LOGIN—Cuídame al perrito un momento. Voy a bajar a recoger algo.Cecilia le entregó a Gloria el perro que llevaba en brazos.Luego tomó el ascensor hasta la planta baja y salió de la empresa. Miró a su alrededor y enseguida divisó a Alicia, que estaba de pie junto a la puerta de un auto, no muy lejos de allí.Cecilia se acercó directamente a ella y, al llegar, le preguntó con indiferencia:—¿Para qué me buscas?—Vine a entregarte esto.Alicia se dio la vuelta, metió el brazo por la ventanilla abierta del auto y sacó una invitación de boda de color rojo intenso. Luego se la tendió a Cecilia.Cecilia la miró con suspicacia, tomó la invitación y la abrió. Al leerla, soltó una risa de incredulidad.—Alicia, ¿hablas en serio? ¿Te vas a casar con Samuel dentro de tres días? ¿Qué crees que es el matrimonio, un juego de niños? ¿Así de fácil es decidir casarse con alguien?—Llevo cuatro años enamorada de Samuel. No me importa que la boda sea dentro de tres días. Si me pidiera que me casara con él ah
Cecilia mostró una expresión de sorpresa.¿Ella era la hija de Don Suárez?Volvió a observarla con atención. Le parecía una mujer de negocios astuta y capaz, aunque sus rasgos no se parecían en absoluto a los de Don Suárez.—Por tu expresión, señorita Cecilia, ¿debo suponer que conoces a mi padre?Sebastián respondió por ella.—Así es. Es una gran amiga de Don Suárez, a pesar de la diferencia de edad. Los dos comparten su afición por el go y, muchas veces, hasta mi abuelo termina perdiendo contra ella.Susana sonrió con los labios apretados.—Por lo que veo, la señorita Cecilia sabe muy bien cómo salirse con la suya. Si hasta ha logrado vencer a mi padre, no cabe duda de que los jóvenes de hoy son extraordinarios.A primera vista, sus palabras parecían un elogio a la habilidad de Cecilia en el go.Sin embargo, cuanto más las pensaba, más le parecía que escondían una segunda intención.Había cierto tono de burla en ellas.Cecilia estaba casi segura de que Susana ya la conocía, o al meno
Cecilia fue a toda prisa a la oficina de Sebastián.Apenas entró, se acercó a él con los ojos muy abiertos y le reclamó:—¿Qué estabas haciendo hace un momento?—¿Qué hice?—Me defendiste delante de todos. No estuvo nada bien.Sebastián se quedó sin saber qué decir ante semejante reproche.—¿Y qué querías que hiciera? ¿Que te pusiera en ridículo delante de todos y te regañara hasta dejarte por los suelos?—No hace falta que me regañes de esa manera, pero sí que me llames la atención cuando me lo merezca. Estuvo mal que me distrajera. Tienes que demostrar que tratas a todos por igual, no que conmigo haces una excepción y me consientes demasiado.Sebastián la rodeó por la cintura de un tirón y la sentó sobre sus piernas. Soltó una risa.—Te haré caso. Regañar a la pareja puede darte una satisfacción momentánea, pero después te toca sufrir para recuperarla. No soy tan tonto.Cecilia todavía tenía el ánimo por los suelos, pero sus palabras la hicieron reír de repente.—Cierra los ojos, ten
La hoja afilada de la daga le abrió la piel.Carmen realmente se había hecho un corte en la muñeca.Por suerte, Cecilia reaccionó a tiempo y le arrebató el arma de un manotazo, evitando que ocurriera una tragedia.Todavía conmocionada, Cecilia presionó la herida de su madre y le gritó:—¿Estás loca? ¿Tanto quieres morirte?Carmen esbozó una sonrisa amarga, con la mirada vacía.—Sí. Ya no quiero seguir viviendo.Cecilia estaba a punto de derrumbarse.Su madre la estaba llevando al borde de la locura, pero ella no podía hacer absolutamente nada.Fue a la farmacia de al lado a comprar medicamentos para curar la herida y unas vendas. Luego, en silencio, se encargó de vendarle la muñeca. Por suerte, el corte solo había afectado la capa superficial de la piel y no era demasiado profundo.Cecilia ya había perdido toda esperanza. Su madre prefería morir antes que revelarle la verdad.Ya no tenía sentido esperar que pudiera sacarle alguna respuesta.Durante todo el tiempo que tardó en vendarla,
Cecilia se dio la vuelta en cuanto terminó de hablar, dispuesta a marcharse.—¡Detente!Carmen la llamó a gritos, furiosa.Cuando Cecilia se volvió, vio que su madre tenía el rostro bañado en lágrimas. Se esforzaba tanto por contener el llanto que hasta le temblaban los labios.—¿Por qué? ¿Por qué no puedes darme un solo día de tranquilidad? ¿Para qué tienes que averiguar todo esto? ¿No puedes simplemente vivir en paz?Cecilia no lograba entenderla.—¡Eso mismo debería preguntártelo yo! ¿Por qué me ocultaste todo esto? ¿No podías decirme la verdad? ¿Qué es lo que tanto temes?—¡Es cosa de mi pasado! ¡No necesito que andes investigando hasta el último detalle!—¡Pero tengo derecho a saber quién es mi padre biológico!—¡No necesitas saberlo! Ya te lo he dicho, mantente alejada de la familia Suárez y no te acerques a ellos. ¿Por qué nunca haces caso de lo que te digo?Cecilia miró a su madre con seriedad.—Durante todos estos años, sin importar cómo te trataran en la familia Salas, siempr
¡No tenía ningún vínculo biológico con Pedro, el hombre al que siempre había considerado su padre!Cecilia tardó mucho en reaccionar ante aquella noticia.Permaneció de pie en el vestíbulo del centro de pruebas, aferrada al informe, hasta que por fin lo guardó apresuradamente en el sobre.Cerró los ojos y respiró hondo varias veces, intentando calmar el torbellino de emociones que la embargaba. En realidad, tampoco era algo que la tomara completamente por sorpresa, ¿verdad?Precisamente porque llevaba tiempo sospechando que algo no cuadraba, había tomado a escondidas el cepillo de dientes de Pedro para comparar su ADN con el suyo.Sin embargo, aunque la confirmación de un laboratorio especializado respaldaba sus sospechas, recibir aquella noticia seguía siendo un golpe devastador.Hasta entonces, siempre había sentido que no encajaba con la familia Salas.Pero jamás se le había ocurrido que, en realidad, ¡ni siquiera pertenecía a esa familia!Después de asimilar la sorpresa, la incredu







