LOGINBradley:
Regreso al patio esperando encontrarme con Antonella, pero no fue así, al que hallé fue a un furioso Giancarlo maldiciendo a la nada. No cabe duda que su conversación con Antonella no ha terminado nada bien. Por más que Antonella me diga que Giancarlo fue comprensivo y todo, estoy seguro que no es así. Conozco lo posesivo que puede llegar a ser y que es muy bueno ocultándolo. Estoy seguro que no le agrado del todo encontrarme con Antonella así y seguro dijo alguna cosa que no debía, digamos que la situación con Giovanni lo exaspero.
—¿Qué hiciste? –
—¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? – Su respuesta.
—Supongo que lo malograste de nuevo. – Con solo verlo se conoce su respuesta.— Tu sabes que adoro a mi Clarissita y Antonella es una amiga.
—Lo sé… — Da un suspiro.— Antonella es muy diferente a la que era antes.
—Si aunque cuando esta contigo es como si aquello que sufrió no paso. – Le contesto. – Por tu rostro haz visto algo que no te gusto.
—Giovanni fue un verdadero maldito con ella y hasta ese apelativo se queda corto. – Le respondo.
—¿Te conto todo o sólo una parte?—
—Con una parte me he quedado pasmado de lo que le ha sucedido además que no imagine lo mal que se pondría… No quiere saber nada conmigo. –
—¿Te conto voluntariamente o la obligaste?—
—Rompí mi promesa…—
—Si que haz metido la pata… Antonella no te va a perdonar fácilmente.— Le digo, en si no creo que lo haga.
—Lo arruine todo…— Se lamenta.
Giovanni:
Hoy es una de las primeras salidas que hago con Alexandra al supermercado solo. Laura me pidió permiso para visitar a sus padres y aprovecho para pasar tiempo con ella. Recién ha cumplido su primer mes la otra semana sin embargo ha crecido mucho desde el primer día que la vi y conmovió mi corazón.
De acuerdo a la lista que preparo Laura necesitamos varias cosas, en especial los pañales, junto a pañitos húmedos, algodón, sobre todo la leche maternizada junto otras cosas. Saco a Alexandra del auto para luego colocarla en los carritos de supermercado especial para bebes.
Vamos primero por la sección de bebes, compro lo necesario. Luego a la de abarrotes, no debo de olvidar los de limpieza, todo tiene que estar limpio para que la bebe no se enferme, pero no tiene que tener olores muy fuertes, de preferencia especialmente para el uso de cosas de bebe, no olvidar el suavizante. Por último, me faltan las frutas y verduras.
En eso entre los pasillos de la sección de frutas veo a Antonella escogiendo unas mandarinas.
—Antonella. – La llamo.
—¡Eh! Hola Giovanni. – Me contesta, voy donde ella.
—Antonella, no creí encontrarte por aquí ¿Qué haces? ¿Cómo estás?— Le hablo.
—Estoy bien, veo que has venido con Alexandra. Por lo visto tú también estas bien. – Sigue.
—Si. Laura me pidió permiso para ver a sus padres y necesitaba hacer las compras así que decidí salir con ella. – Le cuento.
—Debes cuidarla y abrigarla, todavía estamos en invierno y puede resfriarse. – Se acerca a Alexandra. – Haz crecido mucho pequeña en solo unas semanas.
—Opino lo mismo… El médico me conto que por lo visto Alexandra no era tan pequeña como pensábamos… El embarazo de Alexandra fue casi a termino. – Le informo.
—Por ese motivo estuvo tan poco tiempo en la clínica. Eso es bueno. – Se escucha su celular.— Disculpa un momento. –Lo saca, mira el número y aprieta el botón rojo.
—No piensas contestar. –La ánimo.
—No es nadie. Ha sido un gusto verlos. Hasta otra ocasión. – Se despide.
—Antonella, espera. No quieres tomar algo… — En eso recuerdo que ella debe estar con él. – Si gustas puede venir él. – No me acostumbro de llamarlo por su nombre.
—¿Giancarlo? Él no está aquí.— Me informa.
—Qué raro, normalmente siempre te acompaña ¿Le sucedió algo?— Ya no me cae tan mal como antes.
—Tiene cosas que hacer. No va estar a mi costado siguiéndome a todos lados. – Percibo cierta molestia, algo extraño.
—¿Ha pasado algo?— La conozco y sé que hay algo mal, otra vez su celular nos interrumpe.
—Nada. Chau Giovanni debo terminar mis compras. – Se quiere alejar.
—Te has peleado con él ¿Verdad?— La detengo.
—No te interesa Giovanni. Hasta donde se no tengo que darte ninguna explicación. – Se suelta, de pronto Alexandra comienza a llorar, llamando la atención de todos. Tomo a la bebe y la comienzo arrullar para que se calme, no funciona muy bien.
—Tranquila bebe, papi esta aquí.— Le hablo no sirve de mucho.
