LOGINLos días siguientes, Alaric no volvió a mencionar a Owen ni me presionó para tomar ninguna decisión. Simplemente me traía la comida a tiempo cada día, me recordaba tomar mis medicinas y me instaba a acostarme temprano.
A veces me parecía absurdo que un hombre con el que no tenía mucha relación recordara a qué hora debía comer y qué medicinas debía tomar antes de las comidas. Mientras que Owen, con quien había estado más de diez años, ni siquiera se molestaba en levantar la vista cuando yo tenía fiebre.
Cada mañana sacaba el certificado de matrimonio para mirarlo, comprobando que los nombres escritos eran realmente Alaric Collins y Selena Wilson. Solo después de verlo me sentía un poco más tranquila.
Esa calma se rompió con una llamada telefónica.
El móvil vibró sobre la mesa más de diez veces. Al principio no quería contestar, pero el nombre en la pantalla no dejaba de parpadear, como si no se detuviera hasta que yo respondiera. Tomé el teléfono y acepté la llamada.
—¿Qué quieres? —mi voz era plana.
Se escuchó un ruido de fondo al otro lado de la línea, como si él se hubiera cambiado de lugar, y luego su voz sonó con firmeza, igual que siempre, con una seguridad que daba risa.
—Necesito que vuelvas a la ciudad.
—No voy a volver.
—Selena, no te lo estoy pidiendo por favor —su tono se volvió grave, ese tono familiar que no admitía réplicas.
Cerré los ojos y pasaron varios segundos antes de hablar. —Entonces no hay nada más que decir.
—Dentro de un mes habrá un banquete de aniversario de boda —Owen ignoró completamente mis palabras y expuso directamente su objetivo, como si estuviera organizando algo totalmente normal—. Este banquete es muy importante para la empresa. Necesito que estés presente, solo tienes que estar a mi lado.
Lo escuché y no dudé. —No iré.
Hubo una pausa al otro lado de la línea. Obviamente no esperaba una negativa tan rotunda. —¿Qué has dicho?
—He dicho que no iré.
—Selena, no te comportes como una niña caprichosa.
Comportarme como una niña caprichosa. Esas palabras cayeron sobre mí como agua helada resbalando por mi nuca.
—¿Comportarme como una niña caprichosa? —repetí la expresión con voz baja.
—Sé que sigues enfadada por lo de Ivy —el tono de Owen cambió de la impaciencia a la reprobación—. Puedes hacer todo el escándalo que quieras en casa, pero no puedes perjudicar los asuntos de la empresa.
Me giré para mirar por la ventana. El cielo estaba grisáceo, con nubes muy bajas. Al decir esas cosas no mostraba ni un rastro de remordimiento, ni una sola disculpa. En todo momento solo necesitaba un adorno a su lado, alguien que le ayudara a mantener su imagen y consolidar sus contactos.
—No voy a ayudarte a mantener esta farsa —dije.
—No te pido nada difícil, solo unas horas, solo tienes que estar allí.
—Te he dicho que no iré.
La voz de Owen se enfrió por completo. Conocía perfectamente ese tono, lo usaba cada vez que sentía que lo habían ofendido.
—Selena, piénsalo bien antes de responder.
—Lo he pensado muy bien.
El silencio duró unos segundos al otro lado de la línea. Luego su voz volvió a sonar, con la seguridad de quien cree que tiene la situación bajo control.
—Tengo fotos tuyas con otro hombre.
Apreté ligeramente el móvil entre mis dedos, pero mi tono no cambió.
—¿Y qué?
—Si no asistes al banquete, haré públicas estas fotos —hizo una pausa, como esperando que me asustara—. Entonces todo el mundo pensará que fuiste tú la que te enamoraste de otro. Puedo demandarte y pedirte una indemnización cuantiosa.
Lo escuché hablar y de repente me dieron ganas de reír.
Ni siquiera sabía quién era Alaric, solo creía que era cualquier hombre que yo había conocido por casualidad. Y ya estaba calculando cómo usar esto para obligarme a ceder.
—¿Me estás amenazando?
—Solo te estoy informando de las consecuencias —su voz era impasible, sin rastro de calor humano—. Selena, no puedes pagar esa indemnización.
No respondí, esperando a que terminara de hablar.
