Mag-log inMe llevó tres días procesar la carta de mi padre. Tres días en los que Adrian me mantuvo escondida en una casa de seguridad en las afueras de la ciudad, con guardias armados en cada puerta y ventana. No hablamos mucho. Yo estaba demasiado furiosa, demasiado confundida, demasiado... todo.
Pero la furia se estaba agotando, reemplazada por algo más peligroso: la necesidad de respuestas. Y la única persona que las tenía era el hombre al que había jurado destruir. Lo encontré en el estudio de la casa, sentado frente a una chimenea encendida, con un vaso de whisky en la mano y la mirada perdida en las llamas. Tenía el brazo vendado, pero por lo demás, parecía el mismo de siempre: impecable, controlado, peligroso. "Necesito saberlo todo", dije, sentándome frente a él. "Desde el principio. Sin mentiras." Adrian me miró, y por un momento, vi una grieta en su armadura. "¿Estás segura? Una vez que lo sepas, no hay vuelta atrás." "Ya no hay vuelta atrás. Firmé tu contrato. Me secuestraron. Vi la carta de mi padre. Estoy en esto hasta el final." Él asintió lentamente, como si hubiera estado esperando esa respuesta. Luego, comenzó a hablar. "Tu padre y yo nos conocimos hace diez años. Yo era un joven ambicioso que acababa de heredar el imperio de mi padre. Él era el contable jefe de la empresa. Fue el único que me dijo la verdad sobre lo que estaba pasando." "¿Y qué estaba pasando?" "La empresa no era solo un negocio. Era una fachada. Para algo mucho más grande. Una organización que se dedicaba a lavar dinero para los cárteles más peligrosos del mundo. Cuando tu padre lo descubrió, quiso ir a la policía. Pero los que estaban involucrados eran demasiado poderosos. Lo amenazaron con matarte a ti ya tu madre si decía una palabra." Sentí que me faltaba el aire. "¿Y tú? ¿Qué papel jugabas en todo esto?" "Yo era el nuevo CEO. No sabía nada al principio. Pero cuando tu padre me lo contó, supe que tenía que hacer algo. Así que fingí estar de su lado. Me infiltré en la organización. Y durante cinco años, he estado reuniendo pruebas, esperando el momento adecuado para derribarlos." "¿Y mi padre? ¿Por qué lo acusaron a él?" Adrian bajó la mirada. "Porque cuando la organización descubrió que estábamos trabajando juntos, decidieron hacer un ejemplo. Lo acusaron de malversación, lo arruinaron públicamente. Y luego lo mataron. Hicieron que pareciera un suicidio." Un sollozo se me escapó antes de que pudiera detenerlo. "¿Y tú no hiciste nada? ¿Dejaste que muriera?" "No pude hacer nada." Su voz se quebró, y por primera vez, vi lágrimas en sus ojos. "Cuando llegué, ya era demasiado tarde. Pero te juro, Isabella, que he pasado cada día desde entonces intentando vengar su muerte. Y ahora, con tu ayuda, puedo hacerlo." "¿Qué necesitas de mí?" "El libro. Tu padre lo escondió antes de morir. Y me dijo que tú eras la única que podía encontrarlo." "¿Por qué yo? Nunca me dijo nada." "Porque no podía. La organización te estaba vigilando. Si te hubiera dicho algo, te habrían matado. Pero me dijo que lo que necesitaba lo encontrarías en un lugar que solo tú conocías. Un lugar de tu infancia." Me quedé callada, pensando. Mi infancia. Los recuerdos eran borrosos, pero había algo... una casa en el campo, un jardín, un árbol. Un roble enorme donde solía trepar cuando era niña. Mi padre me llevaba allí cada verano. ¿Podía ser eso? "El roble", susurré. "En la casa del lago." Adrian se inclinó hacia adelante. "¿Qué?" "Mi padre tenía una casa en el lago. La vendió cuando yo era adolescente, pero antes de eso, pasábamos allí todos los veranos. Había un roble enorme. Él me decía que era nuestro árbol secreto. Solía esconder cosas en un hueco del tronco." La emoción en el rostro de Adrian