INICIAR SESIÓNDEREK MAYER
Mi plan está sencillo. Debo admitir que era así, pero tomaría a Érika por sorpresa porque no se lo esperaba. Cenaríamos en el restaurante a donde la invite por primera vez al actual no pudimos entrar por encontrarse Rocci en el interior del mismo, allí tenía la banda de música preparada para compartir un hermoso momento. Luego iríamos a la marina, donde en mi yate nos estarían esperando con una pequeña recepción de su padre y a su hermana. Allí me aseguraría de pedir la mano de su hija al señor Camel tal como demandaban las buenas costumbres… para ella era muy importante su familia, y para mí no había nada mejor que hacerla sentir plena. Por último, escritos en la vela principal del yate estaría la proposición de matrimonio escrita con letras rojas y doradas.
Planeaba que todo esto se llevara a cabo antes de la media noche. Tampoco se trataba de agotar a Érika debido a su estado y a mis planes posteriores.Para terminar la noche con broche de oro nos iríamos a una Suite Presidencial del hotel Ritz New York, que era la habitación más parecida que pude encontrar a aquella Suite que compartimos en Fráncfort la primera noche que pasamos juntos. Ese cuarto que había reservado era una réplica exacta de la Suite de Alemania, así que creía que ella apreciará este detalle.
Allí le haría el amor tan lenta y concienzudamente como mis deseos por ella me lo permitieran. Había pasado más de un mes en los que solo me lo tenía que apañar con sus besos y sus caricias, pero nada de penetración o pasar de los preliminares.Al fin mi mujer apareció en la parte más alta de la escalera. Se veía realmente encantadora, con el cabello recogido y luciendo el vestido plateado era un espectáculo digno de ver. Estaba seguro hoy más que nunca que no existía mujer mas hermosa y cautivadora que ella. Era un hombre con suerte, mire a su padre que estaba a mi lado contemplando a su bella hija que lucia como una novia esta noche.
—¿Soy un hombre con suerte? ¿Verdad? —pregunté totalmente hipnotizado por la ninfa de cuerpo perfecto que había comenzado a descender la escalera aguantándose de la barandilla con una mano, y con la otra mano sostenía la cola del vestido para evitar tropezar.
—El más suertudo de todos— Respondió el señor Alejandro palmeando mi hombro. —Pero es tan linda como complicada. Así que necesitaras toda esa suerte para vivir toda una vida con ella.
Sonreí concentrado con la mirada fija en Erika, era imposible que me pudiera sentir más enamorado que lo que me sentía en ese momento.
A esa bandida le gustaba hacerme babear por ella… sonreía coqueta sabiéndose deseada por mi y admirada por su padre. Mas como no hacerlo, si ese vestido le quedaba entallado como un guante, no me equivoque ni un poco en sus medidas al escogerlo, y no era de extrañar si conocía y tenía grabado a fuego en mi memoria su cuerpo esbelto como el mío propio y aunque ya estaba apareciendo un pequeño huevito en su abdomen, seguía teniendo ese cuerpo de infarto que podría detener el transito.
La cintura angosta, las caderas redondeadas, y su fascinante busto era lo mas sensual que hubiera visto jamás. Lo mejor de todo…! era mía¡ y saber que me pertenecía era más efectivo que una de esas pastillitas azules para mantenerme constantemente excitado.
Ella llego a la primera planta y se acerco para que le besara los labios, después de acercarse a besarle la mejilla a su padre.
—¡Te ves hermosa! —susurré a su oído una vez que la tuve envuelta por mis brazos. —Absolutamente hermosa.
—Tú también te ves muy bien—respondió con una expresión picara en los ojos. Esas justamente habían sido las palabras que nos habíamos dicho cuando nos reencontramos en New York por primera vez. —Tu hoy estas más apuesto que el mismísimo príncipe Encantador —murmuro escondiendo el rostro en el hueco de mi cuello. —¿Es que hoy había algo tan especial? ¿Algún evento que olvide? —preguntó y se separó un poco para verme directamente a la cara. Negué la cabeza, no quería que descubriera su sorpresa antes de tiempo.
—No hay nada especial en llevar a mi hermosa mujer a cenar. Además, ¡Tú eres la especial! —pronuncie con sinceridad perdiéndome en lo profundo de sus ojos negros. Ella enarco una ceja juzgando mi respuesta y le di un pequeño beso en la nariz con cuidado de no arruinar su maquillaje. — Si, ¡no me veas así!, tú eres la estrella esta noche, yo solo traté de verme a la altura de tu belleza—confesé ganándome su mirada de divertido reproche.
