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Capítulo 2

مؤلف: Cocojam

No logré salir del territorio.

Justo cuando estaba a punto de llegar hasta los guardias enviados para rescatarme, los lobos de Viggo me arrastraron como si fuera una presa capturada hasta la cámara ritual subterránea.

Allí estaban el frío altar de piedra, las antiguas runas y los escalofriantes utensilios ceremoniales.

Me ataron con fuerza al altar. Gruesas cadenas de plata, frías como el hielo, aprisionaron mis muñecas y tobillos.

Cada vez que forcejeaba, la plata me quemaba la piel y dejaba marcas rojizas.

—¡Suéltenme! ¡Viggo!

La puerta se abrió.

Viggo entró con pasos firmes, seguido por el Gran Sanador.

El anciano de cabello blanco tembló al revisar mis heridas. Luego se dirigió a Viggo.

—Alfa, el cachorro que lleva Odette quedó muy inestable por la explosión de energía —dijo con preocupación—. Necesita ser alimentado con fuerza vital... y la Luna es la única que puede proporcionársela.

—Entonces que empiece —ordenó Viggo, con el rostro impasible.

—Pero... —dijo el sanador con cautela—. Este tipo de ritual de extracción forzada de fuerza vital causa un daño enorme a quien la entrega. Podría dañar permanentemente a la loba de la Luna.

La sangre se me heló.

¿Dañar permanentemente a mi loba?

Sabía lo que quería decir.

Significaba que me despojarían de mi loba. Me convertiría en un cascarón vacío. Impotente. Inferior incluso a un omega.

—Ha dicho podría. Eso significa que es solo una posibilidad —respondió Viggo con frialdad—. La Piedra Corazón de Luna la protegió durante años. Estará bien. Preparen el ritual.

—No... Viggo, no puedes...

Mi loba se revolvió dentro de mí, aullando desesperada.

No podía creerlo. El lobo que alguna vez juró protegerme con su vida estaba a punto de destruir todo lo que yo era.

Al ver la expresión de mi rostro, Viggo se acercó al altar.

Extendió la mano y acarició mi mejilla helada. Su pulgar áspero tembló apenas un instante. Cuando habló, su tono sonó casi amable.

—Solo resiste un poco más. Pronto terminará.

Eran las palabras de un carnicero conduciendo con dulzura a un cordero al matadero.

El ritual comenzó. Las antiguas runas que rodeaban el altar se iluminaron con un resplandor rojo sangre que me obligó a cerrar los ojos.

Sentí cómo mi fuerza vital abandonaba mi cuerpo, hilo a hilo, alimentando a la loba que estaba en la habitación contigua.

Mi loba luchó con todas sus fuerzas. El vínculo de compañeros también rugía de dolor, como si me estuviera desgarrando el alma.

—Ah... —No pude contener un gemido agonizante.

—Aguanta —dijo Viggo con frialdad—. Es por mi heredero.

Me obligué a aceptar aquella realidad. Ese era el precio que debía pagar por nuestros diez años de vínculo.

Decidí elevar una plegaria silenciosa y desesperada a la Diosa Luna.

Llevé las manos hasta mi vientre y lo protegí instintivamente.

Mis gemelos, mis cachorros. Ellos no podían salir lastimados.

A mitad del ritual, mi cuerpo comenzó a enfriarse y a convulsionar. Cada vez me costaba más respirar.

Sentí que la extracción de mi fuerza vital empezaba a disminuir. Pensé que aquella tortura por fin estaba terminando.

Pero, en ese momento, un débil gemido llegó desde la habitación contigua.

—Viggo... ¿voy a morir...? Me duele... nuestro cachorro...

Viggo estaba a punto de abrazarme. Su mano quedó suspendida en el aire.

Al segundo siguiente, giró hacia el Gran Sanador.

—Continúen el ritual. Aumenten la transferencia.

El Gran Sanador abrió los ojos con incredulidad.

—¡Alfa! ¡Si seguimos, la mataremos!

—Ella lleva a mi heredero —respondió Viggo de forma cortante—. Ella es la prioridad.

De mis labios apenas salió un susurro.

—Ha... hagan lo que él dice...

