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Pasado es pasado

last update Veröffentlichungsdatum: 27.02.2022 00:58:14

Antonella:

Me duele todo mi cuerpo, sobre todo mi cabeza. Es extraño porque a pesar del dolor que siento es como si estuviera adormecida y algo aletargada. Quiero abrir los ojos mover mi cuerpo, pero es tan difícil. Es como si mi cuerpo no quisiera responderme por lo cansado que se siente.

—Antonella, hija. Despierta por favor…. Nos tienes muy preocupados. – Esa es la voz de mi mamá.

¿Qué hace ella aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué paso? No recuerdo mucho, en si nada. Sé que me llamo Antonella, tengo a mi madre, dos hermanos Adrien y Ana. También cuatro sobrinos pero hace tiempo que no los veo, por el trabajo. Ahora vivo lejos de mi familia entonces ¿Qué hacen ellos aquí?

—Tuviste un accidente. – Me auto respondo.

—¿Cómo fue?— Le pregunto a la nada.

—Auto, giros, golpes… — De nuevo me contesto.

—Antonella, despierta por favor… Lamento no estar contigo estos días, castígame de la forma que quieras pero no nos dejes… Por favor despierta. – Escucho una voz familiar. – Nella, Amelie te está esperando… Yo también lo hago. No me dejes.

—¿Quién es Amelie?—

—Nuestra gata… Ella es muy importante, nos necesita…— Me contesto.

—¿Quién es la persona que nos habla?—

—mmm Giancarlo… Él nos quiere, nosotros también lo queremos “Hay Giancarlo, me tienes loquita de amor” Si lo quiero ver, lo extraño… No lo veo desde hace tiempo desde que nació Kayra.

Recuerdo esa tarde que salimos del hospital. Él se veía calmado pero algo distante.

—Kayra es una bebita tan linda. Giancarlo. – Le comento.

—Si. – Habla todo seco.

—¿Giancarlo por qué estas todo parco? No pareces tú. – Le recrimino. —Cualquiera diría que no te alegra la noticia.

—Estoy cansado por el viaje.— Lo dice mientras se estira y da un bostezo— Claro que me gusta noticia, un niño siempre es una alegría ¿Además qué no sé quién a sido el más emocionado si Adam o tú?

—Malvado, se supone que tiene que ser Adam. – Lo miro feo.

No te enojes… — Me abraza por atrás y me da un beso en la mejilla. – Es que te vi tan contenta al ver a la bebe.

—Es que con Kayra hay un aprecio especial. – Me giro y lo veo a los ojos.

—¿Aprecio especial? – Se sorprende.

—Claro porque es gracias a ella que estoy aquí. Si no fuera por ella, no te hubiera encontrado y mucho menos estaríamos juntos. – Le respondo.

Tienes toda la razón.— Está todo pensativo.— ¿Pero a ti te agradan mucho los bebes? – Insiste.

—Soy profesora de inicial. Se supone que me tienen que gustar. – Le muestro algo obvio.

Es lógico sin embargo siempre que vez un bebe o la vez que fuimos a la tienda a comprar las cosas, lucias tan emocionada. – Me comenta.

Cierto…. Seria lindo que tuviéramos uno… Me imagino un mini Giancarlo corriendo por todo el lugar, con tus mismos ojos. – Lo digo sin pensar mucho, surge de repente la idea. No imagine poder pensar de nuevo en aquella posibilidad. Me giro y noto que esta anonadado, creo que no le gustó la idea, seguro que me precipite al imaginar aquello. Al sentir lo incomodo de la situación, me suelto de su abrazo, y lo comienzo a jalar hasta llevarlo a la heladería.

—Comamos un helado. – Cambio radicalmente de tema. – Yo invito. – Le sonrío.

—Como quieras. – Responde, supongo que debe estar aliviado aunque no lo muestre, sigue todo inexpresivo.

