LOGINDespertar con resaca es una de las cosas más incómodas que puede experimentar una persona, recordaba distantemente las sensaciones de esos periodos alejados de la conciencia en los que reinaban el dolor y la confusión, cuando después de una noche de descontrol me arrepentía de todos mis pecados. Christian seguía dormido cuando desperté, en silencio me di un baño con agua caliente y salí por el otro cuarto, con un poco de suerte cierta persona ya no estaría dormida contra la puerta del mío cuando regresara.
Compré aspirinas en la farmacia cercana y el vaso de café más grande que pude encontrar para él, unos sandwiches para desayunar y un vaso de jugo de naranja para mí. El problema fue balancear todo en mis manos mientras caminaba de regreso, temía tirar todo y tener que repetir el viaje.
A pesar de lo cuestionable que podría ser salir con la ex novia de su sobrino, Jaime tuvo la decencia de decírselo de frente, lejos de las cámaras que sin lugar a duda estarían presentes en el evento. Evitar un buen escándalo no era lo usual para el otro Daleman, podía encontrar un artículo en cada revista sobre su vida, relaciones y pasatiempos por no mencionar los escandalosos titulares de cada divorcio.
Intenté abrir la puerta de mi cuarto, ya era algo tarde, aun así, escuché a Christian quejarse cuando la puerta lo golpeó en la cabeza.
-Perdón, señor. Creí que ya se había movido… ¿está bien? -pregunté sin abrir más la puerta.
-Por lo que más quieras, no grites Rachel. -suplicó aquel.
-No estoy gritando, señor. Puedo susurrar si lo prefiere.
-Si, por favor. Necesito…
- ¿Levantarse del suelo? ¿Café? ¿Un analgésico e ir al trabajo? ¿Una máquina del tiempo? -fiel a mi ofrecimiento bajé el volumen de mi voz, Christian sólo resopló, quizás aun no recordaba que en cuestión de horas sería la gran cena con los encargados del futuro centro comercial, definitivamente no recordaba que Daniel lo esperaba desde siete y media en la oficina. -Señor, ¿recuerda su cita de las diez?
-Am, no. Rayos... ¿cómo pude olvidarlo?
Eso pareció tener más efecto, el peso deteniendo la puerta desapareció y pude entrar a la habitación. Él estaba en el baño enjuagándose el rostro. Dejé las cosas junto a su teléfono, olvidado sobre la alfombra junto a la puerta. Me dio mucha ternura verlo intentando beber el café mientras abría la puerta hacia su cuarto tan sólo unos minutos después.
-Me salvaste la vida, ¿sabes? -exclamó sin mirar atrás.
-Es mi trabajo, señor.
Tan sólo unas horas después estábamos en el salón de eventos del hotel, al parecer la definición de Christian de “Un evento pequeño” significaba al menos cien invitados, un menú complicado y una conferencia de prensa al terminar. Yo me sentía un poco fuera de lugar entre esas personas, todos hablaban del centro comercial, sus próximos proyectos, sus planes para vacaciones… las pocas mujeres presentes iban del brazo de los inversionistas y sonreían amablemente en vez de hablar.
Al menos no lucía tan fuera de lugar como me sentía, mi ajustado vestido rojo escarlata con escote de corazón y largo hasta el suelo. Cuando me vio usarlo Christian sólo pudo musitar un suave “wow” antes de continuar con las preparaciones de último minuto. Luisa no tuvo una reacción tan favorable, se contentó con mirarme de arriba abajo y fruncir el ceño. Ella por su parte llevaba un vestido negro con un collar de perlas y tacones que seguro costaron más que el vuelo a Quito o mi salario de medio año. A su lado estaba Jaime, bien trajeado y con una expresión de felicidad sincera, por lo menos se notaba que su relación con Luisa no era un capricho pasajero.
El salón no era demasiado grande, si se miraba con atención podía notarse lo pegadas que estaban las mesas. Los manteles color azul cielo resaltaban contra la alfombra blanca, impecablemente limpia, que cubría el suelo. Los adornos florales eran dignos de ser robados al terminar el evento, con delicadas rosas blancas y otras florecillas azules enmarcadas por hojas verdes azulosas. Si mi tía Mariela estuviera ahí de seguro ya habría movido al menos uno a su lugar.
