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Capítulo 2 El Reencuentro

Author: Juccy
last update Petsa ng paglalathala: 2026-09-21 15:22:45

La llovizna azotaba la ventanilla del taxi en el que viajaba Valentina, difuminando las luces de la ciudad en un resplandor tenue y tenue. En sus manos, el documento de la propuesta que había redactado con un esfuerzo sobrehumano pesaba como una piedra. Era su última carta. Si el líder de Castillo Group se negaba a inyectar capital, mañana por la mañana Elena y Nicolas borrarían definitivamente el apellido Morales del mapa empresarial de la ciudad.

El taxi se detuvo en el patio delantero de The Grand Pavilion, un restaurante de lujo de alta cocina que esa noche permanecía cerrado al público general. Valentina bajó del vehículo, se reacomodó su sencillo saco negro y respiró hondo para aplacar los latidos desbocados de su corazón.

—Buenas noches, ¿señorita Morales? —saludó un camarero pulcro frente a la imponente puerta de cristal.

—Sí, así es. Tengo una cita con el presidente de Castillo Group —respondió Valentina, intentando mantener la voz firme a pesar de tener las manos heladas.

—Acompáñeme, por favor. Él ya la aguarda en el salón VIP del segundo piso.

Valentina recorrió el pasillo silencioso de alfombra tupida. Cada paso se sentía como una caminata hacia el patíbulo. En su mente, imaginaba la figura del líder de Castillo Group: un magnate maduro, rígido, distante, que probablemente miraría por encima del hombro a una empresa familiar en agonía. Se había preparado mentalmente para tragar su orgullo con tal de suplicar ayuda.

El camarero se detuvo ante una puerta de madera de caoba bellamente tallada. Llamó con dos golpecitos suaves y luego la deslizó hasta abrirla por completo.

—Adelante, señorita.

Valentina cruzó el umbral. La fragancia a madera de sándalo mezclada con el sutil aroma de una loción masculina intensamente familiar penetró sus sentidos, provocándole un vuelco extraño en el pecho.

Al fondo de la habitación climatizada, un hombre de complexión imponente permanecía de espaldas a la puerta, contemplando la vista nocturna de la ciudad tras un enorme ventanal de cristal. Vestía un traje a medida gris oscuro que se moldeaba a la perfección a sus hombros anchos.

—Buenas noches, señor... —la voz de Valentina quedó suspendida en el aire.

El hombre se giró con parsimonia. Con una mano sostenía un vaso de cristal con whisky, mientras mantenía la otra descansando con soltura en el bolsillo del pantalón.

En ese instante, el aire en los pulmones de Valentina pareció esfumarse por completo. Sus pies se clavaron en el suelo. El expediente que sostenía estuvo a punto de resbalar de sus manos.

—¿Alexandro...? —susurró Valentina, en un hilo de voz casi imperceptible.

El hombre frente a ella no era el empresario maduro que había imaginado. Se trataba de Alexandro Castillo. El mismo hombre que cinco años atrás había empacado sus cosas sin despedirse, había bloqueado todos sus contactos y se había evaporado de su vida como el humo, dejándola sumida en un profundo pozo de desolación.

Ahora, Alexandro estaba allí de pie. Las líneas de su mandíbula se veían aún más marcadas; su mirada era severa, oscura, y emanaba un aura de dominación y poder inquebrantables. Ya no quedaba rastro del joven cálido que alguna vez rió con ella en aquel diminuto departamento alquilado.

Alexandro la examinó de arriba abajo. Su mirada era tan plana, fría y distante, como si la mujer que temblaba ante él no fuera más que una desconocida que por azar llegaba a entregar un expediente.

Caminó sin prisa hacia la mesa redonda del centro del salón y tomó asiento en la silla principal. Le dio un pequeño sorbo a su whisky antes de sostener la mirada de Valentina, quien permanecía petrificada.

—Tome asiento, señorita Morales —dijo Alexandro. Su voz era grave, profunda, y carecía del más mínimo indicio de reconocerla a nivel personal—. No dispongo de mucho tiempo.

Valentina tragó una saliva que le supo amarga. Las rodillas le flaquearon al dar un paso hacia adelante y sentarse en la silla opuesta. Solo la mesa de madera pulida los separaba, pero Valentina sentía que entre ambos se abría un abismo insondable e inalcanzable.

—Yo... no sabía que tú eras el presidente de Castillo Group —dijo Valentina, con la voz ligeramente temblorosa, debatiéndose entre la incredulidad, la rabia y una añoranza contenida.

Alexandro reclinó la espalda contra el asiento, fijando sus ojos en Valentina sin parpadear.

—Estamos aquí para hablar de negocios, no para rememorar el pasado. Así que le ruego que guarde su expresión de sorpresa.

La actitud gélida de Alexandro fue como una bofetada violenta en el rostro de Valentina. Aquel hombre se había convertido en un auténtico desconocido. Valentina apretó los puños por debajo de la mesa, intentando reunir los escasos fragmentos de profesionalismo que le quedaban.

—De acuerdo —suspiró profundamente, deslizando la carpeta de la propuesta hacia el centro de la mesa—. Esta es la propuesta de adquisición e inyección de capital para Morales Nusa Group. Necesitamos una aportación de fondos frescos para anular la transferencia ilegal de activos realizada por...

—Ya leí los documentos de su empresa antes de que llegara —la interrumpió Alexandro con frialdad, sin siquiera tocar la carpeta que Valentina le ofrecía—. Su empresa es un caos, su administración está en ruinas y usted no cuenta con ninguna posición de fuerza frente a sus propios accionistas.

Valentina se mordió el labio inferior.

—¡Pero el potencial de nuestros activos sigue siendo enorme, Alexandro! Si tú inyectas el capital...

Alexandro se erguó en la silla, apoyó ambos codos sobre la mesa y clavó la mirada directamente en las pupilas de Valentina. Aquella mirada era tan penetrante que la dejó muda al instante.

—Cuánto tiempo sin verte, Valentina Morales —interrumpió Alexandro con un tono pausado pero punzante, que se clavó en lo más profundo de su pecho—. ¿Cuál es el precio que necesitas para salvar tu negocio?

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