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Dulces momentos

last update publish date: 27.02.2022 01:41:31

Antonella:

Los cuatro días subsiguientes al incendio que arraso con la hacienda de Sebastián, son agridulces. Por una parte, estoy contenta que Giancarlo este bien y que esto no lo afectara sin embargo las investigaciones policiales han demostrado que el incendio fue provocado, lo más terrible fue descubrir que entre los cinco fallecidos está Sebastián. Por lo que se pudo saber su causa de muerte no fue porque se quedó atrapado, se sospecha que fue un homicidio, es lo que se rumorea.

Me da pena, Sebastían parecía ser una buena persona preocupado por sus hermanos y con mala suerte en el amor. Recuerdo que me comento estar enamorado de alguien pero su amor no era correspondido. La última vez que lo vi fue en el supermercado si lo hubiera sabido tal vez me hubiera comportado y apreciado ese momento, no sé.

Me pregunto ¿Quién querría lastimarlo? Puede que traficantes de tierras o tenía deudas con alguien, venganza o se involucró con gente peligrosa aunque no sé que me da la espina que la mujer de la que se enamoro está involucrada. Un problema pasional. Son muchas posibilidades y pienso demasiados supuestos debido a ver en exceso CSI.

No debo estar pensando en eso más bien debería concentrarme en terminar de cortar la fresas, mientras espero a que termine de cocinar el pie de fresa. Estas que sobraron me las tendré que comer solita, Giancarlo está ocupado.

—¿Qué haces? Mmm Huele delicioso. – Se acerca a mi cuello y me da un suave beso, causando que me sonroje y sienta un no se que. Distrayéndome y aprovecha para robarme una fresa.

—Tramposo. – Me quejo, toma otro y lo coloca en mi boca.

—No lo es, esto si. – Me gira y me da otro beso pero esta vez en la boca siento como la va explorando, provocando que termine con la cara sucia por la fresa. –Debería limpiarte.

—¿Qué sucede?— Lo miro desconfiada.

—Nada. – No me suelta y sigue comiendo las fresas.

—Suficiente, deja mis fresas— Lo riño, separándome.

Toma otra del plato: Come.

—Sólo me has dejado dos…— Gimoteo.

—Te falta. – Me da la última.

—Ignoraba por completo que te gustaran las fresas. – Lo examino, sigue con su mirada inmutable. – Por no decir que te encantan.

—Si me agradan pero lo que me parece delicioso es otra cosa. —Me cuenta.

—¿Qué es? – Estoy intrigada.

—Tu. – Me acorrala contra la encimera. Por mi parte me siento alagada y avergonzada, la sangre comienza a subir hacia mi rostro. – Me vuelves loco. – Inicia su ataque de besos y caricias.

—Giano…mmm… Este no es un buen lugar. —No se detiene. —Alguien podría venir.

—Todos ya se han ido. – Alega.

Giancarlo:

Ambos terminamos cansados, las ganas de quedarnos donde estamos son tentador, aunque la persistencia de Antonella de volver donde comenzó todo y verificar que el pie que estuvo cocinando no sé quemo. No le veo el caso, el horno estuvo encendido por controlador de tiempo y cuando se acabara este automáticamente se apagará.

—Quédate. – Le pido.

—Voy y regreso en un momento. – Se sienta y comienza a vestirse la aprisiono con mis brazos. Si conseguí detenerla dos veces una tercera no será problema.

—Giancarlo. – Se queja falsamente.

—Te gusta. – La comienzo a besar.

—No…. Basta….— Sigue.

—Tu cuerpo no quiere que pare. –Le respondo.

—Giancarlo…. – Sigue resistiéndose.

— Nos interrumpe su celular, ella cree que eso la salvara e intenta tomar el teléfono pero soy más rápido y gano, no pienso dejar que esa llamada nos interrumpa.

—Devuélvemelo.— Me ordena.

—No.— Le sonrío.

—No seas fastidioso. – Se molesta.

—No vas a contestar. – Juego con ella.

—Puede ser mi mamá.— Se aventura a decir para luego taparse la boca.

—Hola. – Contesto pensando que es la señora Adatto pero mi sorpresa es otra al oír la voz del interlocutor: Antonella, necesito hablar contigo soy Giovanni.

—Si señora Adatto…. Antonella está ocupada. – Respondo.

—Giancarlo pásame a mi mamá— Ella exige.

—Quiero hablar con ella. – Pide él.

—No sé preocupe le daré su mensaje luego de hacerle el amor. – Le digo a ese tipo para que no moleste.

—No le cuentes esas cosas. – Se sonroja.

—Quiero hablar con ella. – Insiste, está loco si cree que voy a dejar que hable con ella. La última vez ella termino toda molesta y hasta triste, repetir todo de nuevo es lo peor.

—No sé preocupe ella está feliz ¿Verdad?— Le pregunto y le doy un beso desprevenido cayendo los dos a la cama. Ella quiere quitarme el teléfono, no la dejo, se oyen un par de gemidos de su parte. Espero que los escuche.

—Giano… No sigas… Ahí no. – Se queja mientras doy ciertos toques en partes muy sensibles de su cuerpo.

