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Ay, Señor! Esto Ya Es Demasiado!
Ay, Señor! Esto Ya Es Demasiado!
YuberPen

Capitulo 001

last update Veröffentlichungsdatum: 07.10.2026 12:39:19

"Aahh... despacio, Señor... despacio..."

Miranda se quejó de dolor, con los dedos apretando con fuerza el borde de la puerta.

Hacía un momento, se había torcido el pie izquierdo mientras llevaba una palangana con agua caliente. Unas gotas de agua caliente habían salpicado su fina kebaya de algodón, haciendo que la tela se le pegara al cuerpo y marcara su silueta. Intentó dar un paso, pero su pie no cedió. Se desequilibró, a punto de caer al suelo.

Sin embargo, Braga, su patrón, la guio hasta el sofá. "Por eso hay que mirar por dónde se camina y no andar distráida".

En cuanto se sentó, Braga levantó el pie torcido de Miranda y lo puso sobre su regazo.

Subió un poco la tela de la kebaya que cubría la pierna estilizada de Miranda. "Le ayudaré con un masaje".

Sus dedos ásperos comenzaron a masajear los puntos de dolor en el tobillo de la joven.

"Señor... despacio...", gimió Miranda. Por reflejo, retiró la pierna, haciendo que la tela se subiera aún más.

Pero cuando su ropa interior quedó a la vista, Braga contuvo el aliento. No dijo nada. En su lugar, volvió a tomar la pierna y presionó con más fuerza en el punto exacto del nervio.

"Ahh... Señor..." La voz de Miranda cambió. Hubo un suave gemido entre el dolor intenso y una sensación de calor que se extendía hasta la ingle.

Miranda miró fijamente la camisa de Braga.

"Ahh... Señor... Ah..." La voz de Miranda cambió. Un gemido suave se escapó entre el dolor abrumador y el calor que subía por su pierna.

El aceite de masaje tibio combinado con el toque dominante de las manos de Braga le erizó la piel. De pronto, la atmósfera en la habitación se volvió sofocante.

"Ah... Señor, ya... ya basta. Parece que ya está mejor", dijo Miranda rápidamente, retirando su pierna y apartando la mano de Braga.

Sus mejillas se sonrojaron, no por vergüenza, sino porque tenía que cortar de inmediato el contacto físico antes de perder por completo el control de su actuación.

"Miranda, puedes no gemir?", siseó Braga finalmente.

Sus ojos recorrieron el cuerpo mojado de Miranda. Como a un gato al que le presentan un pescado, quién podría no ceder a la tentación?

"Si mi esposa te escucha, te echará a la calle esta misma noche pensando que me estás seduciendo".

Miranda bajó la cabeza, ocultando la agitación en su corazón.

"Lo siento, Señor. Fui descuidada...", susurró Miranda en voz baja. Su mirada apagada se volvió fría y calculadora.

Ya llevaba una semana en esa gran mansión. Al principio, la habían contratado como niñera para el bebé que los patrones esperaban con tanta ilusión.

Sin embargo, el destino tenía otros planes: el bebé nació sin vida.

La muerte del recién nacido destrozó la mente de Caroline, dejándola paralizada por el duelo y encerrada en su habitación. Esto obligó a Miranda, quien debía cuidar al bebé, a quedarse atrapada sirviendo a la señora de la casa, cuyo problema era...

Su inestabilidad emocional. Ni siquiera dudaba en escupir a Miranda si cometía un error.

"Cámbiate de ropa", le ordenó Braga con voz ronca. "No uses esa clase de tela, ponte un batón para moverte con más libertad".

"No tengo otro, Señor. Es la única ropa que traje", respondió Miranda suavemente, dejando a propósito que su pecho subiera y bajara a un ritmo constante. Puso como excusa que en su pueblo no había ese tipo de prendas.

Braga resopló y entró en el dormitorio principal. Poco después, regresó con un montón de ropa de su esposa. "Ponte esto. Después, ocúpate de mi mujer".

Miranda recibió la ropa con una ligera sonrisa. Se cambió rápidamente la kebaya mojada por un vestido de algodón de Caroline.

Como Miranda era más alta y de curvas más pronunciadas, el vestido le quedaba justo por encima de las rodillas, con un escote bajo que dejaba al descubierto su cuello estilizado y un escote provocativo.

Cada uno de sus movimientos marcaba sus curvas ajustadas, haciéndola lucir aún más provocativa que antes.

Cuando Miranda entró en la habitación de sus patrones con un balde de agua tibia que aún echaba humo, el ambiente se volvió tenso al instante.

Braga se quedó petrificado en un rincón del cuarto, tragando saliva mientras observaba cómo el vestido se amoldaba de forma atrevida a la figura de Miranda.

Caroline, tendida débilmente en la cama, la miró fijamente con rabia.

Su rostro se palideció y su furia estalló al ver a la sirvienta usando su ropa favorita frente a su propio esposo.

"Por qué lleva mi ropa, Daniel?!", gritó Caroline con voz ronca.

Con las fuerzas que le quedaban, agarró un florero de la mesa de noche y se lo lanzó a Braga.

Prammm!!!

El florero impactó contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos. Miranda se sobresaltó y dejó caer un poco el balde, mojándose los pies con el agua tibia.

"Lo siento, Señora! Lo siento!", exclamó Miranda con un tono de sorpresa y miedo fingido, arrodillándose en pánico cerca de los cristales rotos.

Braga ignoró los vidrios rotos; dio un paso al frente, la tomó del brazo y la levantó bruscamente. "Estás bien? Te hiciste daño?"

"Yo... estoy bien, Señor", susurró Miranda con voz temblorosa, manteniendo la mirada baja con una apariencia inocente y frágil.

Entonces, con las pocas fuerzas que le quedaban y una voz que temblaba fuertemente aguantando el llanto, Caroline volvió a chillar.

"Maldito seas! Me engañas en mi propia cara?!"

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