Con tal de que todo esto terminara. Con tal de que él me dejara ir.

—Cuando esto termine... déjenme ir...

La expresión de Viggo cambió. La culpa y el vínculo que aún quedaba entre nosotros desaparecieron de sus ojos. Solo quedó una frialdad implacable. La inseguridad que escondía bajo su arrogancia terminó por estallar.

—¡Basta! —rugió—. Deja de amenazar con irte. Sabes que no puedes vivir sin mí. Tu vida, tu loba... todo me pertenece. Compórtate y encontraré la forma de compensarte.

Antes de que pudiera responderle, volvió a escucharse la voz de Odette.

—Viggo... tengo miedo...

Sin pensarlo dos veces, se dio la vuelta y fue junto a su Omega, dejándome soportar sola aquel dolor capaz de acabar con mi vida.

En medio de mi angustia, recordé la inspección a las minas de unos años atrás.

Una explosión de energía me dejó gravemente herida, al borde de la muerte. Cuando Viggo recibió la noticia, abandonó de inmediato una importante reunión de la Alianza y vino por mí a toda prisa.

Nunca se separó de mi lado, velando por mí durante tres días y tres noches. Ni siquiera durmió.

Cuando por fin desperté, ya recuperada, estaba tan feliz que recompensó a todos los sanadores que participaron en mi tratamiento y anunció la noticia a toda la manada.

Esa misma noche, cuando por fin nos quedamos solos, ya no pudo contenerse. Me atrajo hacia la cama y me besó una y otra vez.

—Prométeme que nunca me dejarás, ¿sí?

Acarició la marca de mordida en mi cuello y me hizo suya. Todo con un amor tan profundo que parecía dispuesto a devorarme.

En aquel entonces, creí que ese amor duraría para siempre.

Pero todo cambió cuando encontró aquel acuerdo. El acuerdo que mi manada firmó con su padre.

Yo, la Luna bendecida por la Piedra Corazón de Luna, a cambio de diez territorios mineros estratégicos que salvaron a mi manada.

Estaba furioso. Creyó que todo el amor que le demostré durante esos años no había sido más que una vil mentira.

No importó cuántas veces le expliqué que no sabía nada de aquel acuerdo.

No importó que le dijera una y otra vez que tanto mi loba como yo lo amábamos de verdad.

En sus ojos ya solo quedaban la desconfianza y la indiferencia. Todo el amor que alguna vez sintió por mí desapareció en un instante.

Y mientras mi fuerza vital seguía escapando cada vez más deprisa, mi conciencia fue hundiéndose en la oscuridad hasta que perdí el conocimiento.

Al fin... ¿Por fin te estoy devolviendo todo lo que te debía? Estoy tan cansada...

Dos días después.

Desperté en el centro de sanación. Podía sentir que mi loba había quedado reducida a un débil susurro en lo más profundo de mi interior. No podía dejar de toser, ni siquiera al levantarme.

Las lágrimas corrían por mi rostro sin que pudiera controlarlas.

Jamás podría volver a ser una guerrera. Mi fuerza de Beta había desaparecido.

Entonces, al segundo siguiente, lo sentí Un leve aleteo de vida en lo más profundo de mi vientre.

Un enorme alivio inundó mi pecho. Mis cachorros seguían conmigo.

Gracias, Diosa Luna. Mis pequeños siguen protegiendo a su mamá.

—Ya despertaste. —Viggo entró con un tazón de caldo caliente entre las manos—. Bébelo. Necesitas recuperar fuerzas. ¿Te duele algo más?

Pero ya no me quedaban energías para responder a aquella preocupación tan superficial.

Reprimí las náuseas provocadas por el embarazo y me limité a mirarlo con la misma indiferencia con la que se mira a un desconocido.

—Pásame mi teléfono. —Mi voz sonó educada y distante.

Viggo dudó un instante antes de obedecer.

La pantalla mostraba decenas de mensajes sin leer. Todos provenían del mismo canal cifrado y anónimo.

Quizá mi actitud empezaba a inquietarlo. Por primera vez en mucho tiempo, pareció interesarse por mis asuntos.

—¿Quién es? —preguntó, frunciendo el ceño.

