ANMELDENDionisio entró al despacho de su padre.
-Padre…-
-Que sea rápido- exclamó sin levantar la mirada de la pila de papeles.
-Vine a decirte que tenías razón.
El hombre levantó la mirada con curiosidad.
-Hermes debería ir a ese viaje. Es la única manera de que aprenda todo lo que necesita para el negocio.
-¿Qué mosca te picó?- preguntó extrañado.
Dionisio sonrió falsamente- Estuve pensando en nuestra última charla de padre a hijo y es cierto, es momento de sentar cabeza y buscar una buena esposa que me de hijos.
-Me alegro de que finalmente me escuches hijo…-¿Tienes alguna en mente? ¿Debería buscarte una buena candidata?
-No te preocupes por eso padre, ya tengo alguien en mente.
-Me alegro de que hayas recapacitado finalmente. Que entiendas tu lugar.
-Claro. Padre.
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Selene se estaba colocando su uniforme cuando su madre entró al cuarto que ambas compartían- ¿Que haces?
-Preparándome para trabajar-
-Nada de eso, debes hacer lo que te dije antes de que sea demasiado tarde.
Selene suspiró- Lo sé madre, mañana temprano Agatha me va a acompañar a hacer eso y voy a quedarme unos días para recuperarme en su casa, ya sabes… para que nadie sospeche.
Sí era cierto que iba a refugiarse en casa de su amiga, pero de Hermes. La sola idea de cruzarlo por los pasillos de la mansión le asustaba.
-Me parece bien hija- exclamó su madre, besando su frente- Es la mejor decisión.
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-Padre… ¿Me buscabas?- exclamó Hermes, asomándose por la puerta del despacho del hombre.
-Si hijo- sonrió ampliamente- Quería avisarte que mañana temprano te vas a Madrid.
-¿A Madrid España?- exclamó atónito.
-Si, a una conferencia de negocios, es un evento muy importante que dura un mes, y quiero que tú nos representes.
-¿Y-Y-o?- Preguntó asustado- Pero ¿y Dionisio?.
Su hermano era el verdadero apasionado por los negocios, quien había mostrado interés en el negocio familiar desde niño. Entonces ¿Por qué él?
Su padre borró la sonrisa de su rostro al escuchar el nombre de su hijo mayor- Tú eres el indicado. Ya es tiempo que seas presentado en sociedad.
-Está bien, padre- dijo sin muchos ánimos.
No era la primera vez que lo mandaba en nombre de la empresa, ¿pero a miles de kilómetros de distancia y solo?
-Prepara todas tus cosas, a primera hora de la mañana un coche va a llevarte al aeropuerto.
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-¿Ya sabes que vas a hacer?- preguntó Agatha.
-Aún no lo sé…- dijo y se acurrucó más en la cama de su amiga- Mi madre espera que me deshaga del bebé.
-¿Y tú quieres eso?
-¡Claro que no! No podría…- dijo con los ojos llenos de lágrimas- jamás me perdonaría hacer algo así…
-Entonces no lo hagas…
-Pero…
-Ahora no te preocupes por el futuro, pase lo que pase yo voy a estar ahí para tí. ¿Si? No tienes por qué cuidar a ese bebé sola.
-Gracias Aga…- exclamó conmocionada. No tenía palabras. La vida había sido muy cruel con ella, pero le había dado un ángel de la guarda.
-Debo volver al trabajo ¿Vas a estar bien sola?
-Si. Y no le digas a Hermes que estoy aquí, por favor.
-No te preocupes, él no va a saber nada.
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Hermes buscó por toda la m*****a casa a su amada, pero nada. Necesitaba avisarle que se iría por un mes al exterior, quería por lo menos darle un beso de despedida porque nunca había estado distanciado de ella por tanto tiempo.
Finalmente se cruzó con Agatha, la única que sabía su secreto- ¡Agatha!- exclamó corriendo hacia ella.
La joven se congeló en su lugar, no esperaba encontrarse tan pronto con el idiota de Hermes- Señor…
-¿Sabes dónde está Selene?-
-No señor, no la vi por ningún lado.- dijo nerviosa.
-Oh, ya veo…. Es extraño, la busqué por todos lados.
-Supongo que deben estar desencontrados.
-Supongo que que si- dijo decepcionado- Oye, ¿Tú podrías…
-¡Lo siento señor! Me encantaría seguir platicando, pero debo terminar mis tareas antes de que su madre vuelva a casa. Sabe como se pone cuando… - Chilló y huyó antes de que el joven pudiera decir algo más.
