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Boda Premium

Author: Anne Zamora
last update publish date: 2022-07-28 08:09:18

Julie Peterson

Si alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.

También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara  a todo tipo de público.

Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho  que terminaríamos casados. 

Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.

¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil  bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.

Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era  la capilla más famosa de Las Vegas. Fue la primera en ofrecer bodas con Elvis y sigue siendo la más auténtica. En sus más de setenta y cinco  años de existencia, ha acogido el rodaje de decenas de películas y ha sido testigo de las bodas de multitud de famosos. Y ahora sería testigo de un semental Alemán  conmigo… aunque aún me pareciera del todo increíble. Si alguien me hubiera dicho que viajaría a Las Vegas a una convención y regresaría casada con Dominico Mayer, pues me hubiese reído en su cara.

Así, que si tanta gente se casaba de esta forma no debía ponerme tan nerviosa. No importaba que mi padre no estuviera, o que no estuviera Érika, ellos entenderían, o eso quise creer. La única persona que necesitaba allí era Dominico, y se le veía feliz y deseoso por llamarme esposa de una buena vez.

—¿Estas seguro de esto? — le pregunté otra vez, solo por rutina.

—Si quieres te embriago, Jul— propuso con una ancha y hermosa sonrisa. —Yo estoy más que seguro, pero si tú no lo estás me avisas y nos escapamos juntos—comentó con tono absolutamente cómplice.

—¡Eres el novio Dominico! Se supone que no te deberías escapar conmigo. Si quisiera escapar supuestamente sería de ti.

—Después de lo que hicimos esta noche dudo que te quieres escapar— se vanaglorió y estaba en lo  cierto. No me imaginaba teniendo sexo casual con otro hombre que no fuera mi flamante futuro esposo.

Llegamos a la capilla, pagamos el importe acordado y Dominico compro allí el anillo de fantasía más feo que había visto en mi vida. Hice una mueca cuando me lo mostró, y él también miró la joya falsa tratando de recordar si había visto una más fea.

—Tranquila, es parte del proceso— me aclaró— podría pedirte  que uses esta alianza  siempre de ahora en adelante, pero ciertamente no soy tan malvado.

—Ni muerta  lo haría— respondí rápidamente— Esta feo ese anillo con F de foca.

—Cuando lleguemos a New York lo cambiamos por algo lindo como tú, Jul— ofreció tratando de calmar mis nervios. —Podemos escoger justos algo en Tiffany, a fin de cuentas ya no será sorpresa, pues a esas alturas ya estaremos bien casados.

—Me parece bien, ahora dame mi espacio y vete junto al juez de paz  a ver si logras esconderle la botella de licor mientras dure la ceremonia que ya  parece estar borracho— pedí comenzándome a asustar.

—Solo no me dejes plantado, ¿si?— murmuro contra mis labios besándome una vez más  y se encaminó al otro lado de la  capilla.

Definitivamente no entendía que pintaría el personaje de Elvis Presley en nuestra boda, pero allí estaba el tipo tremendo parecido con el icónico y ya desaparecido rey del Rock and Rolls .

Cuando todo estuvo listo y llegó el momento de caminar hasta al altar, el rey del rock and rolls tomó mi brazo y casi me escandalizó. Me miró fijamente casi con parsimonia y me pasó un ramo de flores bastante bonito, debo decir.

Era un puto hecho que ese tipejo sería el padrino, y además de eso me entregaría como si fuera mi padre.

Una rubia oxigenada que no había visto  hasta ese momento estaba junto a Dominico disfrazada de Merilyn Monroe, ella sería la otra testigo de nuestra anacrónica unión.

Le lancé una mirada fulminante a Dominico, esta boda era una total locura. Alguno de los dos debía entrar en razón, pero él sin embargo se veía tan feliz como perro en alboleda. Me dio una sonrisa de esas que me bajaban las bragas y me olvide que todo eso estaba mal.

Me olvidé de Elvis, de Merilyn, e incluso de el juez borrachos como cuba- quién dijo «cuba» ese ministro debía estar como una barrica de roble de esas la que conservan el vino- me olvidé hasta de mi miedo.

Comencé a caminar de la mano de Elvis, hasta llegar hasta el altar.

