LOGINCamila lo miró y sus ojos se le llenaron de lágrimas.Desde pequeña había pasado por todo, que la pisotearan, que la halagaran, momentos buenos y malos.Pero nunca había conocido a alguien como Gabriel.Alguien que se tomaba cada promesa como si fuera una misión de vida, que amaba como si en ello le fuera la vida.¿De verdad existía alguien así en el mundo?Un niño que se cae no llora si nadie lo ve. Llora cuando sabe que alguien lo va a consolar.Ella creció sin padres, sin nadie que la mimara. Aunque Alejandro la engañara y ella lo odiara y lo sufriera, nunca sintió que tuviera derecho a quejarse.Pero Gabriel era tan bueno con ella que toda esa angustia guardada por años le salió de golpe.Tenía ganas de llorar sin razón.—¿Por qué lloras? ¿Te molestó que no te avisara antes?Camila negó con la cabeza sin poder hablar. Se tomó un momento para procesar todo, y al ver que él empezaba a ponerse ansioso, hundió la cara en su pecho.—Gabriel, con todo lo que haces por mí, me parece que e
Era demasiado tímido y encima no sabía decir las cosas.El vuelo duró dos horas. Cuando aterrizaron a la Capital, el sol ya comenzaba a ponerse.Camila había echado una siesta con Gabriel durante el vuelo y bajó del avión sintiéndose fresca y de buen humor.Caminó hacia la salida del aeropuerto del brazo de Gabriel y le preguntó en voz baja:—¿Por qué siento que estamos de luna de miel?—Contigo, cada día es como una luna de miel.Gabriel le tomó la mano y entrelazó los dedos con los de ella.Usaron una salida exclusiva mientras Óscar y otro asistente venían detrás con el equipaje.Ya era hora de cenar, pero ambos habían comido bastante en el avión.Ya en el auto, Camila supo que ese viaje era en realidad para organizar el banquete de compromiso.Puerto Azul era el centro económico del país, mientras que Capital era el centro político del país.Gabriel había prometido darle la boda más grande y más lujosa, y para eso había que celebrar una ceremonia en el lugar más importante del país,
Al escuchar su respuesta tan directa, Camila sintió que las orejas le ardían.Esas prendas habían aparecido en su cajón de ropa interior sin que ella supiera quién las había puesto, después de que Gabriel revisara su armario en varias ocasiones.Eran bastante atrevidas.Llegó a pensar que quizás los habían comprado la abuela Torres o Nora, pero pensándolo bien, las dos eran mujeres bastante sobrias. No se las imaginaba añadiendo ese tipo de cosas a su vida íntima.Ahora que lo pensaba bien, ¿sería que Gabriel tenía realmente esa clase de gustos?Con razón cada vez que él le alcanzaba la ropa interior al salir del baño, siempre terminaba eligiendo esos conjuntos.Camila siempre los volvía a cambiar.En casa ni siquiera se atrevía a usarlos.Pero al ver la mirada suplicante de Gabriel, al final cedió, y solo llevaron un conjunto de ese estilo.Camila giró la cabeza, colorada:—Gabriel, en serio eres muy, muy descarado.—¿Ah, sí? —dijo él, sin inmutarse, mirando el conjunto que por fin ha
—Si te gusta, puedo mandar a hacer unos conjuntos a juego.Gabriel se inclinó un poco y, junto a Camila, miraron el reflejo en el espejo.Camila tenía la cara limpia y suave. Era el tipo de belleza de rasgos intensos que sin maquillaje se veía elegante, y con maquillaje resultaba deslumbrante.En ese momento llevaba ropa de casa, pero ni así quedaba opacada junto a los rasgos perfectos de Gabriel. Al contrario, parecían una pareja muy armoniosa.Más aún, el rostro de Camila lograba suavizar la usual seriedad de Gabriel que mostraba en público.Le daba un aire de grandote rendido ante una chica de buena familia.Camila pensó eso para sus adentros y se aguantó la risa.Cuando ella sonrió, a Gabriel se le derritió el corazón. Le preguntó con voz suave:—¿Te gusta?—Sí, diles que lo hagan. Quiero usar conjuntos a juego contigo.Camila le pellizcó las mejillas que rara vez mostraban una sonrisa.No tenía casi nada de carne, la piel era muy fina, pero la textura era agradable.Y cada vez que
