y Manuel tomaron asiento en la primera fila. Clara se aferraba al borde de la madera con los nudillos blancos, conteniendo el dolor y con los ojos clavados en la puerta lateral por donde debían ingresarlo.Un segundo después, los cerrojos sonaron y los guardias abrieron la puerta.Entró Leonardo Vega.Llevaba el overol naranja reclamentario y las muñecas encadenadas a una barra metálica. Su rostro era un mapa brutal de la violencia del penal: la ceja abierta, los pómulos amoratados, los labios partidos y los nudillos completamente destrozados por la paliza en el aislamiento. Venía encorvado por el peso de las cadenas, con la mirada dura, pero al levantar la vista y buscar el frente, sus ojos oscuros chocaron de inmediato con los de Clara.Al verlo en ese estado, a Clara se le rompió el alma y la furia estalló sin filtro. Se levantó de un salto de la banca, rompiendo todo protoco

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    El monitor emitía un zumbido rítmico y constante mientras el aparato de la ecografía se deslizaba con frialdad sobre el vientre de Clara. La doctora, con el ceño fruncido tras las gafas de montura fina, miraba fijamente la pantalla en blanco y negro donde las sombras parpadeaban con una precisión implacable.Clara contuvo la respiración, con los dedos aferrados a los bordes de la camilla hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Recordaba la pistola, la sangre, el impacto de la bala en el costado; todo aquello había ocurrido a centímetros de la vida que ahora latía dentro de ella.—El ritmo cardíaco está fuerte y estable —anunció la doctora de repente, con una nota de genuina sorpresa en la voz, señalando un punto parpadeante en el monitor—. Contra todo pronóstico médico, considerando el trauma de todo lo que vivieron, el feto está perfecto. No presenta daños secundarios. Está creciendo sin problemas.El aire salió de los pulmones de Clara en un suspiro tembloroso, un alivio tan

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