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A medianoche, Hermes se metió a escondidas en el granero, con la esperanza de encontrar a su amada allí, pero no había señales de ella. Frustrado, se sentó en el heno y escribió una larga carta que escondió en una pequeña caja donde se dejaban pequeños regalos.
Si no podía despedirla cara a cara, por lo menos dejaría todo su amor explayado en ese papel.
Angustiado, salió del granero, sin saber que Dionisio lo había seguido desde las sombras.
Cuando el hermano del medio desapareció dentro de la mansión, el mayor tomó la carta y se la llevó consigo- Buen viaje, hermanito.- murmuró sonriendo victorioso.
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-Sele… despierta- susurró su amiga al día siguiente.
-¿Mmm? ¿Qué hora es?- preguntó somnolienta.
-Es temprano, pero ya puedes volver a casa.-
-¿Eh y eso porque?- preguntó frotándose los ojos.
-Hermes se fue Sele…- dijo la mujer preocupada por cómo se tomaría la noticia.
-¿C-cómo que se fue?- exclamó levantándose de golpe.
-Una de las empleadas me dijo que lo vio salir a la madrugada en un coche hacia el aeropuerto- Exclamó furiosa- ese maldito cobarde. ¡Ni siquiera tuvo la decencia de decirte algo antes de huir!
Selene sintió que sus ojos se ponían rojos y un nudo se formaba en su garganta. Ese no era su Hermes, no era el Hermes que había jurado amarla, quien le había pedido que pronto estarían juntos y ya no tendrían que esconderse más.
La joven abrazó su cuerpo, sintiéndose usada. Como si todos estos años su novio hubiese fingido ser alguien que en realidad no era, tan solo para quitarle su más preciada virtud.
Sintió que su estómago se revolvía pero el asco. Le había quitado su virginidad, y no solo eso, sino su primer amor.
-Sele… ¿Estás bien?-
-Si…- Apenas pudo decir, mientras sostenía su barriga plana- Voy a estar bien.
Eso quería creer, ahora le esperaba un futuro dificil, en el que todos iban a estar en su contra, en que iba a ser la puta, la cazafortunas, la sirvienta desesperada por las migajas, pero su niño le daría las fuerzas para soportar todo eso.
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Apenas llegó a la mansión, su madre la recibió con un fuerte abrazo- Estoy muy orgullosa de ti. Me alegro de que hayas tomado la decisión correcta.
La azabache hundió su rostro contra el hombro de su madre. Se sintió una m****a por mentirle a la mujer, no sabía por cuánto más iba a poder guardar el secreto y si esto arrastraría también a su madre a la ruina.
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Selene se encerró toda la tarde hasta que oscureció en el granero y lloró incansablemente contra la cama de heno, aquella donde habían hecho el amor, donde también se habían confesado por primera vez, donde todo había empezado y también terminado.
De repente, escuchó un crujido que la asustó. Cuando levantó la mirada, se encontró cara a cara con Dionisio- ¡Señor!- exclamó poniéndose de pie con la cabeza baja, escondiendo sus lágrimas y juntando sus manos delante de su cuerpo- ¿Necesita algo, señor?- preguntó con la voz temblorosa.
Una mano fría sostuvo su barbilla y la levantó- ¿Qué ocurre cariño? Me duele verte así…- dijo con una voz dulce.
-N-Nada importante señor- Exclamó en shock. No pudo soportar mirar directamente a sus ojos, por lo que movió sus orbes negros hacia un costado.
-Eso espero…No me gusta que las mujeres hermosas como tú lloren, mereces lo mejor ¿Sabías? Si alguien te hizo daño yo puedo encargarme de él…- amenazó.
-Gracias señor, pero no es nada-
-Deja de llamarme señor, Selene… dime Dionisio.
-Está bien se… Dionisio.-
El hombre sonrió satisfecho-Ven Selene, sentemosnos- ordenó sentándose en el asqueroso heno, sin poder creer que su hermano tuviera el estómago para estar en ese lugar con olor a animal y humedad. La joven obedecio y se sentó al lado de su jefe, lo más lejos posible.
-Hay algo que he querido decirte hacía mucho tiempo- comenzó a decir, mirándola fijamente- Algo que no puedo guardármelo por más tiempo.
-¿Señor?.-
-Yo… pensé que te gustaba mi hermano Hermes ¿Sabes?- dijo con una falsa angustia.
