Share

CAPÍTULO 2

Author: Nancy Grey
last update publish date: 2026-09-03 06:22:49

Punto de vista de Lia

Sus palabras me dieron de lleno. Como un cubo de agua fría en la cara. Como una bofetada.

Me quedé paralizada. El cuerpo entero se me puso rígido. Esas palabras se repetían en la cabeza. Como una putita. Como una putita. Como una putita.

Las ganas que tenía —el deseo, las ganas— desaparecieron en un segundo. Algo frío y vacío ocupó su lugar. Se me posó en el pecho como una piedra. Vergüenza. Dolor. Confusión.

Me soltó el brazo y se dio la vuelta. Tiró de la manta hacia el hombro con un jalón seco. El gesto lo decía todo: había terminado conmigo. En segundos su respiración volvió a la normalidad. Ya estaba dormido otra vez. Así de fácil. Como si no hubiera pasado nada. Como si no me acabara de llamar putita por querer a mi propio novio.

Me quedé tendida en la oscuridad, congelada, mirando la nuca. El hombro debajo de la manta. El pelo castaño revuelto en la almohada.

Sus palabras seguían sonando una y otra vez. Deja de comportarte como una putita. Cada vez dolían más.

¿Era una putita por querer a mi propio novio? ¿Había algo malo en mí por tener necesidades? ¿Por querer sentirme cerca de él? ¿Por querer que me tocara y me deseara?

Las preguntas daban vueltas en la cabeza, haciéndome sentir cada vez más pequeña.

Llevábamos juntos un año. Un año entero. Y podía contar con los dedos de una mano las veces que él había parecido de verdad emocionado de follarme.

Cada vez que follábamos —que no era a menudo, quizá una vez cada pocas semanas si tenía suerte— lo hacía parecer una obligación. Como fregar los platos o sacar la basura. Se quedaba tumbado, casi sin moverse, casi sin tocarme. Nunca me miraba como yo quería. Nunca se le quedaba la mirada clavada en mi cuerpo como si le encantara lo que veía. Nunca me besaba con pasión de verdad.

Actuaba como si ni siquiera le atrajera. Como si yo simplemente… estuviera ahí.

Me giré de espaldas y miré el techo. Las sombras de la farola. Los ojos me ardían de ganas de llorar, pero no iba a dejar que cayeran. No iba a llorar por esto. Otra vez no.

El cuerpo todavía me dolía de ganas. Pero ahora se mezclaba con vergüenza, dolor y rabia. Me sentía estúpida por haberlo intentado. Rechazada. No deseada en mi propia relación.

Me abracé a mí misma. El cuarto se sentía demasiado silencioso, demasiado vacío, incluso con Rob a mi lado. Nunca me había sentido tan sola.

El sueño se sentía más real que esto. Más real que él tendido a mi lado, frío y distante. En el sueño, alguien me quería. Alguien no podía quitarme las manos de encima. Alguien me tomaba como si me necesitara para vivir.

En el sueño me sentía deseada. Hermosa. Poderosa.

Pero eso era solo un sueño. Algo que mi cerebro inventaba para llenar el hueco de mi vida.

Esto era mi vida real. Esta cama fría. Este hombre al que le daba igual. Este hueco vacío.

Cerré los ojos e intenté dormir, pero solo podía pensar en el sueño. Esas manos en mis muslos. Esa mano en la garganta. Esa sensación de ser deseada y tomada.

Y me pregunté si alguna vez sentiría eso con alguien de verdad.

A la mañana siguiente estábamos en la pista, listos para subir al avión privado que había mandado el padre de Rob.

Me movía de un pie a otro, apretando el asa de la maleta tan fuerte que se me pusieron los nudillos blancos. El sol de la mañana me daba en la cara, cálido y brillante, pero por dentro estaba helada. Nerviosa. Fuera de lugar.

El avión estaba en el asfalto y parecía imposiblemente caro. Elegante y blanco, con ventanillas oscuras que reflejaban el cielo. Nunca había visto un jet privado de cerca, y mucho menos haberme subido a uno. Todo en él gritaba dinero: el tipo de dinero que ni siquiera podía imaginar.

Un miembro de la tripulación con uniforme impecable esperaba junto a las escaleras. Se veía profesional y aburrido, como si esto fuera un martes cualquiera. Como si llevar a ricos en jets privados fuera lo más normal del mundo.

Nunca había conocido al padre de Rob, pero nos había invitado a su isla privada en Italia. Su isla privada. Las palabras todavía no sonaban reales aunque las hubiera repetido durante semanas.

Cuando Rob me habló del viaje por primera vez, pensé que bromeaba. Los ricos tenían islas privadas en las películas, no en la vida real. Pero al parecer la familia de Rob era de esos ricos. Del tipo que yo no sabía que existía fuera de las series y las revistas.

