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Cómo si fuera Amor

Author: Anne Zamora
last update Petsa ng paglalathala: 2022-02-19 12:58:06

Erika Camel 

Desperté un poco adolorida, me ardía entre las piernas, y la pelvis la sentía como si hubiese corrido una maratón; de hecho eso era  exactamente lo que había ocurrido, un maratón de sexo intenso. Recién me di cuenta que el cuerpo desnudo de Derek Meyer estaba junto al mío, y me volví a sentir radiante.

Si antes quería tenerlo en mi cama, ahora lo necesito con desesperación en mi vida. Este hombre tienen que ser mi amante, mi folla amigo, mi amigo con derecho... lo que sea, pero lo necesito en mi vida.

Sus brazos bronceados estaban sobre mi, ¿abrazándome?, ¿podría alguien ser tan violentamente vehemente y tierno a la vez?

Todo en Derek Meyer era fuego, era tan pasional que ponía el corazón en todo lo que hacía. Nada en él me recordaba a Mark.

Incluso después de los sucedido durante la madrugada sentía asco de mi decadente y aburrida vida sexual. Me sentía plena, viva junto al alemán talla extra grande que me había destrozado la entrada de la vagina. ¡Diablos! ¡Por que si que me ardía! Lo que ese hombre llevaba entre sus piernas no podía ser normal. ¿Demasiado grande y gruesa? ¡Si!, sin duda alguna.

Con extremo cuidado de no despertarlo, trate de desprenderme de la cálida sensación de estar pegada a su pecho desnudo.

Me puse de pie con cuidado. ¡Santo Padre! Me dolía hasta el pelo.

Lo contemplé con malicia desde un costado de la cama.

«Erika Camel lo conseguiste» me dije vanagloriándome de mi cacería, «Conseguiste comerte a ese semental alemán  delicioso».

Sintiéndome orgullosa por mi hazaña me encaminé al baño pavoneándome, no sin antes volver a observar el cuerpo desnudo de Derek. Derek Meyer, presentía que sería mi próximo dolor de cabeza en los próximos días, ya podía imaginar su cara cuando supiera que yo era la Empresaria Érica Camel.

Aparté de mi mente los estresantes pensamientos y abrí el flujo de agua  de la ducha. Allí me mantuve durante más de diez minutos; caliente, el agua humeante limpio mi cuerpo y renovó mis energías. Mi vuelo de regreso no era hasta las 3:00 de la tarde así que tendría unas horas para descansar antes de meterme a un avión por ocho largas horas.

Solo esperaba que Derek Meyer no volara conmigo, porque me vería en la imperiosa necesidad de esconderle mi pasaporte.

No podía tener tan mala suerte, tantas areolinea y tantos vuelos no podía haber tanta coincidencia.

Un sonido detrás de mi me sorprendió. Derek Meyer estaba de pie, recostado sobre un costado de su cuerpo a la pared. Sonreía sensualmente, de esas sonrisas que cortan la respiración. Su rostro tenía un aspecto  infantil tras los efectos del sueño. 

Su cuerpo desnudo parecía una escultura tallada por Miguel Ángel, mas lo mejor de todo era su prominente erección ataviada con un preservativo. Siempre he sabido que muchos  escuchado que los hombres despiertan con ese pequeño problemita, pero en este momento eso no resultaba a ningún problema, y de pequeño no tenía absolutamente nada.

Caminó hacia mi y se metió conmigo bajo el torrente de agua caliente. Sonrió otra vez, se mordió los labios y me beso con un beso cargado de morbo, de sexo, y de ternura.

¿Acaso había enloquecido? Un beso no podía expresar tantas emociones, ¿O si?

Me entregué a su ataque a mis labios, y saboreé su aliento, que a pesar de él haber despertado hacia breves segundos me supo a gloria.

—¿Cómo dormiste Julie? —preguntó besando mis hombros mojados. —¿Dormir? ¿Te refieres eso que hicimos casi al amanecer?—bromeé abiertamente. Él palmeó mi trasero en respuesta.

—Hmmm— gruñó dramatizando enfado— No te dejé dormir y no pienso dejarte bañar—afirmó vehemente, no tuve tiempo de reaccionar. Rápidamente me volteó  y quede de frente a la pared, él tomó mis manos y las apoyo en los fríos azulejos.

Derek pegó su cuerpo al mío y sus manos recogieron mi silueta mojada. Gemí ante su toque que se fue haciendo más exigente y audaz. Su mano se estampó contra mi sexo y palmeó suavemente haciéndome vibrar. La polla rozaba  mi trasero y el devoraba a besos mi espalda y mi hombros. Si mano viajo mi cuello tratando de alcanzar mi boca desde esa posición. Giré la cabeza entregándole mi boca para que me besara a su antojo.

