Se connecterDominico Mayer
Siempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro.
Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer.
No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos.
Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posible. Es que yo tampoco era un caballero de brillante armadura como Derek, y a un cínico como yo no le queda bien el papel del príncipe azul… y a Julie tampoco le saldría el libreto de la damisela en apuros. Bien dice Derek que ella es mi versión en femenino.
Tan pronto solté la propuesta, Ella se quedó mirándome como si hubiera rezado un verso del Sagrado Coran, con los ojos como platos y absolutamente azorada.
—No me mires así… ¿Qué vamos a hacer entonces? ¿seguir jugando? ¿hasta cuando Julie? — pregunté con sarcasmo—¿Hasta que vayas tras de mí a un bar y un tipo me meta un balazo por defender lo que es mío? ¡ah no! Eso ya casi pasa esta noche!
—No, no me malentinedas, ni te largues a Groenlandia otra vez. No es que no quiera Dominico. Es solo que me tomas por sorpresa… tal vez deberíamos esperar... las relaciones me asustan y con lo que me propones no haces la ma cosas más fácil para mi.
—¿!Esperar exactamente que!?¿Dime Julie!¿¡No podemos ser algo serio!?, pero tampoco podemos ser solo amigos— espeté devorándola con fuego de la mirada —¿Qué sugieres que haga? —insistí esperando una respuesta de su parte.
—No lo se— espeto confundida.
—¿Quieres una boda con seiscientos invitados y un puto Roll Royce blanco esperándonos. Si eso quieres dímelo y lo conseguiré para ti.
—No... ese no es mi sueño.
—Te conozco Julie, se que ti no eres de las que sueña entrar a la iglesia con un vestido blanco o pasarte meses organizando una boda. Tú no eres de amores tradicionales... como tampoco yo lo soy.
—Tienes razón —aceptó con timidez.
—Pero si eres de amores para toda la vida, y eso es lo que yo te ofrezco. No importa las condiciones en que se dé la unión, sino las promesas que van implícitas en ella. Y no importa que me case contigo aquí en Las Vegas en una boda de cuatrocientos dólares ... o que nos casemos en un año con mil invitados y nos gastemos casi un millón de dólares, mi promesa será la misma... y esa es la convicción absoluta de que te amare la vida entera, sin vuelta atrás, ni devoluciones, sin arrepentimientos. Si eso es lo que quieres, eso es lo que te ofrezco. Ahora dime...¿que hacemos?—pregunté con vehemencia.
—¿Que te parece si primero consumamos el matrimonio y después buscamos una capilla abierta en plena madrugada en esta ciudad?
— ¿¡A lo Elvis y Marilyn!?— espeté sonriendo — si no nos casamos así, pues no quiero nada—me burle y ella rodo los ojos. Era increíble que yo bromeara en un momento tan emotivo.
—Dominico Mayer… pretender que me case contigo en Las Vegas está bien, pero querer que nos case el mismísimo Elvis Presley ya es avaricia— bromeó acortando el espacio entre nosotros. La tensión no había desaparecido y continuábamos ambos con muy poquita ropa, y yo con una maldit@ erección que amenazaba con reventarme las venas de la poll@.
—Soy avaricioso cuando se trata de ti, Julie Peterson — exprese acercándome a ella para fundir su cuerpazo con el mío. Me terminé de desnudar y me acerqué a ella, tomando su mano y colocándola sobre mi falo enarbolado para que me masturbara despacio, necesitaba sentirla y que ella me sintiera. Lo hizo dispuesta sin chistar, y relamiéndose los labios del placer, su mano pequeña recorría mi longitud de norte a sur haciéndome jadear.
La terminé de desvestir mientras que Julie seguía con las demasiado ocupadas para lograr hacerlo por ella misma. Se había entregado de lleno a la tarea de darle placer y parecía estar disfrutándolo demasiado.
Julie se arrodilló frente a mi, y enrede las manos en su cabello castaño claro, ella no prestó atención a mis jadeos y siguió masturbándome para luego intentar alojar los veinticuatro centímetros de mi miembro en sus fauces, era fascinante sentir chocar mi glande contra su garganta apretada.