—Puedes pensarlo bien —parecía ya haber ganado, su tono mostraba seguridad y pereza—. No te arrepientas después.
—Haz lo que quieras.
—¡Selena!
—Demándame si quieres. —Después de decir esto, colgué la llamada.
La pantalla se apagó. Mis dedos seguían apoyados en el borde del teléfono. Me quedé de pie unos segundos y di la vuelta al móvil, dejándolo boca abajo sobre la mesa.
—¿Era Owen? —La voz de Alaric venía de la ventana. Estaba sentado allí con un libro en la mano y levantó la mirada hacia mí.
Asentí y le conté todo lo que había ocurrido en la llamada. Cuando le hablé de que Owen me amenazaba con las fotos, Alaric no frunció ni una sola vez el ceño.
—Entonces deja que las publique —dijo.
Lo miré. —¿No tienes miedo de que te ataque? ¿Y si realmente viene por ti?
Alaric cerró el libro y lo dejó a un lado. Me miró fijamente a los ojos.
—¿De qué tienes miedo estando conmigo?
Con esa sola frase me quedé sin palabras.
Durante más de diez años con Owen, todo lo que hacía lo debía meditar dos veces: si eso le molestaría, si alguna frase lo irritaría. En cambio Alaric estaba allí, sin modificar su tono, como si no hubiera nada de qué alarmarse por esa amenaza contra mí.
—No voy a ir a su banquete —dije.
—Entonces no vayas —respondió él.
Los días siguientes Owen me envió muchísimos mensajes, unos amables y otros agresivos. No respondí ni uno solo. Probablemente pensaba que seguía celosa y caprichosa, y que tarde o temprano cedería. Siempre creía que todas mis rebeliones eran temporales y que terminaría volviendo a su lado.
Estaba ocupado organizando el banquete y no tuvo tiempo de seguir buscándome.
Dos días después, Alaric se acercó con un documento y lo puso delante de mí.
—El lugar ya está reservado.
—¿Cuándo?
—Dentro de un mes.
Miré el documento. La fecha coincidía exactamente con el día del banquete de aniversario de boda de Owen.
—¿Dónde es?
Alaric me deslizó una fotografía. En ella se veía un complejo de edificios en las afueras, tranquilo y ordenado, sin el lujo ostentoso de la ciudad. Lo observé unos segundos y dije que era muy bonito.
—El hotel donde Owen celebra su banquete está justo al lado.
—¡Maldita sea! ¡Ese viejo perdió la cabeza antes de morir!La voz de Vivian resonó por toda la sala de estar de la mansión Willson. Había arrojado una copia del testamento sobre la mesa y caminaba de un lado a otro, incapaz de contener la rabia que la consumía desde que había descubierto que Ernesto había entregado el control de Willson Group a su hija mayor.Selene, la mujer a la que había intentado apartar de la familia durante tantos años, ahora tenía en sus manos aquello que Vivian siempre había deseado controlar.Y lo peor era que no podía hacer nada para cambiarlo.—¿Cómo pudo hacernos esto? —se quejó Ivy, sentada en el sofá con los brazos cruzados—. ¡Soy su hija! ¿Por qué tengo que estar por debajo de Selene? ¿Qué tiene ella que yo no tenga?Vivian se detuvo frente a ella.—Deja de comportarte como una niña y piensa. Gritar no va a cambiar el testamento.—¡Entonces dime qué vamos a hacer! ¡No pienso pasar el resto de mi vida trabajando para esa mujer!La sola idea de tener que
La casa de Selene se encontraba en una calle tranquila, lejos del bullicio del centro de la ciudad.Aquella tarde, sin embargo, Selene apenas había tenido tiempo para disfrutar de la tranquilidad.Horas antes había visitado las oficinas de Willson Group para conocer las instalaciones, reunirse con algunos directivos y comprender de primera mano el alcance de las responsabilidades que acababa de heredar.La experiencia había sido mucho más abrumadora de lo que imaginaba.Cuando entró en el edificio, varios empleados la recibieron con sorpresa. Muchos de ellos conocían el nombre de Selene, pero nunca habían sabido que era la hija mayor de Ernesto Willson. Para la mayoría, había sido una figura distante, una mujer vinculada a la familia Collins y envuelta en rumores que nadie se había atrevido a cuestionar abiertamente.La noticia de su nombramiento había llegado antes que ella.Al principio, algunas miradas reflejaron curiosidad y desconfianza. No era extraño. De un día para otro, una m