Ver a tantas personas me hacían sentirme atrapada, la última vez que estuve en un lugar cerrado así de concurrido fue en el funeral de mi padre. Muchos asistieron, era muy querido por todos, de las pocas personas que en verdad no tenían enemigos. Tenía un gran terreno que Daleman quería para un proyecto. Papá se negó, no quería ver la tierra de su abuelo en manos de una persona tan ambiciosa, a quien poco o nada le importaban las consecuencias de su emprendimiento.
El día de su funeral se presentó tanta gente… todos hablando de cómo ahora estaba en un mejor lugar y que de seguro había un nuevo ángel en el cielo, yo sólo pensaba que mi padre nunca volvería a sentarse en su sillón del pórtico al atardecer, nunca vería a sus nietos crecer ni caminaría con sus hijas al altar…
- ¿Rachel? ¿Está todo bien? Te ves un poco distraída. -me llamó Christian, un mesero esperaba con una charola llena de copas de champaña y me tomó un instante notar que esperaba a que yo tomara una, lo cual hice de manera apresurada. - Ha sido un día largo, ¿verdad?
-Sin animo de ofender, señor, pero ha sido una semana muy larga. -respondí, esbozando una leve sonrisa.- ¿Siempre es así?
-Más o menos, pero tienes toda la razón, quizás podamos tomarnos unos días libres si las cosas están bien en México.
Un par de horas después, nos encontrábamos sentados en una de las mesas más lejanas de la salida. La comida fue buena, deliciosa, aunque no pude disfrutarla mucho por los nervios. Me aterraba ser reconocida, sabía que ninguna de esas personas tenía razones para saber quién fui, los temores no siempre son racionales. El miedo tiene ese único poder de distorsionar la realidad, sentía todas las miradas fijas sobre mí, claro que la mayoría miraban a Christian, pero algunos pares de ojos se detuvieron sobre mi más tiempo del que me gustaría.
-Es difícil, ¿verdad? -Christian se inclinó de tal forma que sus labios quedaban casi pegados a mi oreja, la música estaba tan fuerte que de otra forma habría resultado imposible escucharlo.
- ¿Perdón?
-Ser el centro de atención, ehm, ¿Cómo decirlo? Bueno, no parece agradarte. La mayoría de mis relaciones terminan cuando se dan cuenta de eso, estar al centro de todo en realidad es una m*****a molestia, es como un trabajo sin tiempo libre... En unos minutos los encargados del centro comercial y yo nos reuniremos en la sala de conferencias al lado, si quieres puedes retirarte entonces.
-Suena bien, la verdad es que llevaba mucho tiempo sin hacer algo así.
-No te preocupes, si de verdad te hace sentir mal no volveré a pedirte que me acompañes. Lo prometo.
Lo prometió con tanta emoción reflejada en su voz que le creí, en ese momento habría creído cualquier cosa que el dijera. No tardó en levantarse e ir a la reunión, apenas se fue comencé a avanzar hacia la salida cuando vi a Luisa en mi camino con las manos sobre la cadera.
-Entonces, ¿si son pareja? ¿desde cuándo? -inquirió, su tono de voz frío como el hielo.
-No sé de que me habla, si me permite debo irme.
-Ah, claro, de seguro por ahí hay otro hombre comprometido a quien debes seducir.
-Valientes palabras viniendo de una mujer que engañó a su prometido con su tío. -La sorpresa en su rostro fue hermosa, no se vería tan indignada si le hubiera arrojado un balde de agua helada. - Así es, Christian me contó todo, debo decir que merece a alguien mejor que tú.
No la dejé contestar, seguí mi camino como si nunca la hubiera visto. De seguro toda esa conversación regresaría en el momento más inconveniente a patearme el trasero, no me importó, Christian merecía tener a alguien de su lado, aunque ese alguien fuera una mentira cuidadosamente creada para destruir a su padre. El merecía algo mejor y yo lo sabía mejor que nadie.