Llevábamos un año saliendo —un año entero— pero Rob ni siquiera me había presentado a su padre. Ni a su hermano mayor, del que solo había oído hablar hacía poco. No supe sus nombres hasta unas semanas atrás, cuando Rob por fin los mencionó. Su padre se llamaba Víctor. Su hermano, Dante. Eso era todo lo que sabía.

Le había preguntado a Rob por qué nunca hablaba de su familia, por qué nunca los había conocido, por qué mantenía toda esa parte de su vida separada de mí. Se había puesto a la defensiva y había dicho que estaban ocupados, que vivían lejos, que no era para tanto. Pero para mí sí lo era.

A veces tenía la sensación de que Rob se avergonzaba de mí. El pensamiento se me quedaba en el pecho como una piedra. Como si se avergonzara de nuestra relación, como si le diera vergüenza que su familia supiera con quién salía. Quizá no era lo bastante buena para ellos. Quizá era demasiado corriente, demasiado pobre, demasiado sosa.

Trabajaba de recepcionista. Vivía en un piso diminuto. Conducía un Honda viejo que hacía ruidos raros cuando giraba a la izquierda. Rob tenía un coche bonito que le había comprado su padre, un piso bonito que pagaba su padre, ropa bonita, todo bonito. Veníamos de mundos completamente distintos.

Cada vez que lo sacaba, cada vez que intentaba hablar de cómo me hacía sentir, me llamaba insegura. Ponía los ojos en blanco y me decía que pensaba demasiado, que inventaba problemas que no existían. Me hacía sentir que exageraba, que estaba loca, necesitada y difícil.

¿Lo estaba? ¿De verdad era una locura querer conocer a la familia de tu novio después de un año? ¿Era inseguridad preguntarme por qué me escondía como un secreto?

—Vamos —dijo Rob, cortando mis pensamientos. Ya caminaba hacia el avión, sin ni siquiera mirar atrás para ver si lo seguía.

Lo seguí, mi maleta barata dando tumbos y haciendo ruido en el asfalto.

Dentro, el avión intimidaba todavía más que por fuera. Todo era cuero color crema y madera pulida.

Rob se tiró en uno de los asientos junto a la ventanilla y sacó el teléfono, ya pasando el dedo por la pantalla. No me miró, no me preguntó si estaba bien, no parecía ni enterarse ni importarle que yo siguiera parada en la puerta, intentando no entrar en pánico.

Apareció una azafata, también con uniforme impecable y el pelo recogido en un moño perfecto.

Era muy hermosa: de esas que te revuelven el estómago. Alta y delgada, con la piel perfecta, pómulos altos y labios pintados de un rosa suave. El uniforme le quedaba perfecto, ceñido en todas las curvas adecuadas.

Entró en la cabina con paso seguro, los tacones sonando suave en el suelo. Pero ni siquiera me miró. Los ojos se me deslizaron de largo como si fuera invisible, como si fuera solo otro mueble.

En cambio, centró toda su atención en Rob. El cuerpo entero se orientó hacia él, la postura cambió, se volvió más suave de alguna manera. Más invitadora. Le sonrió: una sonrisa lenta y cálida que enseñaba unos dientes blancos perfectos.

—¿Necesita algo, señor? —preguntó, la voz suave y dulce como la miel. Se inclinó un poco, lo justo para que el perfume le llegara. Lo justo para que él pudiera mirarle el escote del uniforme si quería.

Y Rob le sonrió.

De verdad le sonrió.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR    CAPÍTULO 101

    Punto de vista de LiaSentí que el calor me subía a las mejillas, el placer floreciendo en el pecho ante la admiración genuina de su voz y sus ojos.—Gracias —logré, la voz saliéndome un poco sin aire—. Tú también te ves bastante increíble.Dante sonrió —aquella sonrisa devastadora que le iluminaba toda la cara— y me ofreció las rosas.—Son para ti —dijo—. Aunque palidecen en comparación con lo hermosa que te ves ahora mismo.Cogí el ramo con cuidado, llevándomelo a la nariz para inhalar la fragancia dulce y sutil de las rosas.—Son preciosas —dije—. Muchísimas gracias. Déjame ponerlas en agua…Empecé a girarme hacia la cocina, pero Dante me paró con una mano suave en el brazo.—Déjalas —dijo—. Nos ocupamos luego. Ahora mismo solo quiero mirarte.Los ojos oscuros me recorrieron otra vez, más despacio esta vez, tomando cada detalle: el pelo, el maquillaje, cómo me quedaba el vestido, los pendientes de diamantes, los zapatos.—Eres absolutamente impresionante —dijo otra vez, la voz más