En las oficinas de Collins Group, la noticia había caído como una bomba.Victor Collins permanecía detrás de su escritorio, con un informe abierto frente a él y el rostro enrojecido por la furia. A su lado, Owen mantenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón, intentando conservar una apariencia tranquila que no correspondía con la tensión de su mandíbula.—¡Dime que esta noticia es falsa! —exigió Victor, golpeando el informe contra la mesa—. ¡Dime que alguien se ha equivocado y que Selene Willson no acaba de convertirse en la presidenta de esa empresa!Owen apretó los dientes.—La información está confirmada. Ernesto le dejó sus acciones y el cargo de presidenta.—¡Lo sé! ¡Acabo de leerlo! No necesito que repitas lo que ya aparece en el informe.Victor se levantó y comenzó a caminar de un extremo al otro del despacho.Durante años, había considerado a Selene una pieza útil para fortalecer la relación entre las familias Collins y Willson. Su matrimonio con Owen debía asegurar
La sala de reuniones de King Group se encontraba ocupada por algunos de los ejecutivos más importantes de la compañía. Alrededor de la larga mesa de cristal se habían distribuido carpetas, informes financieros y proyecciones que mostraban el avance de uno de los proyectos más ambiciosos en los que Alaric había decidido invertir.En la pantalla principal se proyectaba una imagen tridimensional de una extensa zona costera, donde se levantaría un complejo destinado a transformar la infraestructura comercial de la ciudad.—El proyecto Horizonte representa una inversión conjunta de varios miles de millones —explicó uno de los directores—. El objetivo es construir un puerto comercial inteligente, conectado con un centro logístico de última generación y una zona empresarial que permitirá agilizar el transporte de mercancías entre Norteamérica, Europa y Asia. Si cumplimos con los plazos establecidos, la primera fase podría comenzar a operar en menos de dos años.Alaric permanecía sentado en e
Durante unos segundos, nadie habló.Selene permaneció inmóvil, con la mirada fija en la mesa. Había imaginado muchas veces cómo sería escuchar a su padre reconocer sus errores, pero nunca creyó que aquellas palabras llegarían cuando ya no pudiera mirarlo a los ojos ni preguntarle por qué había tardado tanto.Sus labios temblaron.Siempre fuiste mi hija.Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, y tuvo que apretar las manos para evitar que su cuerpo revelara cuánto la habían conmovido aquellas palabras.Había pasado tantos años creyendo que no era suficiente para él. Había intentado ganarse su cariño a través de sus logros, de su obediencia y de su silencio, sin comprender que el afecto de un padre nunca debió ser algo que tuviera que conquistar.Y ahora, cuando ya no podía abrazarlo, cuando ya no podía escuchar su voz ni preguntarle si alguna vez se había sentido orgulloso de ella, Ernesto finalmente le había dado la respuesta que tanto había necesitado.El dolor no desapareci
—Qué curioso, Vivian. Por la manera en que me recibes, cualquiera pensaría que estabas muy segura de que no volvería a salir de prisión.Vivian abrió la boca, pero durante un instante no encontró qué responder.Selene avanzó unos pasos, sin apartar los ojos de ella.—Dime, ¿por qué será? ¿Acaso esperabas que pasara tantos años encerrada que terminaras olvidándote de que existo?—No digas tonterías —replicó Vivian, recuperando a la fuerza su compostura—. Si te detuvieron, fue porque robaste. No tienes derecho a presentarte aquí y comportarte como si fueras una víctima.—¿Robar? —Selene inclinó ligeramente la cabeza—. Qué palabra tan conveniente para describir algo que nunca hice.—La pulsera apareció en tu bolso —intervino Ivy—. Y hubo personas que declararon en tu contra. ¿Todavía vas a fingir que eres inocente?Selene volvió el rostro hacia ella.—Sí. Porque lo soy.La respuesta fue tan firme que Ivy se quedó callada por un segundo.—Y no solo voy a demostrar mi inocencia —continuó S







