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Miedo a perderla parte 1

last update Veröffentlichungsdatum: 27.02.2022 00:55:31

Delincuente:

El carro de aquella mujer en lugar de facilitarnos las cosas y dejar que le demos un simple susto junto un pequeño asalto. Tenía que complicar todos nuestros planes intentado esquivarnos y hacerse la difícil. En este momento ella se encuentra al fondo de ese deslizadero, podemos irnos y dejar todo allí. Por desgracia el jefe exigió no lastimarla lo único necesario era asustarla.

—Larguémonos de aquí, ya vienen los curiosos. – Les doy las órdenes a mis hombres. Espero que el único castigo sea económico y no de otro tipo.

Le doy un timbrazo al jefe confirmándole nuestra acción. Trago salivo y me persigno, esperando que aquella mujer no esté muy lastimada o muerta porque la deuda que tendría que pagar sería muy alta por no decir mi vida.

Giancarlo:

Salgo de la ducha, lo primero que hago es revisar mi celular por si no hay alguna llamada perdida de Antonella. Quizá al final acepte que la alcance, hablemos para arreglar todo este incidente. Por más que lo niegue, ella está enojada, triste tal vez hasta decepcionada.

Pero tampoco tenía cara para presentarme ante ella con la verdad que descubrí. Ser medio hermano de ese tipo me da asco, tanto como aceptar que Coppola es mi padre biológico. Al principio tuve miedo de lastimarla igual que él, por eso me alejé. Sin embargo, sé que soy diferente a él, a pesar de haberme enamorado de su ex esposa, yo fui criado de otra forma, a valerme por mí mismo y no maltratar a una mujer ni siquiera al más o indefenso porque eso es de cobardes.

Luego el miedo de perderla al enterarse de mi relación con su ex esposo. Desconozco por completo la historia de su matrimonio, la razón de su divorcio o las diferentes situaciones que tuvo que afrontar Antonella. Aunque asuma que hubo maltrato físico y psicológico, es probable que no recibiera apoyo de Coppola, un hombre que lo único que interesa el dinero junto al poder, Antonella es una mujer indigna para su hijo. Si aquello es cierto ella lo primero que hará será terminar nuestra relación, no querrá saber nada de mí y las probabilidades en este momento de conseguir que cambie de opinión si se entera son mínimas.

VIRRRRRRR,VIRRRRRRR. – Vibra el celular, lo tomo de inmediato, puede ser Antonella. Verifico y hay un par de llamadas perdidas de Antonella y al final un mensaje de texto de un número desconocido.

“Es una lástima señor Madicci que nuestros negocios no prosperen… No sé preocupe que no le guardo resentimientos por atentar contra algo tan valioso. Espero que usted o alguien cercano no deba pasar por algo similar, ver como algo que tanto quiere es acabado. Disculpe por importunarlo.”

“Esos malditos de los Templarios no encuentran la forma de como fastidiar” Pienso en voz alta para darme cuenta que lo que me acaba de informar fue una amenaza. Comienzo atar cabos y preguntarme ¿A quién pudo lastimar? ¿Teodora? No, ella está muy lejos ¿La familia de Adam? Puede ser, el colaboro de forma activa en el incendio. Acabo de poner en peligro sin querer a Adam y su familia.

Corro a la casa de Adam y verificar que se encuentre bien y si no hay algo extraño. Todo luce normal. Toco la puerta, esperando a que me reciba Adam.

—Giancarlo que gusto verte. ¿Buscas a mi esposo? Se está vistiendo. – Me informa Nodal.

—¿Todo está bien? ¿Nadie ha venido a molestarte o tocar la puerta? – Le pregunto.

—No, salvo tu ¿Sucede algo? – Me cuestiona.

—Nada. Sólo tengan cuidado… — La dejo para que no se preocupe más de la cuenta, no es bueno en su estado.

