LOGINcapítulo 6:
—Tú te callas, muchacho —dijo Sebastián con voz helada—. No estoy hablando contigo. Si de verdad quieres jugar al prometido héroe, te sugiero que aprendas primero a revisar la situación legal de la mujer con la que pretendes casarte antes de hacer el ridículo en una oficina pública. —¡No le hables así! —gritó Yasmín poniéndose enfrente de Sebastián, interponiéndose entre los dos hombres—. Camilo es mil veces más hombre de lo que tú jamás serás. Y si piensas que me vas a tener atada a ti con este papelucho arruinado, estás muy equivocado. Exijo que firmes el divorcio ahora mismo. ¡Hoy mismo nos vamos con un abogado y le pones fin a esta locura! Sebastián volvió a caminar hacia su sillón principal, rodeó el escritorio y se sentó con absoluta serenidad. Apoyó los codos sobre la madera pulida, entrelazó los dedos de las manos y miró a Yasmín con una expresión de triunfo absoluto, disfrutando visiblemente del colapso emocional de su esposa. —No —dijo Sebastián secamente. La palabra cayó como un bloque de cemento en la habitación. —¿Qué... qué dijiste? —titubeó Yasmín, no pudiendo creer lo que acababa de escuchar. —Dije que no, Yasmín. N-O —repitió él deletreándolo con infantil y cruel sarcasmo—. No voy a firmar absolutamente nada hoy. Ni mañana. Ni la próxima semana. —¡Tú no puedes negarte! —exclamó ella dando un paso al frente, descompuesta—. ¡Es mi derecho! ¡Nos separamos hace tres años! ¡No tenemos una vida en común, no compartimos techo, no compartimos nada! —Legalmente tenemos una vida en común —corrigió Sebastián disfrutando de cada palabra—. Ante la ley, eres la señora de Valderrama. Y mira qué coincidencia tan fascinante: eres mi esposa legal y al mismo tiempo eres una pasante en mi compañía con un contrato firmado que te obliga a trabajar bajo mis órdenes durante trescientos sesenta y cinco días completos, o pagar la módica suma de cincuenta mil dólares. —¡Eres un monstruo! —chilló Yasmín con las lágrimas brotando sin control de sus ojos por la rabia acumulada—. ¡Eres un ser despreciable y vengativo! ¿Qué ganas con esto? ¿Qué pretendes reteniéndome así? ¡Tú no me amas! ¡Me odias tanto como yo te odio a ti! —¿Ganar? Yo no gano nada, mi amor —respondió Sebastián clavándole una mirada penetrante, sin una sola pizca de piedad—. Pero me entretiene muchísimo ver cómo se te cae la máscara de mujer independiente y resuelta. Querías jugar a ser la profesional madura que regresa a la ciudad a triunfar, querías jugar a la novia feliz con tu amiguito Camilo... Pues bienvenido a la realidad. Aquí las reglas las pongo yo. Apolo, que observaba la escena visiblemente incómodo por el nivel de agresión y drama desatado, intervino tratando de calmar las aguas. —Sebastián, viejo... tal vez deberías reconsiderarlo. Si ya no están juntos desde hace años, no tiene sentido mantener esta situación tensa. Déjala firmar e irse, no nos conviene tener este tipo de escándalos en la empresa ahora que acabas de asumir la dirección. —Tú no te metas en esto, Apolo —le ordenó Sebastián sin quitarle los ojos de encima a Yasmín—. Este es un asunto estrictamente matrimonial. Mi esposa y yo tenemos cuentas pendientes que arreglar antes de pensar en cualquier papel firmado. —¡Yo no tengo nada que arreglar contigo! —gritó Yasmín haciendo ademán de abalanzarse sobre el escritorio, pero Camilo la tomó rápidamente del brazo para sostenerla. —¡Yasmín, vámonos! —le suplicó Camilo al oído, viendo que la situación se salía completamente de control—. No saques nada bueno de seguir gritándole a este infeliz aquí. Vamos a buscar un abogado familiar ahora mismo y lo demandaremos por la vía civil. Un juez lo obligará a firmar te guste o no. Sebastián soltó otra leve carcajada al escuchar la advertencia de Camilo. —Buena suerte con eso, muchacho. Los juicios de divorcio contencioso en este país tardan entre dos y tres años cuando una de las partes se niega a ceder. Y les aseguro que mis abogados tienen los recursos y la paciencia necesaria para alargar ese proceso durante una década si me lo propongo. Mientras tanto, tu queridísima "prometida" seguirá siendo legalmente mi esposa. Yasmín sentía que las paredes de la oficina se le venían encima. El aire le faltaba, el pecho le dolía de rabia y la humillación de verse