Una cosa era pretender engullirme , y la otra lograrlo, y estaba claro que, por mucho empeño que pusiera, era una proeza impracticable, con lo cual, tras el infructuoso esfuerzo decidió relajar sus mandíbulas y seguir lengüeteando el glande rosado.
—¡Más Julie!— pedí acariciando su cuero cabelludo. Lo que estaba haciendo me estaba remontando al cielo y trayéndome al infierno de una maldit@ vez. Si seguía con esa cadencia tendría que apelar a mi experiencia para evitar correrme en su pequeña y deliciosa boca. No quería eso, quería disfrutar de la antesala de mi noche de bodas, porque era un hecho que hoy me casaría, en alguna icónica capilla de esta ciudad del pecado.
Ella seguía concentrada en lamerme completo y para estas alturas ya me tenía con la cara descompuesta por el placer y articulando una gozosa sonrisa.
—Eres mi put@ diosa —manifesté mientras recuperaba un poco el aliento tratando calmarme y no terminar lo que estaba a penas empezando. Apreté los dientes para afuantar el cosquilleo que me viajaba por las piernas al verla ella allí, de rodillas al piso y con mi poll@ en la boca disfrutándome.
Ella tomó mi frase como un cumplido, y levantó su mirada para chocarse con la mía, aún permaneciendo arrodillada y mordiéndose los labios rojos por el roce de hace un instante. Pasó la lengua experta por mis testiculos haciéndome gemir su nombre.
La ayudé a ponerse de pie disfrutando de las vistas curvilíneas que me daba su cuerpo absolutamente esbelto y grácil. Julie tenía lo que tenía que tener donde lo tenía que tener. Toda ella era una delicia para mis sentidos .
—¡Joder! ¡Cada día estás más buena Julie!— la nalgue y ella sonrió con picardía.
Es que Julie parecía realmente una modelo. Con sugerentes y sensuales curvas, un culazo de muerte lenta y un par de pechos que parecían dos joyas dignas de la corona. Definitivamente hay cosas que tiran más que cuatro carretas, porque sin duda alguna esta noche me casaría con esta diva, ya no permitiría que su juego se extendiera un minuto más sin que me perteneciera en cuerpo, alma y además legalmente. A mi no me iba a ignorar, ni se iba a escapar otra vez con esa tontería de lo qué pasa en las Vegas se queda en las Vegas.
Me deje caer al sofá y la atraje hacia mi. Ella cruzó su pierna para montarme, se apoderó de mi miembro inmediatamente y se lo introdujo dejándose caer de poco en poco para no lastimarse.
Inició una lenta cabalgata acostumbrándose a mi tamaño, hasta sentirlo completamente dentro. Luego haciendo una mueca entre placer y dolor fue acelerando el ritmo progresivamente con movimientos pélvicos que se intensificaban por momentos.
Enloquecido por ella me apoderé de sus senos redondos y duros apretándolos con firmeza «como si quisiera vaciarlas», acerqué mi cabeza para besar entre el monte de su pecho, y para no dejar ni un solo centímetro de piel sin lamer. Me concentré en sorber y mordisquear los pezones, mientras ella saltaba, y danzaba enérgicamente sobre una poll@ impregnada de sus fluidos.
Los gemidos de Julie se acentuaron en cantidad, intensidad y volumen en busca del segundo orgasmo de la noche. De pronto se detuvo y se acercó para susurrarme algo al oído.
—¡Fóllame más ! —murmuró subiendo mi propia excitación a la estratosfera—¡Fóllame y convénceme de casarme escondida y de madrugada!— me exigió y se bajo dándose la la vuelta y colocándose a cuatro puntos.
No puedo decir algo diferente a que quede boquiabierto, encantado y absolutamente fascinado admirando el insinuante trasero redondo completamente a mi merced.
Me acerqué extaciado con la verg@ en la mano masturbándome despacio. Coloqué el glande en la entrada del húmedo canal y me encaje en ella hasta que mi pelvis topó con sus duras nalgas. Comencé a mover mis caderas despacio, tratando de controlarme. Aun gimiendo de gusto, me reclamó más contundencia con los acompasados movimientos de mis caderas.
