ログインBaltazar abrió los ojos y giró lentamente la cabeza hacia la entrada del gimnasio. Allí estaba Jackson, sosteniendo una carpeta negra bajo el brazo y observándolos con una expresión de absoluta tranquilidad, aunque la pequeña sonrisa que aparecía en sus labios dejaba bastante claro que estaba disfrutando de la situación.—Jack —saludó Baltazar, sin molestarse en ocultar su fastidio por la interrupción—. ¿Qué te trae por aquí?Bella soltó una risita y se incorporó rápidamente. Se levantó del tatami, acomodó su top y caminó hacia una de las cintas de correr, decidida a fingir que llevaba toda la mañana comportándose como una deportista ejemplar. Baltazar, por su parte, se incorporó con una lentitud deliberada y terminó sentándose en uno de los bancos cercanos, esperando recuperar la compostura y que su estado de exitación desapareciera antes de ponerse de pie.Jack observó aquella maniobra con una sonrisa apenas disimulada, pero tuvo la prudencia de no hacer ningún comentario.—Te traje
El mediodía había llegado acompañado de un sol radiante que iluminaba los amplios ventanales de la finca de los Valmont. En una de las salas de entrenamiento privadas, el sonido de las zapatillas deslizándose sobre el tatami se mezclaba con las risas de Bella, quien llevaba casi una hora intentando aprender las técnicas de defensa personal que su novio insistía en enseñarle.Vestía unas calzas deportivas negras que se ajustaban a sus piernas y un top del mismo color, mientras su cabello permanecía recogido en una cola alta para evitar que le molestara durante los ejercicios. Frente a ella, Baltazar había abandonado por unas horas sus impecables trajes de Don para utilizar un pantalón deportivo y una camiseta sin mangas que se ajustaba a su musculoso torso, dejando al descubierto unos brazos que Bella encontraba demasiado interesantes como para concentrarse completamente en las instrucciones.Baltazar se encontraba detrás de ella, rodeándola con sus brazos mientras corregía cuidadosame
Aquella confesión consiguió borrar por completo la sonrisa burlona de su compañera. Durante años había visto a Olivier enfrentarse a situaciones peligrosas sin pestañear, había presenciado cómo soportaba heridas que habrían derribado a cualquier otro hombre y jamás lo había escuchado pedir ayuda para resolver un problema personal. Sin embargo, allí estaba, sentado frente a ella, reconociendo que no sabía cómo recuperar a la mujer que amaba.Denisse suspiró y negó lentamente con la cabeza.—Claro, si siempre has buscado mujeres para una noche, para satisfacer tus necesidades, es diferente cuando metes el corazón en medio. Antes te bastaba con pasar un buen rato y marcharte sin mirar atrás, pero ahora descubriste que no puedes sacar a Grace de tu cabeza ni aunque te golpees contra una pared. ¡Ts, ts, ts! Esto será un trabajo duro. Convertir a un simio en príncipe no es precisamente una tarea sencilla, especialmente porque estamos claros en que su novio es prácticamente un príncipe encan
Denisse regresó a la central de las Panteras prácticamente dando saltitos por los pasillos, con una sonrisa traviesa que no había conseguido borrar de su rostro desde que abandonó las instalaciones de los Lirios Negros. La visita había resultado mucho más interesante de lo que esperaba, y no precisamente por los documentos que Kassandra le había encargado entregar.Todavía podía recordar aquellos intensos ojos marrones, la sonrisa masculina de Jackson y, sobre todo, la expresión de sorpresa que había conseguido arrancarle cuando lo sujetó del cuello para robarle aquel beso. El recuerdo le provocó una pequeña carcajada mientras atravesaba el corredor principal, saludando distraídamente a un par de compañeros que la observaron con curiosidad.Aquel hermoso lirio estaba solterito, completamente disponible y, por la manera en que la había mirado, Denisse estaba bastante segura de que tampoco le resultaba indiferente. Solo imaginar la posibilidad de volver a encontrárselo, esta vez sin doc
Después de reir con ganas Jack suspiró para calmarse y continuó su conversación.—Vaya, entonces ¿quién sería tu tipo? —preguntó, dejando su vaso sobre el escritorio y acercándose hasta quedar frente a ella.Denisse lo observó de arriba abajo con una lentitud deliberada. Sus ojos recorrieron los hombros de Jack, la anchura de su pecho y la manera en que la camisa negra se ajustaba a sus brazos. Después volvió a encontrarse con aquellos intensos ojos marrones y sonrió.—Altos, guapos, no tan llenos de músculos, pero fuertes. Que sean detallistas y, sobre todo, más masculinos que yo. Si tengo que andar tomando todas las decisiones o llevando la batuta de la relación, no, gracias. Para eso prefiero una noche, me saco las ganas y adiós. No estoy para criar hombres ni para andar enseñándoles cómo tratar a una mujer.Jack ladeó ligeramente la cabeza, divertido por aquella descripción que parecía coincidir bastante con él.—Eres muy práctica.—Así es, cariño. Mujer enamorada es mujer perdida
Los pasos de Denisse resonaban sobre el impecable piso de mármol de la central de los Lirios Negros. Caminaba con la carpeta que Grace le había entregado bajo el brazo, observando con evidente curiosidad las instalaciones de aquella organización que tanto había escuchado mencionar, pero que todavía no había tenido oportunidad de recorrer personalmente, la nueva alianza le estaba gustando demaciado.El lugar era impresionante, con amplios corredores, modernos sistemas de seguridad y enormes ventanales que permitían observar las diferentes áreas de entrenamiento. Sin embargo, hubo algo que capturó inmediatamente su atención y consiguió que olvidara durante unos segundos el verdadero motivo de su visita.Al otro lado de los cristales, varios hombres entrenaban combate cuerpo a cuerpo. Algunos llevaban el torso descubierto y pantalones tácticos negros, mientras sus músculos se contraían con cada movimiento. Otros practicaban técnicas de defensa, levantaban pesas o trabajaban en mesas dond