acorralada de esa manera frente a Camilo y Apolo la consumía por dentro. Se zafó suavemente del agarre de Camilo, se limpió las lágrimas de las mejillas con la palma de la mano y dio un paso firme hacia adelante, encarando a Sebastián con la poca dignidad que le quedaba. —Crees que has ganado, ¿verdad? —le dijo Yasmín con la voz temblorosa pero cargada de una amenaza latente—. Crees que porque me tienes atrapada con un contrato laboral y con un acta de matrimonio no anulada vas a poder pisotearme y divertirte a mi costa. Pero te juro por Dios, Sebastián, que te vas a arrepentir de esto. Voy a venir a esta oficina todos los días. Voy a cumplir mi contrato. Y te voy a recordar en cada segundo de tu miserable existencia el asco profundo que te tengo. Sebastián sonrió con suficiencia, reclinándose en su sillón y haciendo un gesto displicente con la mano. —Me parece perfecto, mi vida. Adoro cuando te pones dramática y combativa. Le da un toque muy interesante a la rutina de la empresa. Ahora, si no te molesta, retírate a tu puesto de trabajo. Tienes expedientes que archivar y tareas que cumplir. Recuerda que cada minuto que pasas gritándome aquí es un minuto que no estás produciendo para mi compañía. —¡Nos vemos en el infierno, Sebastián! —le escupió Yasmín. Se giró bruscamente, tomó a Camilo de la mano y caminó a pasos agigantados hacia la salida de la oficina. Al cruzar la puerta, la estampó con un estruendo brutal que resonó en todo el piso corporativo, dejando tras de sí una onda de choque de tensión pura. En el interior del despacho, el silencio regresó lentamente. Apolo suspiró profundamente, sirviéndose un poco más de whisky en su vaso mientras miraba a su amigo con una mezcla de desaprobación y asombro. —Sebastián... estás jugando con fuego —dijo Apolo negando con la cabeza—. Conozco esa mirada de Yasmín. No se va a quedar quieta. Te va a hacer la vida imposible aquí adentro. ¿De verdad vale la pena todo este circo solo por no darle el divorcio? Sebastián no respondió de inmediato. Miró la puerta cerrada por donde ella acababa de desaparecer, mientras su sonrisa sarcástica se desvanecía lentamente, reemplazada por una expresión oscura, indescifrable y tensa. —Vale cada maldito segundo, Apolo —murmuró Sebastián con la voz grave—. Ella creyó que podía borrarme de su vida así como así. Creyó que podía venir hoy a mi empresa y luego irse a casar con ese aparecido como si yo fuera un cero a la izquierda. Si quiere la guerra, se la voy a dar. Yasmín es mi esposa. Y no va a irse a ningún lado hasta que yo lo decida.Capítulo 10: El sol de la mañana comenzaba a filtrarse entre los cristales tintados de la torre corporativa, pero dentro de las oficinas el ambiente se sentía helado, denso y cargado de una electricidad peligrosa. Yasmín bajó del ascensor con la barbilla en alto, los hombros erguidos y la mirada fija hacia el frente. Había pasado una noche espantosa, dando vueltas en la cama, reviviendo cada herida del pasado y escuchando las palabras de Camilo retumbar en su cabeza. Ya no había espacio para las lágrimas. El llanto se había secado, dejando en su lugar un poso amargo de rabia contenida y un deseo feroz de resistencia. Avanzó por el pasillo principal del área administrativa. Los murmullos entre los cubículos cesaron de golpe a su paso. Los empleados, que el día anterior habían sido testigos de su irrupción furiosa y del portazo en el despacho de la alta dirección, la observaban de reojo con una mezcla de curiosidad, morbo y temor. Sabían que algo grave había ocurrido entre la nueva
capítulo 9: —No te imaginas la felicidad que sentí en ese momento, Camilo —prosiguió ella, con el rostro bañado en lágrimas—. Pensé que ese bebé sería nuestra salvación. Pensé que al enterarse de que iba a ser padre, Sebastián por fin reaccionaría, tomaría la decisión de sacarme de esa casa y defendería a su familia de las garras de Federica. Preparé una sorpresa pequeña, algo sencillo pero lleno de amor. Lo esperé en la habitación toda la tarde. Él se había ido desde temprano diciendo que tenía una reunión de trabajo larga y complicada... Yasmín apretó los dientes, sintiendo cómo el recuerdo se volvía tan vívido que casi podía escuchar el sonido de su teléfono móvil sonando en aquella habitación solitaria. —Estaba sentada en el borde de la cama, mirando las zapatillitas de bebé que había comprado, esperando escuchar el auto de Sebastián llegar a la entrada. Y de repente, mi teléfono vibró. Era un mensaje de texto. Un número desconocido... Pero al abrirlo, me di cuenta de que la