fue casi demasiada para soportarla. "Eso tiene que ser. El libro está allí." "Entonces vamos a buscarlo." "No es tan simple." Se puso de pie, comenzando a caminar de un lado a otro. "La organización tiene hombres vigilando la casa. Si intentamos entrar, nos matarán." "Entonces necesitamos un plan." Me levanté también, sintiendo una determinación que no había sentido en años. "Y necesito que me digas la verdad sobre algo más." "¿Qué cosa?" "El contrato. El matrimonio. ¿Todo fue una mentira para llegar al libro?" Adrian se detuvo. Me miró durante un largo momento, y en sus ojos vi algo que no esperaba: vulnerabilidad. "Al principio, sí", admitió. "Necesitaba tu ayuda para encontrar el libro. Pero ahora..." Se acercó a mí, y su proximidad me hizo temblar. "Ahora no estoy tan seguro." "¿Qué se supone que significa eso?" Significa que no puedo dejar de pensar en ti, Isabella. Significa que cada vez que te miro, veo a la mujer que podría salvarme de mí mismo. Y eso me aterra más que cualquier organización criminal." Antes de que pudiera responder, mi teléfono sonó. Un número desconocido. Adrian me miró con alarma. "No lo contestes." Pero lo contesté. Y la voz al otro lado de la línea me heló la sangre. "Hola, Isabella. Soy tu madre. Y necesito que me escuches muy bien. Estoy viva. Y sé dónde está el libro. Pero si quieres verme, tendrás que venir sola. Sin Sterling. Sin nadie. O tu padre no será el único Ríos que muera."El nombre de su hermano flotó en el aire como una maldición. Adrian no había mencionado a ningún hermano en todo el tiempo que lo conocía. Ni una sola vez. Era como si esa parte de su vida hubiera sido borrada deliberadamente."¿Tienes un hermano?", pregunté, con la voz teñida de incredulidad. "¿Y me lo dices ahora?""Es un tema complicado", dijo Adrian, sin mirarme. Seguía de pie junto a la ventana, su silueta recortada contra la luz de la luna. "Y no es algo de lo que me guste hablar.""Estamos huyendo de una organización criminal, mi madre acaba de confesar que estuvo involucrada en la muerte de mi padre, y tú me dices que tienes un hermano del que nunca me hablaste. Creo que es el momento perfecto para hablar de ello."Adrian se giró, y su rostro era una máscara de dolor contenido. "Su nombre es Damián. Es tres años mayor que yo. Cuando nuestro padre murió, él heredó el control de la empresa. Pero en lugar de limpiarla, se hundió más profundo en la organización. Cuando intenté det
Bajamos las escaleras de diez en diez, con el sonido de los disparos y los gritos de los hombres de la organización resonando en el hueco de la escalera. Adrian iba al frente, abriéndonos camino con su arma, mientras yo arrastraba a mi madre, que tropezaba con sus propios pies, sus sollozos silenciosos apenas audibles sobre el caos."¡Por aquí!", gritó Adrian, empujándonos hacia una puerta lateral que daba al aparcamiento subterráneo. El aire olía a gasolina y a humedad, un contraste enfermizo con el olor a sangre y pólvora que impregnaba el aire.Llegamos al aparcamiento justo cuando un grupo de hombres armados irrumpía en el nivel inferior. Adrian se giró, disparando dos veces en rápida sucesión. Dos hombres cayeron, pero los demás no se detuvieron."¡El coche!", señaló Adrian hacia un todoterreno negro estacionado a pocos metros. "¡Corran!"Corrimos. Las balas silbaban a nuestro alrededor, rebotando en el hormigón y haciendo saltar chispas. Adrian abrió la puerta del conductor y se