—Alguien a quien no conoces —respondí con sequedad.

—¡Nyxia! —gruñó, agarrándome de la barbilla—. ¿Hasta cuándo vas a seguir comportándote así? Te estoy cuidando personalmente. ¿Qué más quieres de mí?

Un dolor sordo me oprimió el pecho. Aparté la mirada.

Conocía demasiado bien esa rabia.

Antes, cada vez que se enfadaba, hacía cualquier cosa para calmarlo. Pero ahora mi loba estaba tan débil que me sentía agotada y llena de dolor.

Ya no tenía fuerzas para preocuparme por sus emociones.

En ese momento sentí, a través del vínculo de compañeros que todavía nos unía, que Odette lo estaba llamando.

Cerré los ojos y hablé en voz baja.

—Su Omega lo está buscando, Alfa.

Viggo quedó paralizado. La rabia desapareció de sus ojos, sustituida por un fugaz destello de incomodidad.

Después se levantó y salió de la habitación para responder al vínculo mental.

Lo vi alejarse y tomé el teléfono.

La voz al otro lado sonaba desesperada.

—Nyxia, ¡prometiste que volverías! Nuestra gente te estaba esperando, pero nunca apareciste. ¿No quieres regresar con la manada? Ya preparé todo para recibirte. Por favor, vuelve unos días, aunque sea, ¿sí?

Al escuchar aquella preocupación sincera, mi voz recuperó una calidez que había perdido hacía muchos años.

—Tuve un pequeño accidente. No te preocupes. Dame unos días más. Pronto estaré allí.

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أحدث فصل

  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 11

    **Narrado por Nyxia**Mientras escuchaba los gritos desesperados de Odette, sentí que las náuseas me revolvían el estómago.Aparté su mano de un tirón, como si acabara de tocar algo repugnante.—Eres un monstruo.La esperanza que aún brillaba en los ojos de Viggo se hizo añicos y dio paso a una desesperación todavía más profunda.—Nyxia... Todo esto lo hice por ti...—¿Por mí? —No pude evitar soltar una risa fría y cortante—. ¿Asesinaste a un cachorro inocente por mí? ¿Le arrebataste a una loba la posibilidad de volver a tener cachorros por mí?—Solo estaba quitando los obstáculos que había entre nosotros...—Solo estabas satisfaciendo tu retorcida obsesión por poseerme. Siempre fue así. —Lo interrumpí con una voz afilada como una cuchilla.Me di la vuelta y salí de la enfermería sin siquiera mirar atrás.Tres semanas después, me encontraba en el Santuario de la Diosa de la Luna de la Manada Dawncrest para celebrar mi ceremonia de unión con Rowan.Aquel día también recibiría

  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 10

    Tres días después, tras la intervención del Consejo de Ancianos, a Viggo le concedieron una última oportunidad.Bajo el pretexto de una negociación final, le permitieron reunirse con Nyxia en un territorio neutral.Esa noche llegó temprano al desolado valle donde tendría lugar el encuentro. Con sumo cuidado preparó su trampa. Cerró los ojos y concentró toda su energía espiritual. Poco a poco, una enorme luna de color rojo sangre apareció en el cielo.Era la misma luna que había iluminado la noche en que Nyxia y él confirmaron su vínculo de compañeros.Bajo una luna como esa intercambiaron sus votos y Nyxia aceptó con devoción su marca de unión.Ahora pensaba utilizar ese recuerdo para quebrar su voluntad.No pasó mucho tiempo antes de que Nyxia y Rowan aparecieran en la entrada del valle.Nyxia ni siquiera se inmutó al ver la luna de sangre. En cambio, los ojos de Rowan se ensombrecieron de inmediato.—¿Qué clase de truco es este? —preguntó mientras se colocaba delante de Nyxia