capítulo 8: Yasmín apretó los puños sobre su regazo, sintiendo la frialdad de los recuerdos invadirle el pecho. —Por no tener dinero, terminamos mudándonos a la casa de su madre —continuó Yasmín, con una mueca de asco al pronunciar la última palabra—. A la casa de Doña Federica. Dios mío, qué error tan colosal. Desde el primer segundo en que pisé esa residencia, esa mujer me declaró una guerra silenciosa y despiadada. Federica es una mujer egocéntrica, clasista, vil... Una arpía que no podía soportar que su hijo se hubiera casado con una muerta de hambre. Para ella, yo era una basura, una advenediza que se había metido en la vida de Sebastián para sacarle provecho. —Recuerdo perfectamente a esa señora —comentó Camilo con el ceño fruncido—. Tenía una vibra oscura, pesada. Cada vez que iba a buscarte se sentía la tensión en el aire. —¡Era insoportable! —exclamó Yasmín, con la voz subiendo de tono por la indignación reprimida—. ¿Te acuerdas, Camilo? ¿Te acuerdas cuando te conté l
Capítulo 7: El impacto del portazo retumbó en las paredes de cristal del piso ejecutivo como un disparo en medio de un santuario. Yasmín caminaba a pasos agigantados por el pasillo, con la vista nublada por las lágrimas que finalmente habían traicionado su coraza de hierro. Mantenía la barbilla en alto por puro instinto de supervivencia, pero por dentro se estaba desmoronando a pedazos. Cada paso que daba alejándose de la oficina de Sebastián se sentía como si arrastrara cadenas invisibles que no solo la devolvían al presente, sino que la hundían de cabeza en el barro de un pasado que había intentado enterrar durante tres años. Camilo venía justo detrás de ella, intentando seguirle el ritmo acelerado sin llamar aún más la atención de los empleados que se asomaban discretamente sobre los divisores de sus cubículos. Él no decía nada en ese instante; conocía esa mirada. Sabía que cualquier palabra vacía de consuelo solo serviría para romper el frágil dique que sostenía la cordura de
capítulo 6:—Tú te callas, muchacho —dijo Sebastián con voz helada—. No estoy hablando contigo. Si de verdad quieres jugar al prometido héroe, te sugiero que aprendas primero a revisar la situación legal de la mujer con la que pretendes casarte antes de hacer el ridículo en una oficina pública. —¡No le hables así! —gritó Yasmín poniéndose enfrente de Sebastián, interponiéndose entre los dos hombres—. Camilo es mil veces más hombre de lo que tú jamás serás. Y si piensas que me vas a tener atada a ti con este papelucho arruinado, estás muy equivocado. Exijo que firmes el divorcio ahora mismo. ¡Hoy mismo nos vamos con un abogado y le pones fin a esta locura! Sebastián volvió a caminar hacia su sillón principal, rodeó el escritorio y se sentó con absoluta serenidad. Apoyó los codos sobre la madera pulida, entrelazó los dedos de las manos y miró a Yasmín con una expresión de triunfo absoluto, disfrutando visiblemente del colapso emocional de su esposa. —No —dijo Sebastián secamente. La
capítulo 5: —Ah... eso —dijo Sebastián encogiéndose de hombros con una serenidad insultante—. Pensé que habías descubierto algo realmente grave. Qué lástima desilusionarte con un trámite burocrático tan vulgar. —¿"Qué lástima"? ¿"Eso"? —repitió Yasmín con la voz quebrada por la indignación, sintiendo que la sangre le hervía en las venas—. ¡Eres un cínico desgraciado! ¡Hace tres años firmamos los papeles del divorcio! ¡Tú mismo firmaste el acuerdo de separación frente a los abogados! Te quedaste con los documentos y me juraste que te encargarías de meter la demanda en el juzgado y cerrar ese capítulo para siempre. ¡Me mentiste! ¡Me hiciste creer durante tres años que era una mujer libre! Sebastián rodeó el escritorio lentamente, caminando hacia ella con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Se detuvo a escasos centímetros de ella, obligándola a alzar la mirada para sostenerle los ojos. La diferencia de estatura y su postura dominante no hicieron más que intensificar la







