ANMELDENGiancarlo:
Todo se encuentra listo para partir. Amelie esta en su caja, le di ciertas indicaciones a Adam, sobre todo luego de lo ocurrido con Sebastían, la policía a comenzado rondar la zona y están siendo algo molestos con los pobladores, es lógico que sospechen de gente pero no de todos aparte que las personas no tenían problemas con él. Aunque varios suponen que su muerte esta relacionada con el narcotráfico pero nadie se atreve a siquiera mencionar este hecho porque automáticamente uno se convertiría en soplón y eso equivaldría a una sentencia a muerte.
—Giancarlo, hay gente de la policía que te está buscando. – Me avisa Antonella.
—mmm. – Me sorprende que vengan a buscarme. Me dirijo al recibidor donde encuentro a un par de policías sentados, que apenas se percatan de mi presencia se ponen de pie.
—Buenos días señor Madicci, esperamos no haberlo importunado a estas horas pero deseamos hablar con usted. – Habla uno de ellos.
—Si lo hacen, estoy a punto de viajar. – Respondo.
—Dudo que pueda hacerlo, tenemos una orden para que no lo haga, incluso para realizar un registro a su propiedad. – Intervienen el otro.
—Déjenme examinarla su orden. – Le pido.
—Tome, por el momento no puede moverse del pueblo, es uno de los principales sospechosos. – Me entrega la orden, esta forma que tiene de expresarse prácticamente es como si me acusara.
—Giancarlo no es capaz de eso. – Me defiende Antonella.
—¿Usted quién es para intervenir en esta charla? – Le pregunta el policía que tiene una actitud muy descortés y hasta agresiva. – Si fuera usted me quedaría callada si no quiere terminar también presa. – La amenaza.
—Voy a llamar a mi abogado. Si fuera usted controlaría mis impulsos o me quejare ante sus superiores. – Le contesto de una forma fría.
Usted no me amedrenta. – Se coloca en posición de gallo de pelea. No respondo a sus comentarios porque de inmediato me contesta Bradley.
—Bradley, te llamo porque desean registrar todo mi propiedad y hasta una para hacerme un interrogatorio. – Le cuento en forma breve.
—Revisa que tenga la firma del fiscal de distrito y lo del interrogatorio, puedes hablar con ellos pero si son muy pesados con sus preguntas será mejor que me esperes, voy para allá. – Me aconseja Bradley.
—¿Es verdad que no puedo salir de aquí? – Le pregunto.
—Es lo ideal, no estas detenido debido que hasta ahora no tienen una prueba física en tu contra aunque supongo que tienen un móvil. Deja que inspeccionen y espérame. – Es su respuesta.
—Necesito viajar. – Le explico.
—No puedes. Te cuelgo para llegar cuanto antes. Bye. – Se despide.
Verifico que todo se encuentre en orden y por desgracia así es. Dejo que verifiquen todo, no tengo nada que ocultar. Lo único que fastidia es que Antonella se va a encontrar con su ex marido, temo por su seguridad, no confió en él.
Antonella:
Giancarlo a regañadientes a dejado que viaje y con la única condición que lo llame al llegar, cuando vea a Giovanni, al terminar de hablar con él y al regreso. Suena molesto y hasta controlador sin embargo las tres veces que tuve encuentros con Giovanni si no es por Giancarlo, me habría golpeado y la última vez casi lo hace el señor Coppola, es comprensible su accionar.
El viaje a sido largo y aburrido además tuve que dejar Amelie con Giancarlo porque me pedían una serie de permisos para que terminara yendo en la bodega, no justificaba el gasto ni el malestar que tendría que pasar mi pobre gata.
Al menos ya llegue a la clínica, como prometí le marco a Giancarlo el cual no contesta tal vez está en el interrogatorio. Pregunto por Alexandra me informan que se encuentra en el octavo piso en la sala de cuidados intensivos. Por lo menos Giovanni no mintió respecto a que Alexandra estaba grave. Al llegar puedo vislumbrar a él sentado, luce muy diferente a la vez pasada, está limpio bien peinado se parece al Giovanni que conocí años atrás.
—Giovanni. – Lo llamo.
Se gira para luego levantarse y venir en mi dirección, no se abalanza como antes ni hay esa mirada que daba miedo. Puedo decir que esta tranquilo, me recuerda a los tiempos de cuando recién lo conocí y eso me perturba.
—Antonella viniste. – Se alegra.
—¿Qué le sucedió a ella? – Soy directa, no quiero prolongar mi estancia en este lugar.
—Hace unos cinco días Alexandra entro en trabajo de parto, no estuve presente por encontrarme en el trabajo cuando llegue me informaron que Alexandra tuvo un derrame cerebral, de acuerdo a los estudios hay daño irreversible se supone que es por esa razón que se encuentra en estado de coma.
—¿Por qué le sucedió todo aquello? ¿Acaso no la controlaban? – Le pregunto.
—Se suponía, por algo exigí que permaneciera internada. Más no sé, no lo ví desde la vez que la visitaste. – Me cuenta.
—Es tu costumbre. – Le respondo sin sorprenderme de su comportamiento.
—¿Mi costumbre? – Se siente ofendido.
—Cuando las cosas no salen como quieres o no deseas ocuparte de ellas las delegas a otros y te olvidas del asunto. Así eres tú. – Le recuerdo.
—¿Cuándo te hice eso? – Pregunta.