—Quizá tiene hambre ¿Tienes su biberón?— Me pregunta.
—Si, debe estar en el bolso. – Quiero buscarlo pero me es dificultoso.
—Dame a la pequeña mientras lo buscas.— Me dice, se la entrego con cuidado, ella la sigue arrullando con el mismo resultado que obtuve. Busco las mamilas hasta que encuentro una.
Toma, no le gustan muy calientes.— Le doy el biberón.
—Cada niño tiene sus gustos… Toma pequeña, seguro tienes hambre. – Le da la mamadera y Alexandra comienza a tomarlo con desesperación. Si que mi pTeodoracesita tenía hambre. – Es muy dulce, debes cuidarla mucho Giovanni.
—Trato de dar mi mejor esfuerzo.— Le contesto.
—Aquí la tienes.— Me la quiere dar pero apenas me acerco Alexandra se pone a llorar no desea separarse de Antonella.
—Por lo visto quiera o no voy a tener que aceptar tu propuesta de ir a tomar algo.— Se resigna.
—Vamos a la cafetería que esta dentro del supermercado.— Le digo.
—Si, por favor lleva mi canasta.— Me pide.
—Claro. – Le respondo mientras tomo la canasta del suelo y la coloco en el coche.
Vamos rápido y nos sentamos en una de las mesas. Le pregunto: ¿Qué deseas tomar?
—Un chocolate caliente.— Me alegra oír aquello, después de todo sigue gustándole esa bebida. Compro el chocolate junto un café y un par de pasteles.
—No es necesario los pasteles. – Me ve apenada.
—No te preocupes… Antonella ¿Qué sucedió con él si se puede saber? – Insisto.
—El pasado por más que desees dejarlo atrás siempre te persigue ¿Cierto?— Luce triste y siento la culpa carcomerme.
—Por desgracia si… —
—A pesar de todo veo que estás bien, la bebe es muy linda y se nota que la quieres mucho. – Sigue con en ese estado de tristeza, en parte sé que las cosas han sido del todo injustas en la vida en especial con Antonella. Alexandra tal vez no sea mi hija de sangre sin embargo no me importa, ella ayuda a mitigar en parte el dolor que yo mismo me cause. En cambio Antonella que fue mi víctima y perdió tanto por mi culpa, todo es tan difícil para ella.
—El pasado no te deja tranquila para seguir tu vida con él. – Le hablo.
—¿Por qué no pudimos ser felices? – Ella me pregunta mientras le arrulla a Alexandra.
—Muchas cosas se interponían. Lo arruine todo desde el pTeodoracipio. – Le contesto.— Antonella Si esa tarde en lugar de ir mi abogado hubiese sido yo pidiéndote perdón ¿Lo hubieras hecho?— Esa duda me carcomía.
—No lo sé, me sentía tan devastada y sobre todo sola… Eso ya no tiene caso.— Suspira. – Al final mi destino es quedarme sola.
—Antonella no digas esas cosas. Siempre estaré aquí para ti. –Le digo.
—Las cosas entre nosotros no funcionaron, no funcionan y tampoco lo harán en un futuro. –Me contesta.
—La esperanza no muere… Pero tienes mi apoyo. – Me confieso.
—Gracias.— Sonríe triste. – Alexandra ya se durmió, la voy a poner en el coche. – Se levanta y la coloca.
—¿Qué hizo él? Acaso te lastimo.— Temo la respuesta.
—No todos los hombres son unos golpeadores Giovanni. – Me ve molesta.
—Disculpa. – Me apeno.— Entonces, no entiendo. Hasta donde vi él te quiere, si no me rompió la cara hasta ahora es por ti.
—¿Alguna vez has sentido que algo es demasiado bueno para ti y que no lo mereces?— Me pregunta.
—Muchas… — Me ve sorprendida. – No te merecía, eres demasiado para mi… Sin embargo no lo aproveche, te descuide, te engañe, desprecie, golpee y sobre todo acabe con lo único bueno que hice contigo.
—Giovanni.— Es lo único que atina a decirme.
—Me cae mal pero debo admitir que te quiere. Tu mi querida Antonella vales más de lo que crees y mereces muchas cosas… Bueno creo que se nos hace tarde. Alexandra no debe estar mucho tiempo en la calle se puede enfermar. –Me despido porque no me siento capaz de seguir con esta charla. ademas, se demasiado bien que estoy mintiendo, y que un dia volvere a tomarla por la fuerza.
—Tienes razón. Gracias Giovanni y disculpa por lo de la otra noche fui muy descortés. – Me pide perdón.
—No tienes porque, en verdad he sido muy molesto y tienes toda la razón. – Le contesto.
—Hasta la próxima Giovanni. – Se despide y la vi alejarse por los pasillos del super. Pude aprovecharme de la situación pero eso hubiera sido demasiado bajo. Ella merece ser feliz.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







