ログイン—Está demasiado limpio. No hay nada que podamos utilizar.James llevaba varios minutos revisando los archivos de seguridad sin encontrar una sola irregularidad que permitiera identificar al responsable de la filtración. Los registros de acceso estaban completos, las autorizaciones parecían legítimas y los movimientos del personal coincidían, al menos en apariencia, con sus horarios habituales. —¿Ni siquiera una anomalía en los accesos? —preguntó Adrián. —Eso es precisamente lo extraño. Todo parece estar en orden. James abrió otro archivo y volvió a reproducir la grabación correspondiente al día en que se había consultado uno de los documentos confidenciales del proyecto. Después de revisar la secuencia varias veces, señaló la pantalla.—Fíjense bien. Desde las nueve y doce hasta las diez y treinta y seis de la mañana se ve entrar y salir a varios miembros del equipo. Sin embargo, después de esa hora hay un intervalo que no coincide con el registro de actividad. La grabación pasa di
.... Marco no había necesitado una semana para empezar a reorganizar la compañía.Desde que asumió la presidencia, se había dedicado a revisar la estructura de los departamentos, evaluar el rendimiento de los equipos y estudiar los proyectos que seguían en marcha, solo que bajo el mando de Adrian. Sobre el papel, todo parecía razonable. Una revisión administrativa después de un cambio de presidencia no tenía nada de extraordinario, y menos en una empresa del tamaño de Grupo Montenegro. Sin embargo, detrás de aquella aparente reorganización había decisiones bastante más calculadas.Los primeros cambios afectaron directamente al equipo que había trabajado con Adrián durante los últimos años. Algunos fueron trasladados a otras áreas, otros quedaron asignados a proyectos secundarios y varios perdieron las responsabilidades que hasta entonces habían tenido dentro de la compañía. No hubo despidos masivos ni anuncios que pudieran levantar sospechas. Marco simplemente redistribuyó los puesto
Apenas Adrián cruzó la entrada, dos pequeñas figuras se soltaron de Valeria y corrieron hacia él con una emoción que no dejaba lugar a dudas sobre cuánto lo habían estado esperando.—¡Papá!Él apenas tuvo tiempo de dejar las llaves antes de agacharse para recibirlos. Mateo llegó primero, aunque Sofía no tardó en alcanzarlo, y Adrián terminó sosteniendo a ambos como pudo, uno a cada lado, mientras los pequeños se aferraban a su cuello.Valeria soltó un suspiro de alivio desde donde estaba. Adrián levantó la mirada hacia ella, divertido por su expresión, y luego volvió a concentrarse en los niños.—¿Qué sucede? ¿Tanto me extrañaron?—¡Sí! —respondió Sofía sin pensarlo.Mateo asintió con entusiasmo, todavía abrazado a su padre. Adrián sonrió ligeramente y los miró a ambos.—Entonces casi vuelven loca a mamá, ¿no, niños?Los dos intercambiaron una mirada y soltaron unas risitas que confirmaron la sospecha de Valeria.—Antes eran muy apegados a mí —comentó ella, acercándose—. Ahora resulta
La primera señal de que algo había cambiado fue encontrar la puerta de su despacho abierta y a dos empleados sacando sus pertenencias de los cajones. Adrián se detuvo en la puerta. Durante unos segundos, observó cómo uno de ellos guardaba sus documentos en una caja mientras el otro retiraba algunos objetos de las estanterías. Ninguno parecía dispuesto a mirarlo directamente. Ambos trabajaban con una prisa contenida, como si esperaran terminar antes de que él apareciera. Entonces vio a Marco. Estaba sentado en su silla, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia atrás, haciendo girar un bolígrafo entre los dedos. Sobre el escritorio descansaban varios documentos del proyecto Aurelis, junto a una tablilla nueva con su nombre grabado. Parecía tan cómodo que resultaba difícil creer que aquel despacho hubiera pertenecido a su hermano hasta hacía unas horas. Adrián entró sin decir nada. Su mirada recorrió la habitación, desde las cajas que estaban llenando hasta los documentos que ahora
Marco deslizó una copia de su propuesta hacia el centro de la mesa. —Todo está incluido. La supervisión de los accesos, la revisión de los protocolos y los informes periódicos para ambas compañías. También he establecido plazos de evaluación para que Aurelis no tenga que esperar hasta el lanzamiento para comprobar si estamos cumpliendo. Si no alcanzamos los objetivos previstos, habrá mecanismos para corregir el rumbo antes de que el problema se convierta en otro riesgo financiero. Adrián revisó las primeras páginas. Las condiciones estaban detalladas con suficiente precisión para demostrar que su hermano no había preparado aquella propuesta de un día para otro. Había plazos razonables, responsabilidades asignadas y medidas que podían verificarse. No era una solución improvisada, y eso lo hacía más difícil de combatir. —¿Y qué ocurrirá con el trabajo que ya se ha realizado? — preguntó Adrián —No podemos tratarlo como si nunca hubiera existido. Hay avances que todavía pueden aprove
El vestíbulo apenas comenzaba a llenarse cuando las puertas del ascensor privado se abrieron en el último piso. A esa hora, los empleados todavía intercambiaban saludos junto a los escritorios y el personal de recepción terminaba de organizar la agenda del día. Sin embargo, en las oficinas de dirección, la jornada había comenzado mucho antes. Había informes pendientes, llamadas sin devolver y una negociación que amenazaba con convertirse en el problema más costoso que la compañía había enfrentado en años. Adrián salió del ascensor con el teléfono en una mano y una carpeta a la mano. Había pasado buena parte de la noche revisando los movimientos de las últimas semanas, buscando alguna alternativa que permitiera recuperar la confianza de Aurelis. Seguía convencido de que podía resolverlo. La situación era grave, pero todavía existían opciones, y no pensaba abandonar el proyecto sin agotar cada una de ellas. James lo esperaba frente a su despacho. —Sera mejor que no te acomodes. Aur