  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 9

    Cuando Viggo volvió a abrir los ojos, se encontró en una lujosa habitación para invitados.Sin embargo, las ventanas estaban selladas por una barrera de energía invisible.Era un prisionero.Intentó incorporarse, pero un espasmo de agonía proveniente de su alma desgarrada lo hizo gritar.La ruptura del vínculo de compañeros le dejó un profundo vacío sangrante donde antes estaba la mitad de su alma.Tambaleándose, llegó hasta la ventana y lo que vio hizo que el corazón se le detuviera.Bajo la luz de la luna, en el jardín, Nyxia descansaba entre los brazos de Rowan.Él le acarició el cabello con infinita ternura. Después inclinó lentamente la cabeza.Y la besó.Un beso profundo y apasionado bajo la plateada luz de la luna.—¡No!Viggo rugió y se lanzó contra la puerta del balcón intentando salir, pero la barrera invisible lo repelió con violencia.Era un lobo enjaulado. Sin colmillos y sin garras.Golpeó una y otra vez la barrera con los puños ensangrentados. Sus ojos ardía

  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 8

    Rowan protegió a Nyxia detrás de él, con una sonrisa desafiante dibujada en los labios.—Soy Rowan Blackwood —respondió con calma—. Nyxia es mi compañera destinada.Aquellas palabras golpearon a Viggo como un puñetazo.—¿Compañera...? No... Eso es imposible...Desató su orden Alfa. Su voz se quebró por la desesperación.—¡Nyxia! ¡Ven aquí! ¡Eres mi compañera destinada! ¡Vas a volver conmigo!Pero Nyxia permaneció en silencio detrás de Rowan.Su indiferencia fue más cruel que cualquier palabra.La cordura de Viggo terminó de quebrarse.Sacó de su abrigo las Cadenas del Dominio Paterno. Sus ojos brillaban con una locura aterradora.—¡Si no quieres volver conmigo, recuperaré por la fuerza lo que me pertenece!Alzó la cadena y comenzó a recitar un antiguo conjuro prohibido.Una energía negra empezó a retorcerse a su alrededor antes de salir disparada hacia el vientre de Nyxia.—¡Detente!Rowan se lanzó hacia ella, pero la energía oscura levantó una barrera que lo repelió con

  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 7

    Un miedo asfixiante se apoderó de Viggo.Después de aquella noche frente a la casa vacía, movilizó todos los recursos de la manada para encontrar a Nyxia.La Manada Dawncrest... ¿Qué relación tenía ella con aquel antiguo linaje? ¿Dónde estaba?Tres días después, por fin obtuvo una pista. Nyxia estaba en Ciudad Dawnlight.Una chispa de esperanza obsesiva volvió a encenderse dentro de él.Corrió de inmediato al aeropuerto.Justo cuando estaba a punto de abordar el avión, Odette, embarazada, llegó corriendo entre lágrimas.—¡Viggo! ¡Espérame! —Tropezó mientras intentaba alcanzarlo—. ¡No puedes abandonarnos así!Viggo se detuvo y giró lentamente para mirarla.La observó con una expresión aburrida y llena de desprecio, como si fuera alguien de quien ya tenía ningun beneficio.—Ya preparé un lugar para ti. —Su voz carecía de toda emoción—. Cría a ese cachorro en silencio y no vuelvas a aparecer delante de mí.Odette abrió los ojos de par en par.—Pero... nuestro cachorro...—Tu

  • Creyeron que rogaría, los dejé sin nada.   Capítulo 6

    Ante la contundente pregunta de su padre, Viggo abrió la boca, pero no fue capaz de pronunciar una sola palabra. El sudor frío le recorría la frente y las manos le temblaban sin control.Solo podía rezar para que toda esta presión obligara a Nyxia a aparecer.Un silencio absoluto envolvía el Gran Salón de la Luna. Todas las miradas estaban clavadas en él, expectantes.De repente, las enormes puertas volvieron a abrirse.Un desconocido, cubierto con una capa negra, entró lentamente. Sobre el pecho llevaba un antiguo emblema grabado a fuego en el cuero.El escudo de la Manada Dawncrest, del sur.Un jadeo colectivo recorrió el salón.La Manada Dawncrest, un linaje legendario y ancestral que todos creían desaparecido desde hacía décadas.El emisario caminó hasta el centro del salón y, sin decir una palabra, arrojó una antigua caja negra a los pies de Viggo. Cayó al suelo con un golpe seco.—¿Qué es esto? —Viggo frunció el ceño.El emisario no respondió. Se limitó a observarlo con

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