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Contrato matrimonial con mi ex
Contrato matrimonial con mi ex
ผู้แต่ง: Juccy

Capítulo 1 El punto más bajo

ผู้เขียน: Juccy
last update วันที่เผยแพร่: 2026-09-21 15:13:07

El golpe del mazo sobre la mesa de teca resonó con una frialdad absoluta, sepultando de golpe los últimos vestigios de valor que Valentina había logrado reunir desde la mañana.

—La decisión de la junta de accionistas del día de hoy es definitiva —expresó Elena con una sonrisa tenue y forzadamente cortés. Su madrastra se reajustó el chal de seda mientras la contemplaba desde el extremo opuesto de la mesa, con una mirada cargada de un triunfo indiscutible—. A partir del próximo mes, las operaciones y la transferencia de activos de Morales Nusa Group quedarán bajo el control total de la nueva administración.

Valentina se puso de pie, afianzando sus manos con fuerza sobre el borde de la mesa. Sintió que los ojos le ardían, pero se negó rotundamente a derramar una sola lágrima en aquella sala de paredes de cristal.

—¡Esto es una locura, Elena! Esta empresa la construyó mi difunta madre desde cero. ¡Usted no tiene ningún derecho a vender las acciones mayoritarias sin mi consentimiento!

—¿Tu consentimiento? —interrumpió la voz de un hombre con un tono burlón.

Nicolas, el hombre que apenas el mes pasado ostentaba el título de prometido de Valentina, se encontraba sentado justo al lado de Elena. Apoyó la espalda contra el respaldo del sillón de manera relajada, observando a Valentina como si no fuera más que una piedra insignificante en el camino.

—Valentina, sé realista. Tras las pérdidas del último trimestre, tus acciones se redujeron a solo un veinte por ciento. No tienes voz ni voto aquí.

—¡Esas pérdidas ocurrieron porque tú falsificaste los informes financieros, Nicolas! —su voz se elevó, mientras su pecho subía y bajaba con agitación, sofocado por una rabia contenida que amenazaba con asfixiarla—. ¡Tú y Elena desviaron fondos deliberadamente a sus empresas fantasma!

Nicolas soltó una leve risita y se acomodó la solapa de su costoso saco.

—Esa es una acusación muy grave. ¿Dónde están las pruebas? Si no las tienes, será mejor que vayas empacando tus cosas de la oficina de dirección antes de que la seguridad lo haga por ti.

Valentina dirigió la mirada hacia su alrededor. Los accionistas veteranos —aquellos hombres que alguna vez vieron crecer el negocio codo a codo con su madre— se limitaron a agachar la cabeza. Ni uno solo tuvo el valor de alzar la voz para oponerse a la dominación de Elena y al aplastante capital que Nicolas traía consigo.

El mundo de Valentina se desmoronó en un instante. Los activos, la herencia y la dignidad de la familia Morales habían sido arrebatados sin piedad en menos de una hora.

Sin pronunciar una sola palabra más, dio media vuelta y salió de la sala de reuniones. Las piernas le temblaban, apenas capaces de sostener su propio peso mientras recorría los fríos pasillos de la empresa.

—¡Señorita Valentina!

Una voz entrecortada por el cansancio la alcanzó desde atrás. Don Mateo, el anciano y fiel secretario que había acompañado a su difunta madre desde los inicios, corrió hacia ella. En sus ojos se reflejaba una profunda compasión.

—Don Mateo... —la voz de Valentina finalmente se quebró, atascándosele en la garganta—. Fallé. No pude proteger el legado de mi madre.

—No se dé por vencida todavía, señorita —susurró él, echando un vistazo a ambos lados para asegurarse de que nadie del personal de Elena estuviera vigilando. Con disimulo, la apartó un poco hacia una esquina del corredor—. Aún queda una pequeña rendija. Los activos principales no se han transferido por completo porque hay una cláusula de recontratación de inversores para la próxima semana.

Valentina se limpió con discreción las lágrimas en la comisura de sus ojos.

—¿Pero quién querría invertir en una empresa que ya ha sido carcomida desde adentro? Los bancos ya me rechazaron, Don Mateo.

—No me refiero a un banco, señorita.

Don Mateo le extendió una elegante tarjeta de presentación, de un color negro mate con letras doradas en relieve.

—Castillo Group. Acaban de abrir la sede de su empresa matriz en esta ciudad y están buscando adquisiciones estratégicas. Si ellos aceptan inyectar capital fresco de manera directa, la decisión de la junta quedará anulada automáticamente por ley.

Valentina fijó la mirada en la tarjeta. En ella solo aparecía el nombre de la compañía, sin ningún dato personal.

—¿De verdad estarían dispuestos a ayudarnos?

Don Mateo exhaló un largo suspiro. De repente, su expresión se tornó sumamente seria y cautelosa. Dio un paso hacia adelante, bajando la voz hasta convertirla casi en un murmullo de urgencia.

—He recurrido a todos los viejos contactos de su madre para tender este puente —dijo Don Mateo, mirándola fijamente a los ojos—. El máximo líder de Castillo Group aceptó reunirse con usted esta misma noche. Pero recuerde, Valentina... no se trata de un hombre cualquiera.

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