El corazón de la azabache latió con fuerza ante el nombre de su amado. ¿Acaso lo sabía? ¿Ya se había enterado toda la familia y habían mandado a Dionisio a deshacerse de ella y su bebé?
De repente sintió ganas de salir corriendo de allí, pero cuando quiso darse cuenta la mano del hombre estaba aferrándose a la suya como un grillete.-Me gustas, Selene… me gustas hace mucho tiempo- murmuró con una voz seductora que se caló hasta en sus huesos.
-¿Qué?- No recordaba ni una sola vez en que el mayor de los Brixton le dirigiera una sola mirada, ni siquiera había creído que supiera su nombre, pero ahora estaba allí, abriéndole su corazón.- N-No entiendo señor…
-Dime Dionisio, por favor- Ordenó, apretando con más fuerza su pequeña mano- Si tan solo me dieras una oportunidad.
-Yo…- exclamó en shock.
-Puedo darte todo lo que alguna vez hubieras deseado, puedo darte seguridad para tí y tu madre, ya no tendran que trabajar nunca más, tus hermosas manos no tendrán que limpiar más pisos- Tomó ambas manos y las besó. Sin embargo, no se sintió bien, quizo quitar las manos, pero no era tan valiente como para faltarle el respeto al mayor de los Brixton.
-Yo… señor… no lo sé.- dijo bajando la mirada.
Selene vio cómo el hombre se levantaba y se sacudía la suciedad de su fina ropa. -Piensalo ¿Si? Yo puedo amarte por siempre Selene… Puedo ser un gran esposo y un gran padre….
Y con eso, el mayor de los Brixton salió del granero.
Selene estaba en shock. Claro que no amaba a Dionisio, jamás lo había visto de esa manera, es más, siempre le había dado un poco de miedo.
Sin embargo, no pudo evitar pensar en lo desesperada que estaba, necesitaba sobrevivir a costa de todo. Si quería ser madre, si quería quedarse con su bebé, necesitaba seguridad, necesitaba un esposo y un padre presente. Su bebé merecía una mejor vida que la que ella podría darle sola.
Lentamente se levantó y caminó hacia el estante, con la esperanda de encontrar dentro de la cajita alguna señal que le dijera que todo era una mala idea.
“Vamos Hermes, demuéstrame que aún me amas” murmuró desesperada, tomando la caja entre sus manos. Sin embargo, toda esperanza se hizo trizas cuando la abrió y encontró el interior vacío.
Hermes se había ido para siempre, sin darle ni una explicación.
Dolida, agarró el hilo del que colgaba el sol brillante y lo arrancó con fuerza de su cuello, ya había tomado una decisión.
-Leo… deja que tu hermana coloque la estrella, tú lo hiciste el año pasado- Dijo Selene mientras miraba por el visor de la cámara de fotos a sus dos hijos y a su esposo. El chico hizo puchero, pero cuando vio los grandes ojos negros y brillantes de su hermanita de tres años, supo que no podía negarse a esa mirada compradora que él mismo le había enseñado a utilizar- Está bien- dijo dándole a la pequeña el adorno final que faltaba para que el gran árbol de navidad estuviera completo.-Déjame que te ayude, Cielo- Dijo Hermes tomándo a la niña por la cintura y alzándola hacia la cima del arbol para que la colocara. -Esperen…- Dijo Selene acomodando la cámara y poniendo el temporizador. Luego corrió a reunirse con ellos- ¡Sonrían!-Sus dos hijos y su esposo sonrieron a la cámara, y finalmente Cielo puso la estrella, algo chueca, pero perfecta. -¡Ahora las luces!- Exclamó Leo, apretando el botón de encendido. El árbol brilló hermosamente, llenando los ojos de la niña de pequeños destell
Las cosas fueron hacia arriba a partir de ese momento. Selene y Hermes comenzaron a buscar el hogar perfecto para vivir, ni muy cerca del centro, pero tampoco tan lejos de la civilización, especialmente por los niños. Porque Leónidas tenía a sus amigos y su colegio en el centro. Además, Selene quería estar cerca de su amiga. Aún no se había ido, pero ya la extrañaba. Leónidas se unió a la búsqueda con entusiasmo, rechazando una gran cantidad de casas anticuadas y que no tenían un jardín lo suficientemente grande para que pudiera jugar al fútbol con su padre o sus amigos. Selene estaba de acuerdo con eso y Hermes simplemente no podía decirle que no a su hijo mayor. Finalmente, luego de una larga búsqueda, se toparon con la casa perfecta. Y no, no era una mansión ni nada parecido a eso. Era una casa sencilla, con un piso arriba con cuatro cuartos. Uno para el matrimonio, uno para Leónidas (el más grande) uno para la niña cuando creciera y un cuarto de invitados. Además, tenía una co