—Ayer, fue ella quien empezó a provocar. Nos atacó con palabras tan crueles, insultándote a ti e insultándome a mí. Lo que hicimos no fue más que defendernos. ¿Acaso porque no cedimos a lo que ella quería, tenemos que hacernos responsables de las consecuencias?—En este mundo no funciona así. No es quien es más débil quien tiene la razón.Camila levantó la vista hacia Gabriel. Sus ojos de repente brillaron, y un leve rubor le tiñó las mejillas.Gabriel pensó que había dicho algo mal. Con sus rasgos habitualmente serios, dejó asomar una expresión casi inocente:—¿Acaso me equivoqué?—No. Es que el Señor Gabriel tiene demasiada razón y con eso ya se me fue toda la angustia.Camila lo miró con los ojos llenos de luz, y la sonrisa que se le dibujó en los labios era tan dulce que sacudió algo dentro de Gabriel.Las orejas se le pusieron rojas en un lugar donde ella no podía verlo.Gabriel siguió sosteniéndole su rostro entre las manos. Su mirada se volvió más seria:—De ahora en adelante, t
"Doña Jiménez ha fallecido."Era un mensaje de un número desconocido, pero con solo leer el tono, Camila supo de quién era.La anciana tenía el corazón delicado. Los médicos siempre habían insistido en que necesitaba reposo y debía evitar cualquier alteración emocional.Y su muerte sí tenía relación con el encuentro del día anterior.Mientras Camila se quedaba pensativa, Gabriel también se despertó.Al verla tan absorta con el celular, la atrajo hacia sí y la acercó.—¿Qué estás mirando?Gabriel notó el leve fruncimiento en el entrecejo de Camila, se movió y extendió la mano para tomarle el celular.—La abuela de Alejandro ha fallecido —dijo Camila.Su voz sonaba indiferente, sin ningún matiz emocional aparente, pero Gabriel percibió la emoción contenida en ella.Gabriel no dijo nada de inmediato. Solo la abrazó más fuerte, envolviéndola con su calor para disipar el frío de su piel.Sabía bien que Camila, por más que pareciera fuerte e implacable, en el fondo era muy sensible.En el fo
Camila apenas rozó con la punta de los dedos el tul del vestido blanco cuando la abuela Torre la tomó del brazo y la giró media vuelta frente al espejo. A la anciana se le iluminaron los ojos.—Mire qué bien le queda este corte. Los hombros te calzan perfecto y si la cintura se ajusta un poco más se
En los peores momentos de la empresa, ella siempre estuvo a su lado, repitiendo esas mismas palabras.Y cada vez, Camila era la que salía al frente, enfrentando los problemas y cargando con todo por él.Alejandro frunció el ceño. ¿Por qué estaba pensando otra vez en Camila?—Alejandro, ¿olvidaste qu
Camila miró la pantalla del celular y deslizó el dedo para borrar el mensaje. Entre ella y Alejandro ya no había nada más que decir.El otro número era de Gabriel. La llamada no había durado ni cinco segundos, parecía un error. No había dejado ningún mensaje.Camila se quedó mirando ese nombre un pa
Alejandro guardó silencio y Laura, incapaz de soportarlo más, terminó agachándose frente a él para rogarle:—Dame unos días más. Si no puedo ayudar a la empresa, entonces dale las acciones a Camila.Mientras ella estuviera ahí, pensó, ¡esa mujer jamás lograría obtener nada del Grupo Jiménez ni de la







