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Capítulo 218

Author: Xenia Estela
—¿Alguien tiene alguna objeción?

El presentador preguntó con tono solemne.

Leonardo estaba sentado entre el público, con ambas manos apretadas.

No entendía por qué nadie se atrevía a enfrentarse a Sebastián.

Había hecho llegar la noticia a no menos de cinco medios, diciendo que existía una relación inapropiada entre Sebastián y la ganadora. Sin embargo, salvo el primer medio extranjero, los otros cuatro parecían haberse quedado mudos de repente.

¡No eran más que un montón de inútiles que se arri
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    A Sebastián le dolía todavía más verla sufrir.Después de vendarle la herida, Sebastián guardó el botiquín y le advirtió:—Esta noche no te mojes la herida. Descansa bien y mañana debería estar mucho mejor.—Está bien, gracias, Señor Sebastián.Al bajar la mirada, Sebastián volvió a ver las marcas de los golpes en la muñeca de Cecilia. Sus ojos se oscurecieron de inmediato. Le tomó la muñeca, le subió un poco la manga y, al ver la larga marca que había dejado el látigo, apretó con más fuerza.Cecilia percibió su enojo y retiró rápidamente la mano.—No pasa nada, tampoco fueron tantos golpes.Sebastián se puso de pie.—Voy a llamar a Emilio para que venga por mí.Se acercó a la ventana y, con gesto irritado, sacó un cigarrillo del bolsillo de su traje y lo encendió. Cerró los ojos, dejando que la rabia que llevaba dentro se disipara poco a poco con el humo.***Por otro lado.La casa de los Chaves estaba hecha un desastre.Rocío había visto en las noticias que Cecilia había ganado el ca

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    Cecilia se quedó completamente aturdida.No reaccionó hasta que escuchó junto a su oído la voz grave y seductora de Sebastián:—¿Acaso estás tratando de lanzarte a mis brazos?Cecilia se incorporó de inmediato. Tenía el rostro completamente rojo de la vergüenza y frunció el ceño, sin saber dónde meterse mientras se apresuraba a explicar:—Señor Sebastián, lo siento. No vi el robot aspirador en el suelo. De verdad, perdón por haberlo molestado.—Qué tonta eres.Sebastián, de mal humor, la tomó de la muñeca y la hizo sentarse de nuevo en el sofá. Luego se agachó a recoger las cosas del botiquín que habían quedado esparcidas por el suelo.Cecilia permaneció sentada, completamente tensa y sin atreverse a moverse. Cuando él terminó de recoger el botiquín, buscó los medicamentos y las gasas que necesitaba y volvió a acercarse a ella.El corazón se le subió hasta la garganta.—Señor Sebastián, de verdad puedo hacerlo yo.—La próxima vez que regreses a esa familia Salas y dejes que te golpeen

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