Pienso en otra persona que pudiera ser su blanco ¿Quién es cercano y vulnerable en este momento? Antonella, llega la respuesta a mi mente. Ella estuvo timbrando varias veces, tal vez estuvo en problemas o le paso algo. La llamo incesantemente esperando a que conteste, llamo varias veces sin recibir respuesta alguna, sigo marcando con el mismo resultado. Me asusto más ¿Qué le pudieron hacer estos malnacidos a ella? Si la secuestraron, lastimaron o hasta… No ella está bien, me repito sin creer del todo mis palabras me desespero más de la cuenta.

—Giancarlo ¿Lo puedo ayudar en algo? — Me interrumpe Adam, en cierto punto me enfada, pero a la vez me ayuda.

—Toma la camioneta y sígueme — Le ordeno. Subo a la mía, seguiría el mismo camino que ella, es la forma más fácil de encontrarla y si le sucedió algo me enteraría en el camino.

Voy lo más rápido que puedo pasando entre varios coches, sin perder de vista mi objetivo de encontrar a Antonella. Temo por su seguridad ha podido pasarle muchas cosas. Por otra parte, intento localizarla por medio del celular, no contesta. Esto me desespera, si tan solo hubiera llegado más temprano tal vez la alcanzaba y partíamos juntos o se quedaba.

De la nada escucho unas patrullas junto una ambulancia que van a toda velocidad pidiendo que les den pase. Todo esto me da un mal presentimiento, voy detrás de la ambulancia. No pasa mucho hasta encontrarme con un gran tráfico y policías restringiendo el paso. Me estaciono a un lado de la carretera, estoy un poco alejado del suceso, parece un accidente.

—Giancarlo—Sama, creo que ha pasado algo grave. – Comenta Adam. — ¿Qué sucede Giancarlo—Sama? Está muy raro.

Lo ignoro por completo y me acerco al lugar, veo un coche volcado. Es un carro azul, para ser más exacto un bmw azul, con una placa amarilla, no recuerdo el número del carro de Antonella, lo examino más detenidamente me doy cuenta que en la parte de atrás hay un peluche de Hello Kitty con un vestido rojo con puntitos blancos pegado en la Luna.

—NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO — Grito corriendo hacia el coche. — No puede ser ella. Antonella no. M*****a sea Nooo —

—Deténganse. Nadie puede pasar — Me detiene uno de los oficiales.

—Tengo que pasar — Le ordeno mientras forcejeo.

—Deténgase — Me dice otro, lo golpeo, no me importa nada solo quiero ver Antonella. Consigo liberarme y pasar la siguiente barrera.

Distingo a lo lejos como los bomberos sacan alguien del coche en una camilla, se ve muy mal.

—No muerdas animal — Escucho a uno de los paramédicos que sostiene una bola de pelos muy familiar.

—Amelie – Susurro. El animal que consigue escapar de las manos del paramédico me ve por un instante y corre donde su dueña. Voy tras ella, no cabe duda que la persona que está ahí es ella.

No logro llegar muy lejos, soy atrapado por un grupo de policías. Sé que si continúo forcejeando va ser peor. Intento relajarme lo más que puedo y sonar lo más coherente posible para que me liberen.

—Soy la pareja de la persona que llevan en la ambulancia. Quiero estar con ella y controlo a la gata que no la quiere dejar… —Les pido, ya sin forcejear.

—Llévese al animal, no deja que nadie la toque — Habla el policía — Ni se le ocurra escapar —

Voy hacia a la ambulancia donde puedo oír claramente los gruñidos de Amelie contra cualquiera que se atreva a tocar a Antonella. Al verme por fin se relaja, se aproxima hacia mí para caer desmayada. La tomo entre mis manos, pobrecilla, todo este tiempo a estado velando por la seguridad de su dueña.

—Llévese al gato, no puede estar aquí — Me dice un bombero.

—Ella, no puedo dejarla sola — Le informo.

—Suba, pero que ese animal no se interponga en nuestro trabajo — Me exige.

—No creo que moleste — Le muestro a la gata durmiendo en mis manos.