—¿A si? —inquirió dudosa. —¿Yo la estrella y tu solo un acompañante? ¿Con ese traje? — sonreí… porque era la segunda persona que se refería a lo impactante del traje Armani. Si a ella le había agradado como se me veía… pues había valido la pena cada maldito peso que había gastado en obtenerlo.
—¡Pues claro! ¡Si no fuera así la gente que nos viera juntos no dejaría de comentar… el cómo una mujer tan hermosa como Erika Camel se pudo enamorar de un hombre tan feo, huraño y descuidado como este servidor!
Erika estalló en carcajadas, y su padre negó con la cabeza al escuchar mi comentario sagaz. Ambos nos despedimos del padre de mi mujer y de la señora que junto a él la había criado fungiendo como su nana. Nos dispusimos a salir de la casa y la acompañe hasta la puerta del copiloto para ayudarla a entrar al Aston Martin.
Salimos del patio escuchando los primeros acordes de Perfect en la radio. La música no solo atravesó el silencio…sino que cruzo con fuerza inusitada por mi interior.
I found a love for meDarling, just dive right in and follow my leadWell, I found a girl, beautiful and sweetOh, I never knew you were
La letra me afectó más de lo que me gustaría reconocer y busqué con la mirada el perfil del rostro de Erika en la oscuridad, estaba distraída observando el transito nocturno, pero aun así la sentía como la cómplice que la vida me había regalado. El pecho se me lleno de un sentimiento tan intenso que creí que tendría que detener el auto para besarla, mas bien eran miles de sentimientos que me hacían sentirme más hombre. A mi lado viajaba mi mujer, la compañera de mi vida, la madre de mis hijos… si eso no era la dicha… pues entonces nunca sabría lo que era ser inmensamente feliz.
{***}
Entramos al restaurante Eleven Madison Park, tomados de la mano demostrando que no nos importaba un carajo el que nos vieran juntos, después del escándalo que había empezado Mark Weber y al cual Rocciane Drake le había puesto la cereza del pastel. Éramos ciertamente una pareja imponente, digna de admirar.
—No sabia que habías escogido este lugar para cenar. Cuando me invitaste no pensé que seria a un sitio tan público—comentó, pero sabía que el que la gente nos mirara no la afectaba.
—¿Qué te puedo decir? —me alce de hombros —Te debía una cena aquí… ya iba siento hora de resarcir mi error.
—No fue un error marcharnos aquella noche… Disfrute mucho mas en tu apartamento de las torres a las afuera de Manhattan…
—Tienes razón… Debí planear esta cena en mi apartamento de soltero—solté atrayéndola a mi para besarle el cabello.
Las amigas vagas de Rocci, estaban en una mesa cercana a la puerta y se voltearon boquiabiertas al vernos entrar. Erika no se dejo provocar ni un poco y camino de mi mano como la reina empoderada que estaba acostumbrada a ser.
El Maître de la emblemática instalación nos llevo directamente a una mesa apartada y reservada especialmente para nosotros para la ocasión.
La decoración era soberbia, y sabia que mucho de eso se debía al excelente trabajo de mi asistente, que había sido la encargada de organizar los detalles logísticos con la floristería más exclusiva de todo Manhattan. Había peonias, tulipanes y rosas rojas por todas partes. Una pasarela de pélalos rojos guiaba hasta la mesa y también el pulcro mantel estaba salpicado con pétalos rojos como la pasión.
—¿Tu hiciste todo esto? ¿Por mi? —pregunto emocionada sin poderse creer o que estaba ocurriendo…—pero… ¿En que tiempo, si a penas te he dejado retirar en los últimos días?
—¡Heyy! ¿qué es eso? ¡No es así!… Más bien será que respiro por ti.
Esta vez me importó una m****a su maquillaje y le devore la boca con un hambre enorme, solo me obligue a sepárame de ella por la llegada del camarero a ofrecer la botella de champagne sin alcohol que tenía prevista.
—No puedo brindar —alego algo desilusionada —por mi estado no es aconsejable…
—Esta bebida no tiene alcohol cariño, esta noche no me permitiría brindar solo por un futuro que nos compete a ambos.
Se descorchó la botella y el camarero sirvió la primera copa pasándosela a Erika, la segunda copa llego a mis manos y ambos alzamos las copas para bridar.