—Tantas veces que perdí la cuenta… Mejor dime ¿Cómo está la bebé?
Antonella, no creí encontrarte aquí. –Escucho una voz familiarmente molesta.
—Reinaldo, lárgate no tienes nada que hacer en este lugar. – Se enfrenta Giovanni poniéndose enfrente.
—¿Nada? JAJAJAJAJA. Primero vengo a ver a mi hija y a su madre. – Le contesta esté.
—¿Tu hija? – Pregunto.
—Claro mi querida Antonella, Alexandra estuvo esperando a mi pequeña, es una lástima su estado pero yo me haré cargo de ella… — Me responde de una forma demasiado trágica, no cabe duda que finge. Por otra parte me desconcierta está información veo de reojo a Giovanni que luce muy molesto.
—Deja de decir estupideces… Esa niña es mi hija y Alexandra es mi esposa. Así que aléjate. – Giovanni lo contradice.
—Di lo que quieras… Antonella. – Me llama, le prestó atención. – Quieres ayudarme a cuidar a mi hija, estoy seguro que serias una buena madre para ella. – Habla haciéndose el seductor hasta toma mis manos en un descuido.
Giovanni lo separa de mí con un solo manotazo: Déjala en paz.
—Si no quiero qué… Ella no es nada tuyo. ¿Verdad mi querida Antonella? – Me pregunta.
—Disculpa Reinaldo pero no puedo aceptar tu propuesta. Ya estoy con alguien más. – Le informo.
—Ya la escuchaste. Ahora vete sino quieres que llame a los de seguridad y te corran.— Lo amenaza.
—Hasta la próxima Nella, espero que cambies de opinión. – Se despide con un beso volado.
Giovanni respiraba hondo, se podía percibir su disgusto. Reinaldo en verdad resulta insoportable, es de lo peor. No comprendo como Alexandra lo pudo tener como amigo y de acuerdo a lo dicho también de amante. Recuerdo que desde que lo conocí siempre quiso que saliera con él y otras cosas también.
—Ese tipo me saca de quicio. – Habla Giovanni luego de un rato.
—Ya se fue, Cálmate. – Le recomiendo.
Si pero no es seguro hablar aquí. – Me dice.
—Estas loco si crees que iré contigo. – Le aclaro.
—Sólo a un café que está a dos cuadras de aquí… Hay algo importante de lo que deseo hablar contigo. Por favor. – Me pide.
Suspiro: Ok pero será a pie.
—Gracias. – Sonríe.
Salimos de la clínica en silencio a pesar que él en ocasiones intento iniciar la conversación. Pude aceptar charlar con él pero se encuentra muy equivocado si cree que las cosas volverán a ser como antes porque eso no ocurrirá la confianza que existía se extinguió hace mucho tiempo. Al menos como lo prometió el café si se encontraba a dos cuadras, se ve acogedor y sobre todo tranquilo. Vamos al segundo piso cerca de una ventana.
Una mesera se nos acerca y pregunta: ¿Qué desean?
Giovanni contesta: Un café cargado y un brillantes caliente.
—Prefiero un café de manzanilla. – Protesto, en si no deseo que piense que todavía conoce mis gustos.
—Traiga eso en lugar del brillantes caliente. – Le informa Giovanni algo desconcertado.
—¿Algo más?— Nos ve a ambos la mesera.
—Nada más por el momento
Vuelvo en un momento con sus pedidos. –Se retira.
—¿Qué es lo quieres tratar? – Voy directo al tema.
—Antes no dudabas en pedir brillantes caliente. Recuerdas. – Comienza.
—Muchas cosas cambian…. Es del pasado de lo quieres discutir, no tengo tiempo para eso. – Me levanto dispuesta a irme.
No te vayas por favor. –Me pide.
—¿Qué quieres Giovanni? ¿Qué vuelva contigo? ¿Qué olvide todo lo que hiciste? Te informo que no lo haré. He conseguido sobreponerme, ser más fuerte y no ser la misma tonta de antes. En verdad soy feliz con Giancarlo. – Le aclaro.
—Fui un maldito un desgraciado contigo, comprendo tu rechazo… Pero de lo que quiero hablarte es sobre Alexandra y la niña.— Hace una pausa. – En verdad me encuentro entre la espada y la pared.
—¿Por qué? – Le pregunto tomando mi lugar de nuevo.
—Disculpen la demora aquí les traigo su pedido. – Nos interrumpe la mesera.
—Gracias. – Digo luego que deja ambos pedidos.
—Con su permiso. – Se retira
—Como te decía las probabilidades de que Alexandra despierte son muy limitadas, podría ser un vegetal toda su vida.— Me relata.
—¿Qué piensas hacer?
—Sería comprensible que la desconectara pero quien soy yo para decidir si vive o muere. Nadie y por otro esta la niña. – Mira por la ventana.
—Es tu hija debes hacerte cargo de ella. – Le reprocho.
—Te acuerdas que me llegaron varias fotografías en las que Alexandra estaba con sus amantes. – Asiento con la cabeza. – Aquí están, míralas. – Me da un sobre, lo abro y veo fotografías sumamente explicitas en las que se encuentra Alexandra con diferente hombres, la que me sorprende más es una en la que está con Sebastían. No creí que lo conociera, supongo que Alexandra debe ser la persona de quien estaba enamorado Sebastían.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