-La pequeña cada día se parece más a tí, Sele- dijo Agatha terminando de cerrar el pañal que le habia cambiado- Selene sonrió, asomándose a contemplar los grandes ojos redondos y negros de su hija. Además del cabello negro que comenzaba a crecer en su cabecita. La joven balbuceó, sacudiendo un sonajero sobre la niña, haciéndola reír- Aunque la sonrisa es la de Hermes. -Hablando de Hermes… ¿Cómo están las cosas entre ustedes? Selene cargó a su niña en sus brazos y la meció para hacerla dormir- Hemos estado yendo despacio, tú sabes algunas salidas para ponernos al día, más que nada con los niños. Aun no hemos tenido momentos a solas- dijo sonrojada. -Pero…¿Piensan irse a vivir los cuatro juntos? No es que los esté echando, sabes que me encanta tenerlos cerca, pero es lo que siempre has querido.-Lo sé…- suspiró la mujer- De hecho, Leónidas está entusiasmado en pasar más tiempo con su padre, espera ansioso a que lo visite. -¿Entonces?- Enarcó una ceja- ¿Ya vendiste la casa no? Con e
-¿Estás segura?, quizás deberíamos volver otro día- dijo Hermes frente a la puerta de la casa de su hermano. -Quiero hacerlo ahora, sino nunca más voy a tener el valor de entrar- dijo Selene abriendo la puerta de la casa. Un silencio abrumador y el frío por la larga ausencia le dio escalofríos en todo el cuerpo. El lugar que por mucho tiempo había sido su hogar ahora parecía desconocido para ella. Lentamente caminó por el living, contemplando las fotografías que allí estaban colgadas, de años de recuerdos. La azabache las delcolgó y las guardó una por una en una caja. En su mayoría eran fotografías de Leónidas en el pasar de los años. Hermes tomó una en la que se veían solo las manos de Selene quien lo estaba ayudando a dar sus primeros pasos. Se había perdido de tanto y ese tiempo jamás lo iba a poder recuperar. -Es igual a tí- Murmuró Selene asomándose por su costado y apoyando su cabeza en su hombro- Recuerdo la foto que tu madre tenía en el comedor y son idénticas.-Si…- dijo
Para su hermano, Hermes eligió un campo verde lejos de la ciudad. Un cementerio tranquilo, solo con árboles y placas en el suelo de todos los difuntos. Si bien tenía su espacio en el panteón familiar, prefirió que Dionisio descansara en paz lejos de la presión de sus padres y del apellido. Hermes se agachó frente a la placa de su hermano, que le recordaba que había muerto joven, a sus tan solo 32 años. Lentamente, dejó un ramo de flores sobre el pasto y volvió hacia donde estaba su hijo mayor, que sostenía la mano de su madre, quien tenía a Cielo durmiendo en sus brazos. Hermes se sintió alividado de que por lo menos ella no estuviera enterada de todo lo malo que había ocurrido. Convirtiéndose en la esperanza de la familia. -Adios hermano. Quizás en otra vida podamos ser más unidos- dijo con un nudo en la garganta. Selene se mantuvo en silencio contemplando la lápida del hombre que había arruinado su vida, con quien había construído una familia en base a las mentiras de ambos. El
-¿Cómo están mis hijos doctora?- Preguntó Selene junto con Hermes. Los niños estaban durmiendo en una habitación privada que Hermes había pagado con todas las comodidades. Si bien Dionisio y Hera ya no estaban para hacerles daño, pero aun así ya no quería correr más riesgos. Además, sus niños merecían lo mejor. -Los niños están en perfectas condiciones. Pero les recomiendo que pasen la noche aquí para poder vigilarlos durante toda la noche- Exclamó sonriendo- Tienen una niña muy hermosa y sana. Los felicito.La pareja intercambió miradas llenas de amor entre ellos- Gracias doctora. La doctora se retiró, dejándolos solos en la habitación. -¿Qué ocurre Selene?- preguntó Hermes al verla mirando la luna a través de la ventana con una expresión de nerviosismo. -Aún no le he dicho a Leo lo de su padre- Murmuró mirando de reojo a su niño que estaba concentrado jugando a los videojuegos. -¿Quieres que los deje solos así hablas más tranquila?- Preguntó preocupado. Selene entrelazó su p







