Se connecterAunque su petición parecía razonable, Gabriel no conseguía sentirse tranquilo.—No puedes ir —dijo Camila en voz baja—. Tienes que recuperarte de tus heridas.—Sí puedo.Ante la insistencia de Gabriel, Camila no tuvo más remedio que recordarle el trato que habían hecho.—¿Ya no me vas a hacer caso? ¿Acaso nuestro acuerdo ya no vale?—No quiero separarme de ti, ni por un solo día, yo...Gabriel frunció el ceño y comenzó a hablar con torpeza, sin embargo, no pudo terminar la frase.Sentía miedo.Una inquietud constante lo atormentaba.No sabía si era la inseguridad que albergaba en el fondo de su corazón la que volvía a asediarlo, o si realmente tenía un mal presentimiento.—Yo tampoco quiero separarme de ti, pero esta es una situación excepcional. No puedo arrastrar a un hombre herido a un viaje tan largo. Deberías respetar mis sentimientos como esposa.Antes, Gabriel le había pedido que respetara sus sentimientos como paciente, y ella lo había hecho. Ahora, le tocaba a él devolverle el
—Bueno, me rindo —dijo Camila, dándose cuenta de que no tenía la habilidad para mentirle a Gabriel.No es que no supiera mentir, simplemente se sentía mal al hacerlo con él.—Tengo que ir a ver a Don Díaz —añadió con un tono de voz un tanto abatido.—¿Al abuelo de la familia Díaz?La mirada de Gabriel se ensombreció, perdiendo su brillo habitual.El padre de Ricardo, Santiago, llevaba muchos años viviendo en Morania.Los rumores decían que no se había ido al extranjero para disfrutar de su jubilación, sino porque llevaba años distanciado de Ricardo y prefería evitarlo a toda costa.Incluso corrían chismes de que el anciano no había regresado cuando Ricardo enfermó de gravedad, y que solo lo hizo a toda prisa para asistir al funeral después de que este falleciera.Aunque al parecer se había marchado ese mismo día.Camila asintió.Ese mismo día, mientras regresaba de la cumbre, había recibido una llamada de Patricia, quien le aseguró que Don Díaz quería verla.Camila siempre desconfiaba
—Está bien, no estabas llorando —dijo Camila asintiendo con la cabeza, dándole unas palmaditas en el hombro a Gabriel como si estuviera consolando a un niño—. Fue muy agradable ver la película contigo, lo repetiremos la próxima vez.Tras decir esto, apagó el televisor, recogió las cosas de la mesa y se fue a la habitación tarareando una canción para quitarse la ropa.Iba a darse un baño.Camila acababa de envolverse en la toalla cuando vio que Gabriel entraba detrás de ella. Se dio la vuelta de inmediato y le dijo:—Gabriel, me voy a bañar, sal de aquí...—Ni que no te hubiera visto antes, ¿por qué te pones tan nerviosa? —la interrumpió el hombre.Parecía que lo hacía a propósito. La abrazó por la cintura desde atrás, hizo un movimiento con las manos y dejó caer la toalla por completo.Aunque Camila estaba de espaldas a Gabriel, sentirse desnuda de repente la llenó de vergüenza.Quiso agacharse para recoger la toalla, pero el hombre la sujetó por la cintura para impedírselo y le propus
Camila le echó un vistazo a Gabriel y se dio cuenta de que la sonrisa había desaparecido de sus labios.No fruncía el ceño, pero miraba la pantalla del celular con una calma que resultaba inquietante, sin dejar traslucir ni una sola emoción.—¿Estás enojado? —preguntó Camila con cuidado.—Para nada —respondió Gabriel en voz baja—. ¿Por qué habría de enojarme? Debería alegrarme de que haya elogiado la belleza de mi esposa.Sin embargo, su tono de voz no reflejaba ni una pizca de alegría.Camila bloqueó la pantalla del celular de inmediato y dijo:—Entonces no le voy a contestar, haré como si no lo hubiera visto.Gabriel no dijo nada, era evidente que no estaba de buen humor.Camila le dio un pequeño codazo en el pecho y le dijo:—No te pongas celoso, él es mayor que yo.—Yo también soy mayor que tú.Camila se quedó sin palabras por un instante y luego añadió:—Él es mayor que tú y se ve más viejo. No es tan guapo como tú.—¿Acaso lo estuviste mirando con tanto detalle? —preguntó Gabriel