—¿!Qué quieres¡? ¡dímelo!— la insité a hablar y casi sin aliento me respondió.
—¡Quiero más!¡Mucho más Dominico!— gimió
Aumenté el ritmo, y el sonoro y sordo chapoteo de mi cuerpo colisionándose con el suyo acompañó a los jadeos de ambos . A Julie solo parecía interesarle el momento en que mi verg@ amartillara su sexo con persistencia y se le clavara hasta el tuétano. No le importaba su dolor, o que estuviéramos ambos bañados en sudor.
No resistí la tentación que me daba la vista y saqué mi miembro ganándome por ello un sonido a modo de reproche.
A continuación tome el miembro y lo alojé entre las nalgas, deslizando el penê empapado entre ellas.
—¿¡A que juegas Dominico!? ¡No me tortures y fóllame , Dominico!— me rogó.
Sonreí de tenerla así, ansiosa y pagando su huida de la primera noche. Ya no la follaba como el caballero de brillante armadura de la primera noche; ahora era el amante exigente al que ella se le había escapado por no mostrarle a tiempo que sabía hacer magia con la bara mística que me colgaba entre las piernas.
Ella quería que la follara, y yo no pondría ninguna objeción para acatar su orden, ahora bien, no lo haría al pie de la letra. Posé el glande en la entrada el ano y presioné ligeramente. Julie se quejó y emitió un leve grito. Era la primera vez que el pequeño orificio recibía la visita de un invitado. Al parecer ella nunca antes había considerado practicar el sexo anal, y mucho menos con un huésped de semejante calibre.
Julie se tensó de inmediato al sentir la punzada de dolor cuando presioné un poco más , y con cada centímetro que se adentraba en su interior el tormento se incrementaba.
—¡Para!... que me haces daño, —se quejó.
—Me estabas pidiendo polla, Julie. No me vengas ahora con dudas, —acaricié sus nalgas y con una mano comencé estimular su clítoris hinchado para lograr que se relajara.
Ella ahogó el grito y encajó las uñas en la cama. Preparada para aguantar « como un hombre» lo que se le venía encima, pero en ningún momento se quitó de la posición. No relajo el cuerpo durante un instante, y en cuestión de segundos aparecio el placer haciéndole olvidar el dolor y la molestia de la invasión. Comencé a moverme de forma lenta pero sin pausas, pero ya era obvio por sus jadeos que ya no dolía solo la elevaba al extasis, y ella me instaba a percutir cada vez más fuerte ofreciéndome el culo al chocarlo con fuerza contra mi pelvis. Ya no habían quejas, solo gemidos placenteros, Julie gritaba de placer mientras yo me enloquecía un poco más dentro de ella.
—No me digas que no te gusta, Julie, —articulé a su oído otra vez acariciando sus pliegues empapados
—Me encanta. ¡No pares! —murmuró ella .
—¡Eres mía!, ¡mi Jul!— dije con total posesión mientras seguía encajándome en ella una y otra vez.
—¡Soy tuya como jamás fui de nadie!— respondió y eso fue más que suficiente para mi .
El placer se intensificó para ambos y la tomé del pelo para tirárselo y hacer arquear su espalda reafirmabo mi agarre sobre ella. Su orgasmo estaba en la puerta y ambos podíamos sentirlo. Con dos estocadas más su cuerpo entero respondió y toda la magia del momento estalló para los dos. El cuerpo entero le convulsionó en un orgasmo sin precedentes… un orgasmo distinto y que ella ni sospechaba que podía llegar a alcanzar. Me vacié en ella con un sonido gutural convulsionando en temblores y me deje caer a un lado sudado y extenuado.
Julie se quedó tendida boca abajo completamente satisfecha, aunque un poco dolorida.
—¿A que hora es la ceremonia a Elvis? —preguntó ella sin haber recuperado el aliento.
No podía negar que lo había disfrutado, pese al suplicio inicial.
—Cuando quieras Marilyn— respondí besando su hombro.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