La mano derecha del alemán apretaba mi seno enviando electricidad a todo mi cuerpo.

Me pegue a los azulejos fríos, y la temperatura  hizo contraste con mi cuerpo ardiente.

Él estampó su cuerpo contra el mío y me aprisionó con su fuerza. Su rodilla separo mis piernas y me masajeó el clitoris. Su boca  me erizaba la piel del cuello, el lóbulo de mi oreja entre sus dientes era una sensación demasiado morbosa.

Su mano acomodó su miembro en mi canal y me penetró suavemente  para luego retroceder. Un gruñido gutural abandonó su garganta y me empaló con un fuerte empellón.

Esta vez fui yo la que grité como posesa.

Derik mordió mi espalda una y otra vez mientras que me embestía enloquecido. Una y otra vez su miembro entró y salió de mi  con una cadencia absolutamente deliciosa. Sus dos manos sobre mis caderas reforzaron su agarre apretándome más fuerte, para colisionarse más fuerte contra mi trasero.

Él clavó sus dientes con morbo en  mi espalda cerca de los omóplatos, y la sensación de dolor mezclada como placer me hizo jadear.

—¡Más!— pedí con voz entrecortada y casi sin aliento por la violencia de los movimientos con los que me azotaba todo el cuerpo.

—¡Ju-Julié!— él gimió mi supuesto nombre, pero me obedeció y aumentó la fuerza.

Su pelvis chocando con ímpetu contra mi trasero, sus manos apretando mi carne, y su polla en mi interior amenazando con romperme me elevaron rápidamente a las cimas de un orgasmo sin precedentes.

Derek gimió como un loco, y se vació en mi mordiéndome otra vez. Aún latíamos juntos unidos en nuestro centro.

Nos separamos y nos relajamos un poco. Derek preparó la tina y tomamos un baño relajante.

Yo salí antes del baño, dispuesta a vestirme para regresar a mi habitación, quizás descansaría un tanto para luego partir.

—No te vayas aún Tsunami— pronunció con voz ronca aún metido en la bañera, su forma  de mirarme me prendió de nuevo—¿Desayunas conmigo?

—¿Tsunami?— inquerí sonriente

—Si, ¿cómo te llamo sino?, si has arrasado conmigo.

—Es usted insaciable señor Derek— murmure coqueta sintiéndome su única cómplice en el mundo y me acerque a darle un beso tierno.

«”Tsunami”... me encantaba que me llamara así, eso significaba que él se sentía prendado a mi»

Después de el baño pedimos un desayuno tardío a la habitación, acompañado con Champagne y fresas. Comí como famélica, estaba hambrienta, después de una noche y una mañana tan pasional e intensa. Vestida únicamente con una de sus camisas me sentía tan suya, que el pecho se me apretó ante ese nuevo sentimiento que se acababa de despertar en mi.

Después de comer nos acostamos ambos sobre nuestra espalda mirando el techo, sin saber que decir hasta que él decidió seducirme con caricias sutiles, hasta volver atrapar mi boca en  el beso más romántico que recordaba en toda mi existencia.

Esta vez no follamos, esta vez me hizo el amor despacio, pero fue igualmente intenso. Fue una experiencia demasiado cautivadora y hermosa. Mi vida sexual había pasado de ser frustrante a ser totalmente plena y satisfactoria y todo por mi alemán sexy y ardiente.

Nos quedamos en la cama sin preocuparnos, no existía nada más, aún tenía bastante tiempo antes que tener que partir a la terminal aérea.

Hablamos de disímiles temas, pero me encantó su forma de ver la vida. Éramos muy parecidos en muchos aspectos, incluso hasta en la manera de entregarnos al trabajo, y manejar los negocios.

Me sentía tentada, si lo hubiera conocido en otras circunstancias y él no odiara todo lo que representaba mi verdadero nombre, yo misma le hubiese  pedido matrimonio de rodillas y con su verga enorme en mi boca.

Luego de eso debía partir, tenía ya el tiempo exacto para llegar a alcanzar el check in del aeropuerto. Me dio un abrazo rápido pero sin soltarme de sus brazos me miró a los ojos y me beso de forma vehemente.

—¿Está es la despedida?— preguntó y yo respondí con otra pregunta. Me era difícil hablar, pues la verdad era que no quería dejar aquella habitación. Podría mudarme a Alemania si él me lo pidiera.

—¿Volveré a verte Derek Meyer? — pregunté ansiosa porque me volviera a besar, y el capto mi deseo porque eso fue exactamente lo que hizo: besarme como si fuese el amor de mi vida.

—Estoy seguro que si Julie, es un hecho que nos veremos otra vez. Ya soy adicto a ti.

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