El estruendo del disparo me dejó sorda por un instante. Cerré los ojos con fuerza, esperando el impacto, el dolor, la oscuridad. Pero el dolor no llegó. En su lugar, sentí una lluvia tibia y espesa salpicarme el rostro. Abrí los ojos y vi al hombre de las cicatrices tambalearse. Su arma cayó al suelo con un golpe metálico, y él se desplomó de rodillas, con un agujero humeante en el hombro.Detrás de él, en el marco de la puerta que habíamos usado para entrar, estaba Adrian. Tenía el arma aún levantada, con el cañón humeante y una expresión de furia asesina en el rostro. Sus hombres entraron en tromba, rodeando a los guardias restantes y desarmándolos en cuestión de segundos."¿Estás bien?", gruñó Adrian, cruzando la habitación en tres zancadas y agarrándome de la cara para examinarme. Sus manos temblaban ligeramente."Sí", jadeé, mi voz apenas un hilo. "Sí, estoy bien. Mamá...""Estoy aquí, cariño", dijo mi madre, su voz temblando mientras uno de los hombres de Adrian la ayudaba a lev
Adrian Sterling emergió de las sombras con las manos en alto, su silueta recortada por la luz de los reflectores. Caminó lentamente hacia el centro del almacén, con los ojos fijos en el hombre de las cicatrices, pero su mirada se desvió hacia mí por un segundo. Solo un segundo, pero fue suficiente para que yo entendiera el mensaje: *Confía en mí*."El chico de oro se rinde", se burló el hombre de las cicatrices, dando una palmada lenta y sarcástica. "Nunca pensé que vería el día.""Suelta a las mujeres y llévame a mí", dijo Adrian, con una voz gélida. "Soy el que tiene el libro. Ellas no son más que lastre.""Adrian, no", susurré, pero mi voz se perdió en el rugido de la sangre en mis oídos.El hombre de las cicatrices se rio, un sonido desagradable que rebotó en las paredes metálicas. "Eres un mentiroso, Sterling. Siempre lo has sido. El libro está en la chica. Lo sé. Mi jefe lo sabe. Y si no nos lo das ahora, empezaremos a cortar dedos."Hizo un gesto a uno de sus hombres, que se ac
La hora siguiente fue un torbellino de movimientos frenéticos y decisiones imposibles. Adrian me llevó a una de sus casas de seguridad, un ático de lujo en el centro de la ciudad que parecía más un búnker militar que una vivienda. Hombres armados patrullaban los pasillos, y las ventanas estaban equipadas con cristales blindados.Me senté en un sofá de cuero negro, con una manta sobre los hombros y un vaso de whisky en la mano que no dejaba de temblar. Adrian estaba de pie frente a una mesa de mapas, rodeado de sus hombres de confianza, trazando un plan."La dirección es un almacén en el puerto", dijo uno de los hombres, un tipo corpulento con cicatrices de guerra. "Es una zona abierta, sin muchos escondites. Si entramos, nos verán venir.""Entonces no vamos a entrar", dijo Adrian, con una calma que me erizó la piel. "Vamos a hacer que ellos salgan.""¿Cómo?"Adrian se giró hacia mí, y en sus ojos había una determinación fría y letal. "El libro. Necesitamos el libro.""¿Qué?", me levan
El sonido del gas venenoso entrando por las rejillas de ventilación era un silbido fino y letal, el tipo de ruido que te dice que te quedan segundos de vida. El aire ya empezaba a picarme en la garganta, un olor dulzón y metálico que anunciaba la muerte."Isabella, al suelo", ordenó Adrian, su voz cortando la oscuridad absoluta de la bóveda. "El gas es más pesado que el aire. Tápate la boca y la nariz con la ropa. Respira lo más superficialmente que puedas."Me dejé caer de rodillas, arrastrando a mi madre conmigo. El suelo de la bóveda estaba frío, y el terror hacía que mis manos temblaran mientras me cubría la cara con el cuello de mi camisa. A mi lado, escuché a Adrian moverse con una eficiencia aterradora. No estaba entrando en pánico. Estaba trabajando."¿Qué estás haciendo?", logré jadear, mientras mis pulmones empezaban a arder."La puerta tiene un sistema de bloqueo de emergencia", respondió, su voz amortiguada por la tela. "Pero ese bastardo debe haberlo anulado desde el exte







