Ante la contundente pregunta de su padre, Viggo abrió la boca, pero no fue capaz de pronunciar una sola palabra. El sudor frío le recorría la frente y las manos le temblaban sin control.Solo podía rezar para que toda esta presión obligara a Nyxia a aparecer.Un silencio absoluto envolvía el Gran Salón de la Luna. Todas las miradas estaban clavadas en él, expectantes.De repente, las enormes puertas volvieron a abrirse.Un desconocido, cubierto con una capa negra, entró lentamente. Sobre el pecho llevaba un antiguo emblema grabado a fuego en el cuero.El escudo de la Manada Dawncrest, del sur.Un jadeo colectivo recorrió el salón.La Manada Dawncrest, un linaje legendario y ancestral que todos creían desaparecido desde hacía décadas.El emisario caminó hasta el centro del salón y, sin decir una palabra, arrojó una antigua caja negra a los pies de Viggo. Cayó al suelo con un golpe seco.—¿Qué es esto? —Viggo frunció el ceño.El emisario no respondió. Se limitó a observarlo con
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