-No puedes involucrarte tanto. -me dije, apenas se cerró la puerta de mi habitación detrás de mí. -Es Christian, no Antonio, no deberías preocuparte por él.
Y, aun así, a pesar de toda mi determinación mis traicioneros pensamientos regresaban a él, a su linda sonrisa, a sus ojos claros que a la vez me recordaban un cielo despejado y una laguna iluminada por los rayos del Sol. Alguna vez escuché decir que las mujeres inteligentes se enamoran como estúpidas y en ese momento debía darle la razón a quien lo dijo. Me sentía tonta, la única persona de quien no me podía enamorar era el individuo que no abandonaba mis pensamientos. Christian Daleman, encantador, irresistible, apuesto e hijo del asesino de mi padre y mi prometido.
A la mañana siguiente regresamos a la Ciudad de México, la plática en la sala de conferencias debió dar resultado porque el proyecto ya no corría peligro, Daniel estaba de tan buen humor que nos llevó a desayunar a un restaurante en el centro antes de acompañarnos al aeropuerto.
Durante el vuelo Christian suspiró aliviado, con la crisis evitada podíamos relajarnos al menos por unos minutos.
-Supongo que si tuviéramos un periodo de prueba lo habrías pasado sin problemas esta semana. -dijo mirando por la ventana al increíble cielo azul, que se reflejaba en sus ojos volviéndolos de un tono casi cerúleo. -Ah, por cierto, Luisa encontró un micrófono en su oficina, me habló anoche indignada porque cree que yo lo puse para vigilarla, ¿puedes creerlo?
-Usted no me parece el tipo de persona que haría algo así, señor. -respondí, cuidando el tono de mi voz, ese micrófono fue un terrible error que no me podía repetir. - ¿Descubrieron quién lo puso?
-Pudo ser cualquiera, esto ya había pasado antes, algunas veces fue por orden de mi padre, otras por empresas rivales, en una ocasión fue un exnovio celoso. No tenemos forma de saberlo porque no hay cámaras en la compañía, aunque le he insistido a papá que son necesarias.
- ¿Él no quiere cámaras?
-Para nada, tiene tantos complejos de persecución que sus enemigos imaginarios tienen enemigos imaginarios. Estoy preocupado por él, es demasiado cerrado y cree que todos están en su contra, incluido yo.
Guardé silencio, como una persona capaz de tener una identidad falsa con tal de acercarme al señor Daleman sus preocupaciones me parecían razonables y necesarias. Alguien con una conciencia tan sucia no puede darse el lujo de dormir tranquilo.
-Pronto lo verás por ti misma. Mi padre nos invitó a cenar cuando regresemos a México, pasará unas semanas en el país y quiere conocerte.
-Vaya, no esperaba conocer al señor Daleman. -De alguna forma logré sonar emocionada en vez de a punto de vomitar sobre mis zapatos. - No tan pronto, al menos. ¿Algo que deba saber?
-Mmmm, no le hagas preguntas personales o creerá que intentas espiarlo, tampoco hables de la compañía a menos que él hable primero y no te preocupes si dice algo ofensivo sobre mí, ya estoy acostumbrado y defenderme sólo acabará mal para ti.
- ¿Por qué cree que lo defendería?
-Escuché lo que le dijiste a Luisa y lo agradezco, de verdad. ¿Cómo supiste lo de mi tío?
-Usted me lo dijo, señor, quizás no lo recuerda porque estaba un poco ebrio en el momento.
-Cierto, ¿qué más dije? Dioses, espero no haber hecho el ridículo…- se frotó los ojos con ambas manos, angustiado.
-No se preocupe, sólo dijo eso antes de dormirse. -mentí, aun recordaba a la perfección sus palabras llenas de tristeza y soledad, lograron conmoverme de una forma que no creía posible.
-Bien, eso es bueno.
Me moví en la silla incómoda, no se sentía bien mentirle. No me agradaba escucharlo decir mi nombre inventado o hablar de su vida privada, porque muy en el fondo sabía que si se presentaba la ocasión lo usaría todo en su contra…
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







