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capítulo 6

Author: Anto_2608
last update publish date: 2026-09-15 17:40:39

capítulo 6:

—Tú te callas, muchacho —dijo Sebastián con voz helada—. No estoy hablando contigo. Si de verdad quieres jugar al prometido héroe, te sugiero que aprendas primero a revisar la situación legal de la mujer con la que pretendes casarte antes de hacer el ridículo en una oficina pública.

—¡No le hables así! —gritó Yasmín poniéndose enfrente de Sebastián, interponiéndose entre los dos hombres—. Camilo es mil veces más hombre de lo que tú jamás serás. Y si piensas que me vas a tener atada a ti con este papelucho arruinado, estás muy equivocado. Exijo que firmes el divorcio ahora mismo. ¡Hoy mismo nos vamos con un abogado y le pones fin a esta locura!

Sebastián volvió a caminar hacia su sillón principal, rodeó el escritorio y se sentó con absoluta serenidad. Apoyó los codos sobre la madera pulida, entrelazó los dedos de las manos y miró a Yasmín con una expresión de triunfo absoluto, disfrutando visiblemente del colapso emocional de su esposa.

—No —dijo Sebastián secamente.

La palabra cayó como un bloque de cemento en la habitación.

—¿Qué... qué dijiste? —titubeó Yasmín, no pudiendo creer lo que acababa de escuchar.

—Dije que no, Yasmín. N-O —repitió él deletreándolo con infantil y cruel sarcasmo—. No voy a firmar absolutamente nada hoy. Ni mañana. Ni la próxima semana.

—¡Tú no puedes negarte! —exclamó ella dando un paso al frente, descompuesta—. ¡Es mi derecho! ¡Nos separamos hace tres años! ¡No tenemos una vida en común, no compartimos techo, no compartimos nada!

—Legalmente tenemos una vida en común —corrigió Sebastián disfrutando de cada palabra—. Ante la ley, eres la señora de Valderrama. Y mira qué coincidencia tan fascinante: eres mi esposa legal y al mismo tiempo eres una pasante en mi compañía con un contrato firmado que te obliga a trabajar bajo mis órdenes durante trescientos sesenta y cinco días completos, o pagar la módica suma de cincuenta mil dólares.

—¡Eres un monstruo! —chilló Yasmín con las lágrimas brotando sin control de sus ojos por la rabia acumulada—. ¡Eres un ser despreciable y vengativo! ¿Qué ganas con esto? ¿Qué pretendes reteniéndome así? ¡Tú no me amas! ¡Me odias tanto como yo te odio a ti!

—¿Ganar? Yo no gano nada, mi amor —respondió Sebastián clavándole una mirada penetrante, sin una sola pizca de piedad—. Pero me entretiene muchísimo ver cómo se te cae la máscara de mujer independiente y resuelta. Querías jugar a ser la profesional madura que regresa a la ciudad a triunfar, querías jugar a la novia feliz con tu amiguito Camilo... Pues bienvenido a la realidad. Aquí las reglas las pongo yo.

Apolo, que observaba la escena visiblemente incómodo por el nivel de agresión y drama desatado, intervino tratando de calmar las aguas.

—Sebastián, viejo... tal vez deberías reconsiderarlo. Si ya no están juntos desde hace años, no tiene sentido mantener esta situación tensa. Déjala firmar e irse, no nos conviene tener este tipo de escándalos en la empresa ahora que acabas de asumir la dirección.

—Tú no te metas en esto, Apolo —le ordenó Sebastián sin quitarle los ojos de encima a Yasmín—. Este es un asunto estrictamente matrimonial. Mi esposa y yo tenemos cuentas pendientes que arreglar antes de pensar en cualquier papel firmado.

—¡Yo no tengo nada que arreglar contigo! —gritó Yasmín haciendo ademán de abalanzarse sobre el escritorio, pero Camilo la tomó rápidamente del brazo para sostenerla.

—¡Yasmín, vámonos! —le suplicó Camilo al oído, viendo que la situación se salía completamente de control—. No saques nada bueno de seguir gritándole a este infeliz aquí. Vamos a buscar un abogado familiar ahora mismo y lo demandaremos por la vía civil. Un juez lo obligará a firmar te guste o no.

Sebastián soltó otra leve carcajada al escuchar la advertencia de Camilo.

—Buena suerte con eso, muchacho. Los juicios de divorcio contencioso en este país tardan entre dos y tres años cuando una de las partes se niega a ceder. Y les aseguro que mis abogados tienen los recursos y la paciencia necesaria para alargar ese proceso durante una década si me lo propongo. Mientras tanto, tu queridísima "prometida" seguirá siendo legalmente mi esposa.

Yasmín sentía que las paredes de la oficina se le venían encima. El aire le faltaba, el pecho le dolía de rabia y la humillación de verse acorralada de esa manera frente a Camilo y Apolo la consumía por dentro. Se zafó suavemente del agarre de Camilo, se limpió las lágrimas de las mejillas con la palma de la mano y dio un paso firme hacia adelante, encarando a Sebastián con la poca dignidad que le quedaba.

—Crees que has ganado, ¿verdad? —le dijo Yasmín con la voz temblorosa pero cargada de una amenaza latente—. Crees que porque me tienes atrapada con un contrato laboral y con un acta de matrimonio no anulada vas a poder pisotearme y divertirte a mi costa. Pero te juro por Dios, Sebastián, que te vas a arrepentir de esto. Voy a venir a esta oficina todos los días. Voy a cumplir mi contrato. Y te voy a recordar en cada segundo de tu miserable existencia el asco profundo que te tengo.

Sebastián sonrió con suficiencia, reclinándose en su sillón y haciendo un gesto displicente con la mano.

—Me parece perfecto, mi vida. Adoro cuando te pones dramática y combativa. Le da un toque muy interesante a la rutina de la empresa. Ahora, si no te molesta, retírate a tu puesto de trabajo. Tienes expedientes que archivar y tareas que cumplir. Recuerda que cada minuto que pasas gritándome aquí es un minuto que no estás produciendo para mi compañía.

—¡Nos vemos en el infierno, Sebastián! —le escupió Yasmín.

Se giró bruscamente, tomó a Camilo de la mano y caminó a pasos agigantados hacia la salida de la oficina. Al cruzar la puerta, la estampó con un estruendo brutal que resonó en todo el piso corporativo, dejando tras de sí una onda de choque de tensión pura.

En el interior del despacho, el silencio regresó lentamente. Apolo suspiró profundamente, sirviéndose un poco más de whisky en su vaso mientras miraba a su amigo con una mezcla de desaprobación y asombro.

—Sebastián... estás jugando con fuego —dijo Apolo negando con la cabeza—. Conozco esa mirada de Yasmín. No se va a quedar quieta. Te va a hacer la vida imposible aquí adentro. ¿De verdad vale la pena todo este circo solo por no darle el divorcio?

Sebastián no respondió de inmediato. Miró la puerta cerrada por donde ella acababa de desaparecer, mientras su sonrisa sarcástica se desvanecía lentamente, reemplazada por una expresión oscura, indescifrable y tensa.

—Vale cada maldito segundo, Apolo —murmuró Sebastián con la voz grave—. Ella creyó que podía borrarme de su vida así como así. Creyó que podía venir hoy a mi empresa y luego irse a casar con ese aparecido como si yo fuera un cero a la izquierda. Si quiere la guerra, se la voy a dar. Yasmín es mi esposa. Y no va a irse a ningún lado hasta que yo lo decida.

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