—¡Por nuestra felicidad! — pronuncio con la emoción ganándole…
—¡Por ti Erika! ¡Porque tú eres mi única felicidad! ¡Tú y nadie más que tú!— se le llenaron de lagrimas los ojos y la contuve en mis brazos. —¡Eres lo mejor de mi vida, junto al pequeño retoño que llevas en tu vientre… —Me contuve para no develarle que lo que esperábamos era una “Mini Erika”, que me llenaba de orgullo, y que esperaba que fuera igual de fuerte y decidida que su hermosísima madre.
Tomamos asiento y sirvieron el primer plato, brindamos viéndonos a los ojos en medio de aquel romántico ambiente. Tenia la corazonada de que ella ya sospechaba lo que ocurriría esa noche, algo me dijo que ya presentía mis verdaderas intenciones de esa noche.
La cena trascurrió tranquila, disfrutamos de la comida, la bebida y la compañía. Los músicos irrumpieron y Erika parecía una niña frente a una torta de cumpleaños. Pagaría un millón de dólares por la emoción que vi en el rostro de Erika… me hizo sentir tan grande y poderoso que no la cambiaria por nada.
La romántica canción comenzó a fluir entre nosotros y ella se mantuvo expectante todo el tiempo. Eraba segura que yo sacaría el añillo en cualquier momento. Así que no me extrañaba su rostro de decepción al terminar el breve concierto.
Declino la idea de comer un postre, así que sin perder más tiempo pague la cuenta y nos salimos a la calle. Nos volvimos a meter en el coche, y el estado de ánimo de ella se había comenzado a apagar. No negaré que me sentía culpable de verla así de frustrada, pero eso solo me demostraba que ya le había creado las expectativas de recibir la propuesta… ahora cuando la nave acabara estaría mucho más feliz de si salirse con la suya.
Me tomo mas tiempo del previsto hacer el trayecto desde el restaurante hasta la Marina Internacional de New York. Conduje afrontando el transito mientras que Erika continuaba en un silencio un poco incomodo para ambos. Si hubiera estado cinco minutos mas en ese coche con ella en esas condiciones hubiera terminado por darle el anillo ahí mismo. Me afectaba demasiado sentirla si de distante.
Por fin alcance la entrada de la Marina y el coche entro sin parar en el portero. Había venido casi todos los días en la ultima semana a ultimar detalles en el yate… al punto que los porteros del sitio ya identificaban tanto mi rostro como el coche. No es que sea muy habitual ver un Aston Martin cada cinco minutos yendo y viniendo por ahí.
—¿Qué m****a hacemos em la Marina a estas horas? —inquirió algo molesta.
—A penas son las diez treinta—susurre tratando de no importunarla aún más. —Las luces de la ciudad a esta hora son el verdadero espectáculo— comente y ella me miro recuperando la fe en lo que nuestra velada podía llegar a ser.
EPÍLOGO(Cinco Años Después)Fráncfort, Alemania.Érika CamelEl frío del invierno me hace abrazarme más el cuerpo, mientras espero paciente que Derek Mayer llegue hacia mi con un enorme ramo de flores que acaba de comprar del otro lado de la calle.Lleva la semana completa llenándome de regalos, y no es casualidad que estemos en esta helada ciudad justo hoy.Hoy es el día de nuestro quinto aniversario. Nuestras bodas de Madera, como metáfora de un árbol que crece y necesita de crear una base sólida para prosperar y crecer. Nuestra unión estaba en su mejor momento y se mostraba resistente con el tiempo.Nuestros dos hijos estaban junto a sus tío Dominico Mayer, y Julie Camel de Mayer, porque mi hermana después de tantos años por fin decidió cambiarse el apellido Peterson al de nuestro padre, y todo motivada porque deseaba que su primer hijo tuviera el nombre del hombre al que le debía prácticamente todo en la vida. Evidentemente papá y yo fuimos los más felices con su decisión,
Érika CanelEntré en la mansion de los Mayer y todo estaba en total quietud. Dominico fue el primero en aparecer por el living con un pantalón de pijama y una remera también negra. En las manos traía un vaso de cristal lleno de leche. Parecía un Niño pequeño on un bigote blanco sobre el labio superior.Julie se acercó a su flamante nuevo esposo sonriendo encantada y le besó con mucha dulzura la comisura de los labios.—Delicioso—susurro ella contra los labios de su esposo y rodé los ojos ante el hecho de tanta comolicodad. Aún no me podía creer que ese par de revoltosos inatrapables se hubieran casado antes que Derek y yo. Era totalmente increíble... en el sentido más literal de la palabra «increíble».—Hola Cuñada— me saludo Dominico Justo después de que acabo de comerse viva a su esposa. —Derek está en su habitación…. Se fue a dormir temprano, ya sabes…. Sueño embellecedor para estar «bien Alemán y bien matador» mañana en la boda.Julie se partió de risa y yo tuve que disimula
