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Capítulo 3

مؤلف: Cocojam
Cuando Viggo regresó a la habitación, la tenue sonrisa que esa llamada dibujó en mis labios aún no había desaparecido.

Se detuvo.

Sus profundos ojos grises se clavaron en mí, como si quisiera grabar esa expresión en su memoria.

Hacía muchísimo tiempo que no me veía sonreír así, con una felicidad sincera.

Y, esta vez, no era por él.

Sus labios se tensaron. Parecía querer preguntarme algo, pero al final solo tomó el informe médico que estaba sobre la mesa.

—Descansa bien. —Su voz sonó rígida—. Sigues siendo la Luna de esta manada.

Después se dio la vuelta y salió sin volver la vista atrás.

Después de todo, el cachorro que tanto le importaba lo estaba esperando.

Los cuatro días siguientes, Viggo no volvió a aparecer.

En cambio, mi teléfono no dejó de vibrar con las publicaciones de la red social de la manada.

Video tras video.

Viggo acompañaba a Odette a distintos banquetes de la Alianza.

Incluso la marcó con su aroma delante de todos al presionar la glándula de su cuello contra la de ella para reclamarla. Era un acto posesivo reservado únicamente para un compañero.

La rodeaba con un brazo por la cintura mientras la presentaba ante otros Alfas.

También colocó su chaqueta sobre los hombros de Odette y enterró el rostro en su cuello.

Toda la manada hablaba de ellos.

Estaban profundamente enamorados.

El día que me dieron el alta, Viggo publicó nueve fotografías.

En su jet privado, su chaqueta descansaba sobre los hombros de Odette mientras ambos se tomaban de la mano y contemplaban las luces de la ciudad desde la ventanilla.

El texto de la publicación era breve:

"El futuro es prometedor".

Dejé un comentario.

"Felicidades al Alfa y a su futura Luna. Que lleven gloria a la manada".

Después apagué el teléfono.

Diez minutos más tarde comenzó a vibrar sin descanso.

Llamada tras llamada. Todas eran de Viggo. No respondí a ninguna.

Al terminar los trámites del alta, pasé frente al Centro de Crianza de Cachorros y oí voces familiares.

A través de la puerta entreabierta vi a Viggo y a Odette durante un chequeo de rutina.

Las sanadoras los rodeaban, observándolos con envidia.

—El Alfa es tan atento. Incluso la lleva en brazos a todas partes.

—Escuché que, en cuanto ella siente la más mínima molestia, él corre a su lado.

—Es un compañero ejemplar.

No tuve fuerzas para corregirlas. Odette todavía no era su compañera oficial.

Aunque pronto lo sería, ¿no?

Sin darme cuenta, apoyé una mano sobre mi vientre. Mis cachorros... Ellos no necesitan un padre como él. ¿Verdad?

Estaba a punto de marcharme sin hacer ruido cuando una voz me detuvo.

—¿Qué haces aquí?

Me giré.

Viggo me observaba con una mirada afilada, como si estuviera interrogando a una intrusa con malas intenciones.

Sabía perfectamente qué quería preguntarme en realidad.

¿Por qué no respondía a sus llamadas? ¿Por qué había dejado aquel comentario?

Pero ya no quería darle explicaciones.

—Lo siento. No pretendía estar aquí. —Bajé la cabeza por reflejo—. Solo iba pasando. No los estaba siguiendo.

Era la costumbre. Una actitud sumisa forjada tras nueve años de humillaciones.

Estaba a punto de irme cuando volvió a hablar.

—Espera.

Me detuve.

Odette asomó la cabeza desde la sala de revisión. Al verme, un destello de oscuro triunfo cruzó por sus ojos.

Desapareció tan rápido como apareció y fue sustituido por una expresión amable.

—¿Nyxia? ¡Qué alegría verte! —Se apoyó débil en el marco de la puerta mientras acariciaba con suavidad su vientre—. ¿Por qué no vuelves con nosotros a la casa principal? Llevo tiempo queriendo darte las gracias en persona.

Acarició su vientre con delicadeza mientras su voz rebosaba gratitud.

—Si no nos hubieras transferido tu fuerza vital a mi cachorro y a mí, no sé qué habría sido de nosotros.

Después miró a Viggo con expresión suplicante.

—Viggo, ¿Nyxia puede volver con nosotros? Me gustaría recibirla como se merece.

Como si ella fuera la verdadera dueña de la casa.

Viggo asintió.

Aunque una punzada me atravesó el pecho, no rechacé la invitación.

En realidad, me venía bien.

Necesitaba volver para recoger el resto de mis cosas.

Durante el trayecto ocupé mi asiento de siempre, en el rincón más alejado.

Odette permanecía apoyada sobre el hombro de Viggo mientras ambos susurraban entre ellos.

Yo contemplaba el paisaje por la ventanilla, con la cálida voz de aquella llamada telefónica resonando una y otra vez en mi mente.

Unos minutos después, mi pie chocó con algo.

Bajé la vista.

Era un collar de supresión, de los que usan las Omegas durante el celo. Estaba impregnado del empalagoso aroma de Odette y cubierto de marcas de mordidas.

—¡Ay, Diosa Luna! —exclamó Odette con exageración mientras daba unos golpecitos juguetones en el pecho de Viggo—. ¿Cómo pudiste dejar algo tan privado por aquí? ¡Qué vergüenza!

Su tono era coqueto, como el de una compañera recién unida que acababa de descubrir un pequeño secreto de su Alfa.

Respiré hondo y me obligué a ignorar lo que acababa de ver y la bilis que me subía por la garganta a causa de la repulsión instintiva.

Viggo soltó una leve risa, fingiendo vergüenza.

—Se me olvidó guardarlo.

Pero podía sentir su mirada sobre mí, observando en secreto mi reacción.

Quería verme sorprendida, enfadada o celosa.

Levanté la cabeza y sostuve su mirada. Mi rostro no reflejó ninguna emoción.

Fue él quien terminó reaccionando.

En el instante en que nuestras miradas se cruzaron, un momento de incomodidad atravesó su rostro, reemplazado enseguida por la irritación de un cazador cuya presa acababa de soltarse de la correa.

Su sonrisa se congeló por un instante al darse cuenta de que aquella pequeña actuación no había provocado la reacción que esperaba.

Después perdió todo interés. A mitad del camino, habló con evidente fastidio.

—¿Qué tanto miras? ¿No puedes quedarte quieta?

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  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 11

    **Narrado por Nyxia**Mientras escuchaba los gritos desesperados de Odette, sentí que las náuseas me revolvían el estómago.Aparté su mano de un tirón, como si acabara de tocar algo repugnante.—Eres un monstruo.La esperanza que aún brillaba en los ojos de Viggo se hizo añicos y dio paso a una desesperación todavía más profunda.—Nyxia... Todo esto lo hice por ti...—¿Por mí? —No pude evitar soltar una risa fría y cortante—. ¿Asesinaste a un cachorro inocente por mí? ¿Le arrebataste a una loba la posibilidad de volver a tener cachorros por mí?—Solo estaba quitando los obstáculos que había entre nosotros...—Solo estabas satisfaciendo tu retorcida obsesión por poseerme. Siempre fue así. —Lo interrumpí con una voz afilada como una cuchilla.Me di la vuelta y salí de la enfermería sin siquiera mirar atrás.Tres semanas después, me encontraba en el Santuario de la Diosa de la Luna de la Manada Dawncrest para celebrar mi ceremonia de unión con Rowan.Aquel día también recibiría

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  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 6

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