Cuando me fijo en la pantalla del celular, ese ya habría colgado. Suelto a Antonella de mi agarre, dejo que tome el teléfono.

—Giancarlo te pasaste como dejaste que mi madre escuchara todo eso… No podre verla a la cara. – Está abochornada y molesta.

—No conteste. – Le miento. – Si lo hacías me matabas.

—Mas te vale. – Me amenaza, se levanta de la cama y escapa rápido de la habitación.

Seguirla o no seguirla está ahí el dilema…. Voy por ella, de paso iré comer su rico pie de fresa.

Antonella:

Giancarlo se paso con sus bromas, me hizo asustar. No le tengo miedo a mi madre, soy adulta es normal que tenga relaciones sexuales con mi pareja pero que le diga a mi madre directamente es vergonzoso por lo menos para mi. No podría ver a mi mamá por un tiempo sin ponerme roja en su presencia, ella tal vez me molestaría.

Suena mi celular de inmediato contesto.

—Alo.

—¿Antonella eres tu?— Escucho una voz familiar.— Soy Giovanni.

—¿Qué quieres?— Respondo de mala gana.

—Hasta que por fin tu hablaste… Ese tipo no dejaba que me comunicara contigo. – Comienza, desde ese momento supe que quien llamo fue Giovanni. Me da gusto que escuchara toda esa conversación sin embargo me avergüenza un poco.

—Si es para eso. No tengo tiempo Giovanni. – Estoy fastidiada por sus reclamos.

—Antonella, necesito hablar contigo, por favor. – Me pide.

—No hay nada. – Le contesto dispuesto a cortarle.

—Es sobre Alexandra.— Eso llama mi interés.

—¿Qué le sucedió? – Pregunto.

—Está en cuidados intensivos… La pequeña está bien aunque en la incubadora.— Me cuenta.

—¿Qué? – Me sorprendo.

—No puedo contarte más por teléfono… Las paredes oyen. – Habla más bajo, me recuerda a esos tiempos en los que supe que nuestra relación era clandestina porque su padre no estaba de acuerdo. Por muy precavidos que fuimos termino enterándose y me ofreció dinero para dejar a su hijo, pensándolo ahora debí terminar con él tantos malos ratos me hubiera ahorrado.

—No prometo nada. – Es mi respuesta.

—Por favor, necesito hablar contigo, estoy desesperado. – Se siente la angustia en su voz.

—Veré. – Es mi ultima palabra y cuelgo.

Por la forma en que hablo Giovanni la situación en la que se halla debe estar terrible. Alexandra no estará muerta pero si grave por lo que la persona a cargo de la bebe es él. Esto me preocupa porque Giovanni no lo veo como un buen padre, al final tendré que ir y eso no le agradara para nada a Giancarlo.

Aunque tengo algo que puede funcionar, sus celos. Voy donde él con el semblante serio. Él por su parte es como si esperara mi reacción, luce sereno, esa no es la palabra exacta que lo describiría más bien diría que se muestra frío y calculador.

—Me decepciona que desconfíes de lo que siento por ti. – Soy sincera.

—No lo hago, simplemente no quiero que te lastime de nuevo. – Es su defensa.

—Piensas que te dejare por irme con él, no lo niegues. – Lo enfrento con la mirada, se queda en silencio. – Solo te lo diré una vez. No importa que haga Giovanni, así baje la luna o lo que sea, no compensara el daño que hizo, no volveré con él… ¿Entendiste? – Prácticamente lo estoy regañando.

—¿Fue tan malo lo que te hizo? – Me pregunta.

—Prometiste no preguntar de nuevo. – Le recuerdo.

—¿Te engaño? – Sigue.

—Adivinar es lo mismo. – Lo miro feo.

—Sé que te maltrato. ¿Te engaño con tu amiga?— Insiste.

—Si. Alexandra fue su amante. Estás contento. – Me molesto de verdad.

—¿Eso no le perdonaras?— Me cuestiona.

—Eres terco… No entiendes que estás metiéndote en un terreno muy escabroso de mi vida… No quiero discutir contigo.— Le advierto.

—Es eso.— Piensa que acertó pero no sé imagina que es lo que Giovanni hizo para que no exista una forma en la que pueda reparar su error.

—No. Recién me entere de su romance en el divorcio. Ahora dejemos este tema zanjado… — Le explicó.

—Está bien. – Se resigna.

Me siento a su lado y doy un suspiro: Son cosas de las que no me agrada hablar Giancarlo… Me recuerdan lo tonta que fui y al final muchos salieron perjudicados por mis errores… Por esa razón no pienso volver con él, no quiero repetir la historia de nuevo.

—Antonella.— Me abraza, se lo agradezco porque necesito alguien en quien apoyarme.— ¿Para qué te llamo? ¿Qué desea?

—Alexandra ya dio a luz, está grave y quiere que hable con él. – Respondo.

—Partiremos mañana temprano, te acompañare te guste o no.—Me avisa.

—Deseo que lo hagas. – Contesto. – Sabes…Giano (Doy un bostezo) Me alaga que sientas celos.— — Me acurruco en sus brazos, no quiero separarme de él.

—Descansa, mañana será un largo día – Me habla mientras nos acomodamos en su cama, hoy dormiremos juntos.

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