No lo contradije ni nada, simplemente lo lleve hasta la heladería que solemos visitar, pido un helado de dos bolas para cada uno. Él sigue como perdido. Tomamos asiento en una de las mesas que se encuentra lo más alejada de la entrada y pegada al jardín. No hablamos sólo comíamos el helado, se percibe la tensión en el ambiente, para terminar con esto prácticamente devoro el helado, deseo irme. Tal vez Giancarlo tiene cosas que hacer y por eso está todo distraído o lo que dije le desagrado.

—Nos vemos luego. – Me levanto de la silla.

—¿Dónde vas? – Me pregunta.

—Voy hacer unas cosas y luego iré a casa, no te preocupes. – Le sonrío no quiero que esté a mi lado si es por obligación.

—Te acompaño. – Se levanta.

No es necesario. Puedo ir sola. – Lo detengo.

—¿Por qué me excluyes? ¿Qué sucede? – Se molesta, en si la que debería hacer esas preguntas y estar así soy yo.

—Nada. Estoy segura que tienes cosas que hacer. – Lo intento convencer.

—Mientes, dime qué te enojo. – Me exige.

—Te repito que nada. Bien. – Le doy un ligero beso. – Sé que quieres pensar, tomate tu tiempo. – Le susurro antes de irme.

No me siguió, dejo que me fuera. Hice unas cuantas compras en el supermercado, seguro si le cocinaba algo rico junto una torta de tres leches de brillantes lo animara. No me gusta verlo así a pesar que muchos me han dicho que Giancarlo es alguien muy seco poco expresivo y hasta taciturno. He visto ese lado suyo cuando lo conocí sin embargo él me ha mostrado otra faceta, quizá se cansó. No él debe tener algo, si pronto volverá a ser el de siempre, mi fastidioso y antipático Giancarlo Madicci.

Al llegar a casa prepare todo para nuestra cena romántica. Puse las flores que he traído en un bonito florero. La pequeña torta que compre hice que le pusieran “Gracias por quererme” Pronto el matahambre que hice estuvo listo junto el puré de papa. Lo corte para de ahí servirlo y quedara todo bonito.

Lo llamo a su celular, varias veces y no responde. Pongo la comida en un lugar seguro y voy a buscarlo por toda la casa. No lo encuentro, ni siquiera está su camioneta, no regreso.

Pasaron horas y Giancarlo no regreso, miro el reloj, es media noche. Veo lo que prepare, todo fue por gusto. Guardo lo que cocine en un taper, le quito el letrero a la torta para guardarla en el refrigerador, se me quitaron las ganas de todo. Ese sin sabor del déjà vume invade, niego con la cabeza, Antonella Adatto no iba ser la misma tonta. Voy rumbo a mi habitación y fue cuando lo encuentro entrando.

—¡Estás despierta!— Se asombra.

—Sólo fui a tomar un poco de agua, buenas noches. – Me despido.

—¿Estás molesta?—Me pregunta, me tienta responderle que sí, que es un tonto, desconsiderado.

—No.— Niego con la cabeza y paso de largo. No iba poder soportar un minuto más estar frente él.

—Antonella. – Me llama, no le hago caso, estoy cansada.

Creí que las cosas se solucionarían al día siguiente pero no fue así, porque desde entonces deje de verlo. Casi no paraba en la casa, se iba muy temprano, casi de madrugada y regresaba sumamente tarde. Él me evita.

—¿Estás segura que me quiere?— Pregunto.

—Si, dice que eres importante. – Me respondo.

—¿Por qué me evita? No quiere estar a mi lado, lo incómodo. Soy alguien molesta. – Siento mucha tristeza. — ¿Por qué me duele no estar a su lado?

—Lo queremos. –

—Antonella despierta. Por favor… Prometo que no volveré a dejarte de lado de nuevo… No puedes dejarme. Te quiero a mi lado.— Lo escucho muy lejos.

—¿Puedo creer en él?— Pregunto.

Capítulo Pasado olvidado, presente de frente

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