  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR     CAPÍTULO 100

    Punto de vista de LiaMe pasé las siguientes dos horas y media en lo que solo podía describirse como una preparación intensiva.Primero, la ducha: larga y a fondo, usando mi mejor gel de cuerpo, asegurándome absolutamente de que cada centímetro de mí estuviera perfectamente limpio y suave. Ya me había afeitado por la mañana, pero lo repasé todo otra vez solo para estar segura. Exfolié. Me hidraté con mi loción favorita, que me dejaba la piel suave y con un aroma ligero a vainilla.Luego vino el pelo.Lo seccioné con cuidado, trabajando con la plancha de rizos para crear rizos perfectos y con rebote que me enmarcaran la cara y cayeran en ondas elegantes sobre los hombros. Me llevó casi cuarenta y cinco minutos dejar cada sección exactamente bien: rizando, sujetando, dejando enfriar y luego soltando y arreglando.Cuando terminé, el pelo se veía como si acabara de salir de un salón profesional. Rizos suaves y románticos que cogían la luz y se movían hermosos al girar la cabeza.Luego el

  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR    CAPÍTULO 99

    Punto de vista de LiaOtra caja más pequeña, esta de terciopelo negro.Con las manos temblando, la abrí.Y casi la dejo caer del shock.Pendientes. Pendientes de diamantes. O quizá no fueran diamantes de verdad.Eran impresionantes: pendientes clásicos de gota, cada uno con un racimo de diamantes que cogían la luz y la devolvían en destellos brillantes. Elegantes y atemporales, el tipo de joyería que serviría para cualquier cosa, desde una cena bonita hasta una gala.El tipo de joyería que costaba… ni siquiera quería pensar cuánto costaba.Me quedé ahí en el salón con la bata, mirando el vestido, los zapatos, los pendientes —fácilmente miles y miles de dólares en objetos— y me sentí completamente abrumada.Esto era demasiado. Demasiado. No podía aceptar regalos así. No podía dejar que Dante gastara este tipo de dinero en mí cuando apenas acabábamos de empezar lo que fuera esto.Con los dedos torpes, cogí el teléfono y llamé a Dante.Respondió al segundo tono.—¿Has recibido el paquete

  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR     CAPÍTULO 98

    Punto de vista de LiaAsí que lo hice. Le conté a Joella todo: desde el momento en que había abierto la puerta y encontrado a Dante de pie ahí, pasando por cada detalle de nuestra mañana juntos.Le describí el café: el exterior elegante de piedra blanca, las lámparas de araña de cristal, las molduras ornamentadas, la forma en que Marie, la anfitriona, había saludado a Dante como si fuera un habitual valorado. Los precios astronómicos que casi me habían hecho saltar los ojos de la cabeza, y la insistencia firme de Dante de que pidiera lo que quisiera sin preocuparme del coste.Le hablé de la comida: aquellos panqueques imposible de perfectos con vainilla de Madagascar y bayas frescas, los huevos benedictinos con su holandesa sedosa y el salmón ahumado delicado, la forma en que todo había sabido como si lo hubieran preparado ángeles en una cocina parisina.Y luego le hablé del incidente del sirope.—Espera, para —me cortó Joella, la voz subiendo de incredulidad emocionada—. ¿Hizo QUÉ? ¿

  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR     CAPÍTULO 97

    Punto de vista de Lia—¿Qué? —pregunté, de pronto cohibida.—Tienes sirope —dijo Dante, la voz más ronca que antes—. En el labio.Empecé a alargar la mano hacia la servilleta, pero Dante me paró con una sola palabra.—No.La mano se me congeló a mitad de camino.Dante dejó el tenedor a propósito y se inclinó sobre la mesa.La mano subió a rodearme la garganta suave pero firme —sin apretar, solo sosteniendo, solo reclamando— y usó aquel agarre para acercarme, inclinándose a encontrarme a mitad de camino.Luego, manteniendo el contacto visual todo el rato, me lamió despacio el sirope del labio inferior.El gesto era obsceno. Completamente inapropiado para un restaurante público. Íntimo de una forma que me inundó el cuerpo entero de calor.Cuando estuvo seguro de haberse llevado todo el sirope, Dante cerró la distancia que quedaba y me besó.No un pico suave y apropiado para el público. Un beso de verdad. Hondo y a fondo y posesivo, la lengua barriéndome la boca como si fuera suya, el sa

  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR    CAPÍTULO 96

    Punto de vista de LiaSe deslizó con la misma eficiencia elegante que había mostrado todo el rato.Abrí la carta con cuidado, pasando la mano por el cuero caro, y de inmediato sentí que se me abrían los ojos —probablemente de forma cómica— ante lo que vi dentro.Los precios.Dios, los precios.Una tortilla sencilla —vale, se describía como hecha con «huevos orgánicos de granja frescos, gruyer importado y verduras de temporada»— costaba treinta y cinco dólares.Los panqueques —«panqueques de suero con vainilla de Madagascar y bayas frescas»— veintiocho dólares.El pan francés de brioche, treinta y dos dólares.Hasta el café —«de origen único, de comercio ético, prensado a la francesa a la perfección»— ocho dólares la taza.Por café. Ocho dólares.Podía desayunar entero en un comedor por menos de lo que costaba un plato aquí.Mi cerebro embotado por la resaca intentó hacer cálculos rápidos de lo que costaría el desayuno para dos en un sitio así y salieron cifras que me apretaron el estó

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status