Camila besó los labios de Gabriel y le preguntó:—¿Comiste dulces? Sabes muy rico.Apenas se separó, Gabriel volvió a besarla, pero esta vez no fue un beso profundo como los anteriores, sino que solo chupó sus labios con suavidad.—Entonces puedes probar un poco más.Camila ya no podía soportarlo más. Se preguntaba cómo Gabriel podía volverla loca y derretirla por completo con esa cara tan seria y fría.—Tengo hambre —dijo Camila con un tono mimado, parpadeando mientras lo miraba—. Pero todavía no me quiero mover.Ya había oscurecido y ni siquiera habían encendido las luces. Ninguno de los dos quería separarse del otro, ni mucho menos levantarse.Camila solo se había quitado el abrigo, ni siquiera se había cambiado de ropa.—Está bien, te prepararé algo de comer —dijo Gabriel haciendo el amago de levantarse, pero Camila lo detuvo agarrándole el brazo.—Eres un paciente, no puedes hacer esfuerzos. Me daría mucha pena que me cocinaras —dijo Camila con un tono un poco provocativo, mordisq
Ya que eran directivos con sueldos exorbitantes que habían firmado acuerdos previos, Gabriel tenía toda la justificación del mundo para sancionarlos.—Olvídalo, redactar un informe solo es una pérdida de tiempo. Ya que mi esposa intercedió, por esta vez lo dejaré pasar.La calma en la voz de Gabriel los tranquilizó de inmediato.Era demasiado comprensivo.Quién diría que el Señor Gabriel también podía ser tan considerado.Óscar carraspeó para darles a entender que era mejor que se fueran ahora.—Señor Gabriel, lo dejamos descansar, ¡que usted y su esposa tengan un buen descanso! ¡Nos retiramos!—Señora, ¡le deseamos lo mejor y que siempre esté feliz!Antes de irse, varios de ellos no se olvidaron de despedirse de Camila.Era evidente que estaban tan contentos que hasta se despidieron con buenos deseos.Camila no pudo evitar soltar una risita.Óscar esperó a que todos se marcharan antes de recoger lo de la mesa de centro.Incluyendo la computadora de trabajo de Gabriel.Vaya, conque su
—¡¿Todavía te consideras un hombre, Alejandro?!Esta vez Laura estaba realmente fuera de sí. Llorando y gritando, le dio una bofetada.Alejandro no se apartó. Se quedó ahí, dejándola golpearlo, insultarlo, desahogarse sin freno.No fue hasta que ella quedó completamente exhausta que él soltó su mano
Marina había llamado muchas veces a Alejandro la noche anterior y él no contestó ninguna. Recién apareció en la casa por la mañana, así que ella supo de inmediato que ya se había visto con esa mujer.Sin ocultar su fastidio, lo llevó directamente a la sala de visitas.—¿Qué piensas hacer con lo de
Alejandro estaba tan furioso que se le marcaron las venas en la frente.—¡Camila!Cuando ella dijo que ni siquiera hacía falta divorciarse, por un instante sí se asustó. Pero enseguida reaccionó, Camila no podía saber que su matrimonio era falso.Si lo supiera, ¿cómo se atrevería a irse sin tener ab
Cuando Doña Jiménez habló de ese modo, Alejandro y Marina ya no se atrevieron a seguir negándolo.Sin embargo, por el tono de la anciana, parecía que tampoco tenía intención de profundizar en el asunto.Marina soltó un suspiro silencioso de alivio y enseguida intentó justificar a Alejandro.—Todo fu