Le colocan suero junto una mascarilla de oxígeno sin dejar de contralar los signos vitales, el monitor parece mostrar que el latido cardiaco es normal o eso creo. No sé qué sucede todos ellos hacen su trabajo en silencio. Pero esa falsa calma desaparece cuando el monitor empieza a sonar de forma muy ruidosa hasta escucharse un pitido. No hay pulso.

—Ha entrado en paro. – Grita uno de ellos.

—Hay que resucitarla. Rápido. – Habla el otro.

—Antonella, resiste. Por favor — Le pido.

—Vamos — La anima el paramédico que le está dando las compresiones vasculares.

—Por favor Nella. – Le insisto. Consigo tomar su mano, está aún tibia, pero su corazón no late — No puedes dejar que esto termine. Antonella. – Le apretó la mano.

—Volvió — Habla uno de ellos — No la suelte… Acelera…—

El viaje es interminable de nuevo el silencio reina en la ambulancia salvo por el ruido de la sirena. En mi vida había odiado tanto el silencio como ahora, normalmente me agrada sin embargo en este momento en el que la incertidumbre me carcome desearía saber más sobre el estado de ella.

Al llegar al hospital se la llevan de inmediato, ni siquiera tuve tiempo de despedirme porque de nuevo entro en paro. M*****a sea, si la hubiera acompañado nada de esto estaría pasando. Al seguirla soy detenida por una enfermera que me pide todos los datos de Antonella además de informarme que no podía estar con Amelie ahí.

Por suerte Adam no tardó en aparecer, le pedí que llevara a la gata al veterinario, se veía muy lastimada hasta respiraba con algo de dificultad. Estoy seguro que si le pasa algo a la gata, Antonella estará devastada, Amelie es muy importante para ella. Además, que le tengo cariño a la bola de pelos.

Lo siguiente que hice fue informar a la madre de Antonella sobre el accidente, es necesaria su presencia para cualquier tratamiento que necesité Antonella. Decisiones que solo puede tomar un familiar directo. Junto valor para llamarla, ella me pidió que cuidara a su hija, hoy he fallado.

—Buenas Tardes Señora Adatto — La saludo.

—Giancarlo, deja las formalidades. ¿Ya están cerca? Si que han viajado rápido. – Responde.

—No… Si la llamo es porque necesito que venga. – Le pido.

—¿Qué valla? ¿Por qué?— Está desconcertada. – NO ¿QUÉ LE PASO A MI ANTONELLA? – Me grita percibo el miedo.

—Ah tenido un accidente… Está grave y necesito que venga. – Le informo.

—Se supone que tenías que cuidarla…. Maldición…. Voy para allá. – Me cuelga, está destrozada.

Pasan horas y no hay noticias sobre Antonella, no informan nada. Por más que pregunto repiten que no pueden por no ser un familiar directo. Mientras espero llamo a Adam para conocer el estado de Amelie, estoy seguro que se habrá gastado unas dos vidas en ese accidente.

—Adam ¿Cómo está? – Le pregunto.

—Mal Giancarlo—sama… El veterinario dice que es un milagro que este viva.— Me notifica Adam preocupado.

—¿Qué tiene? – Le interrogo.

—Muchos golpes… Está inconsciente… Van a tener que ponerle yeso en una pata… Creen que no pasara la noche. – Siento su tristeza.

—Tiene que pasarla…. Dile al veterinario que haga los que sea esa gata tiene que vivir… Entendiste. – Le ordeno.

—Pero… — Comienza a contradecir.

—No importa lo que haga, esa gata tiene que vivir…. No me hagas repetirlo de nuevo. – Le ordeno.

—Si… Giancarlo – Acepta.

—¿Puedes ponerla al teléfono?— Le pido.

—En un momento Giancarlo –Sama – Escucho que conversa con alguien. – Ya puede hablar.

—Tienes que recuperarte bola de pelos…. Antonella te espera. – La aliento. – No puedes rendirte… Si te pasara algo ella se va a poner muy triste…—

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