Érika y Camel Supuestamente debería estar en una despedida de solteras, «mi despedida de soltera», pero embarazada de tantos meses la idea no me resulta nada atractiva.Lo que es probable que ocurra es que caiga infartada si un stripper cachondo me muestra su miembro, o puede que me dé risa… no todos los días uno se topa con un semental vergón como con el que estoy a punto de casarme.No puedo beber tampoco, así que no tiene caso alejar a Julie de su flamante esposo, solo por pasar la noche nosotras dos como un par de monjigatas.—Vete a casa de tu esposo Jul— le dijo negociando con ella— Creo que yo hate exactamente lo mismo.—Érika Camel… es de muy mala suerte que el novio vea la novia… desde la noche antes hasta la ceremonia— me advierte Julie apuntándome con un dedo.—Y lo dice la mujer que consumo un matrimonio antes y después de la ceremonia… que para colmo fue a escondidas en Las Vegas— le recordé.—¡Touche!— admitió hiriéndose con una katana imaginaria a modo de harakiri.—Pe
Érika CamelMientras Julie hablaba sentada en mi cama frente a mi, menos daba crédito a lo que me trataba de contar. Tenía que tratarse de una broma .—¡Aún no te puedo creer Julie!¿¡Cómo así que te casaste en Las Vegas!? —pregunté con los ojos como platos y cada vez más sorprendida. —Pero cómo ocurrió, si cuando te marchaste esa tarde parecía que habías erradicado a Dominico Mayer de ti cerebro. No te dije nada sobre qué el también estaría en Las Vegas… pero no creí que las cosas llegarían a este nivel.—Solo ocurrió Erick… me lo pidió y no le pude resistir— se explica y aún no entiendo una mierd@. Para colmo lleva ese anillo de fantasía con un engarce que es más falso que judas. Y de la piedra ni hablar… ni siquiera es vidrio o una imitación aceptable. Es plástico y bastante feo. —¿!A este anillo fue a lo que no te pudiste resistir!?—chillo tomando su mano para analizar la «anti-joya», más bien debería decir la «basura» que lleva en su dedo anular.—No fue el anillo Ericka. El anill
Julie PetersonSi alguien me pregunta alguna vez algún detalle de mi boda… sin duda diré que me dolía el trasero. Creo que eso era lo que más iba a recordar de toda esta locura.También podría rememorar el orgasmo anal que me proporcionó mi futuro esposo una hora antes, pero bueno eso no era algo que se le contara a todo tipo de público.Me vestí con un sencillo vestido blanco ejecutivo, y Dominico se metió en un jeans con camisa blanca y un saco negro casual. Si no nos deteníamos... era un hecho que terminaríamos casados. Abordamos un taxi en plena madrugada y nos dirigimos a la icónica capilla Graceland.¿Hay algo más típico en Las Vegas que casarse ? A la par que el juego, las bodas son el principal atractivo de Las Vegas. Cada año se celebran más de ciento veinte mil bodas, siendo el segundo lugar del mundo en el que más matrimonios se celebran por detrás de Estambul.Sabia a donde nos dirigíamos, ese lugar era famoso. La Capilla Graceland era la capilla más famosa de Las Veg
Dominico MayerSiempre supe que totalmente cuerdo quien dice cuerdo del todo, pues yo no estaba… o era que quizás la crianza que me había dando mi madre en cuanto a relaciones matrimoniales pues no había sido la mejor, porque aunque mi padre murió siendo yo muy Niño aún recuerdo que ella parecía odiarlo a él y a todo lo que su esposo representaba. Así siguió años después... los Mayer para ella no valíamos nada, y después de su muerte quedó aún más claro. Entoces no es muy difícil de entender que después de pedirle a Julie Peterson que nos casáramos… hasta yo mismo me espanté de la intensidad de mis sentimientos hacia esa mujer. No sé de donde demonio había salido esa loca idea de casarme pero me parecía ahora lo más lógico y lo más acertado. Ya ella había huido… y allí estábamos de nuevo. Ya había ido tras ella, así que me merecía el premio mayor y ya no me conformaría con menos. Siempre dije que no me casaría, y ahí estaba pidiendo matrimonio de la manera menos convencional posi