Había un camarógrafo grabando la boda en alta definición, pues el paquete nupcial incluía un video en alta definición….

Ooobviamente  que me tenían que dar pruebas de la Locura que estaba a punto de hacer, para ponérsela de mal ejemplo a mis hijos…para mostrarlas como argumento de porque no casarse en Las Vegas. Y no era por Dominico… era por todo lo demás.

Cuando llegue frente a Dominico el oficiante, se había plantado de pie allí, y dijo unas palabras que si obviamos lo enredadas que le salían las palabras por su estado etílico, podría decir que fueron emotivas.

El hombre con cierto aburrimiento hizo las preguntas de rigor y se dirigió  primero a Dominico.

—Señor Dominico Mayer, ¿acepta usted como esposa a la señorita Julie Peterson, en la salud y en la enfermedad, para amarla  y respetarla, hasta que la muerte los separe ?

—¡Si!¡Acepto! — expresó Dominico rápidamente mirándome a los ojos. Para ese momento ya la rídicula ceremonia había logrado emocionarme y las lágrimas estaban a punto de rodar por mis mejillas.

—Y usted Julie Peterson, ¿acepta a Dominico Mayer como esposo para amarlo y respetarlo, hasta que la muerte los separe ?

—¡Si!¡Aceptó!

—Bien ahora los votos matrimoniales— pidió el hombre y tanto Dominico como yo lo miramos rápidamente.

—¿Teníamos que traer votos? — preguntó Dominico y yo espere la respuesta.

—Así  es muchachos. Los redactan, los dicen y se los montan ustedes mismos. «Cómo los muebles de Ikea».

Quede boquiabierta con la respuesta descarada de aquel hombre y mire a Dominico con una mueca en el rostro.

—¡Empieza tú!, ¿si?— le ordené y él hizo un gesto para protestar, pero finalmente se resigno.

—Yo Dominico Mayer te tomo a ti como esposa Julie Peterson y prometo  hacer lo que sea para que te den esos ataques de risa que no puedes parar— tomó sus manos en las mías y continuó — Como este anillo, sin principio ni fin, así será mi amor por ti—musito rodando el anillo horroroso— Que la sinceridad, el respeto, la pasión y el amor sean siempre los valores que sustenten lo nuestro y prometo que nunca nos iremos a dormir enfadados y haré todo lo que pueda para desenfadarte siempre. Prometo cuidarte

Para cuando llegó mi turno ya estaba emocionada hasta el tuétano, pero intenté hacerlo lo mejor que pude.

—Yo Julie Peterson te tomo a ti Dominico Mayer como esposo y prometo compartir mi vida, los sueños, las risas y las lágrimas. Caminar siempre a tu lado como tu mujer, tu amiga y tu fiel amante— el acortó aún más el espacio entre nosotros viéndome intensamente a los ojos— Prometo aguantar tus extraños gustos musicales cuando vayamos en el coche—expresé y él ladeó la cabeza mojándose los labios—Te querré hasta cuando me pongas de los nervios. Prometo no ocupar tu lado del armario e invadir tu espacio. Pero sobre todas las cosas me siento muy afortunada de haberte encontrado en este camino, y de que me ames tanto como yo te amo a ti.

A punto de besarnos e importando nada lo que dijera el juez nos abrazamos hasta que el hombre no le quedó más remedio que dar por terminado su trabajo allí.

—Si no hay nadie que se oponga, y basado en el poder que me da ser juez de paz y n el estado de Nevada, los declaro Marido y Mujer. Puede usted besar a la novia.

Nos besamos con urgencia delante de Elvis y Merilyn que aplaudían con euforia, en la ceremonia más tragicómica que pude haber imaginado. Ni en mis más locos sueños pude haber fantaseado con una boda así.

Salimos de la capilla en la limosina de recién casados que obviamente estaba incluido en el paquete «Premium» de boda que habíamos pagado.  El cárter lumínico de «Recién Cazados» se vería desde la luna.

Así devorándonos con  saña con la autorización que significaba estar  casados legalmente, recorrimos la ciudad dentro de aquella limosina de colores brillantes. Nos dirigíamos nada más y nada menos que a llevar a cabo la Versión 2.0 de la noche nupcial, es que ahora si teníamos realmente un matrimonio real y válido  que consumar.

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