Se connecterUna semana después de aquella conversación en el taller, Victoria todavía no había decidido si le molestaba más que Adrián hubiera ordenado vigilar a su amiga sin consultarla o reconocer que, después de lo ocurrido, una parte de ella se sentía más tranquila sabiendo que alguien observaba el departamento de Laura.—No entiendo qué demonios le pasa —dijo Camila mientras revisaba una serie de propuestas sobre la mesa—. Nos están cayendo tantos proyectos que dentro de poco vamos a necesitar contratar gente y Laura prácticamente desapareció justo cuando deberíamos estar celebrándolo.Victoria mantuvo los ojos sobre su computadora.Según los reportes que Adrián recibía, Laura no había salido de su departamento desde el día en que abandonó el antiguo taller. Ninguna visita había sido registrada, tampoco movimientos extraños, y aunque aquella información disminuía algunas de sus sospechas, generaba otras preguntas.—Me dijo que seguía enferma.Camila dejó el bolígrafo.—Una semana completa en
Laura sintió aquella mirada con una intensidad que la obligó a apartar los ojos hacia la nada, fingiendo concentrarse en una imagen antigua de Victoria mientras dentro de su mente se mezclaban demasiadas cosas que no quería ordenar frente a ellos. Durante años había creído que su amistad con Daniel había sido real, suficiente para confiar en él y contarle asuntos personales que ahora adquirían otro significado.Descubrir que Daniel conocía a Victoria desde mucho antes de lo que cualquiera suponía contaminaba cada recuerdo, porque convertía conversaciones aparentemente casuales en posibles movimientos calculados y obligaba a Laura a preguntarse cuántas veces él se había acercado a ella solamente para tener acceso a información que nunca le habría entregado de otra manera.Sin embargo, lo que más la incomodaba no era únicamente Daniel.Desde hacía tiempo no podía evitar comparar a los dos hombres que habían marcado gran parte de la vida reciente de Victoria, y cuanto más pensaba en Adri
—¿Y qué piensas hacer al respecto?Adrián bajó la mirada hacia los dedos de Victoria alrededor de su corbata y después volvió a sus ojos, como si considerara seriamente todas las respuestas que habría dado tiempo atrás antes de elegir una que, para sorpresa de ambos, resultaba mucho menos dramática.—Probablemente odiarlo en silencio durante los próximos veinte años, recordando su cara cada vez que alguien mencione esta empresa.Victoria soltó una risa que llenó el elevador y tiró suavemente de la tela para acercarlo, porque aquellos celos ya no despertaban la sensación de estar entrando otra vez en una jaula donde cada decisión terminaba convertida en una batalla. Adrián seguía sintiendo exactamente lo mismo, pero ahora parecía comprender que la emoción le pertenecía a él y no podía transformarla en una prohibición para ella.—Eso suena sorprendentemente civilizado.—No te acostumbres demasiado, porque todavía estoy aprendiendo.Victoria lo besó antes de que pudiera agregar algo, y A
Varios días después, Victoria volvió a integrarse poco a poco a su vida laboral, aunque aquella vez no regresó a una oficina ajena ni a una estructura en la que tuviera que responder ante decisiones tomadas por otros, porque Laura, Camila y ella habían acordado continuar con los proyectos que ya tenían en marcha y aprovechar el momento para abrir su propia agencia. La idea había comenzado casi como una conversación improvisada, pero terminó convirtiéndose en una posibilidad real cuando revisaron los clientes que todavía confiaban en su trabajo.Adrián viajó con ellas únicamente porque después tenían otra cita médica para revisar la evolución del embarazo, al menos esa había sido la explicación oficial durante el trayecto, aunque Victoria sospechaba que él habría encontrado cualquier otra razón para acompañarla si la consulta no hubiera existido.—No necesitas esperarme aquí —le dijo cuando llegaron al edificio y lo vio acomodar su computadora bajo el brazo—. Puedes ir a tu oficina y r
Fernanda permaneció unos segundos con el teléfono todavía entre los dedos después de terminar la llamada, preguntándose si realmente había hecho lo correcto. Había actuado movida por una necesidad que en ese momento le pareció más fuerte que el orgullo, aunque ahora, con el silencio rodeándola, no podía evitar recordar que tampoco era como si sus abuelos sintieran precisamente cariño por ella.A varios kilómetros de distancia y varios dias después Victoria esperaba sentada junto a Adrián, ambos habían intentado no hablar demasiado de aquella nueva revisión, como si evitar convertirla en el centro de cada conversación pudiera disminuir el miedo que todavía existía debajo de la aparente tranquilidad.Adrián tenía una mano sobre la pierna de Victoria, pero no apretaba sus dedos ni revisaba el reloj a cada rato mientras ella había notado ese esfuerzo silencioso y, aunque no lo mencionaba, sabía perfectamente cuánto le costaba.Cuando finalmente el especialista regresó con los resultados,
Y aunque no pretendía escuchar una conversación ajena el nombre de Daniel y aquella referencia a William Harrington consiguieron que permaneciera cerca de la salida mientras los investigadores continuaban hablando sin darse cuenta de su presencia.—La propiedad pudo utilizarse después de que Daniel fingiera su muerte —explicó uno—. No podemos demostrar que estuviera ahí, pero existen movimientos que coinciden con las fechas.—¿Y dices que pertenece a un aristócrata inglés?—William Harrington, conde de Ravenshire. Es familia de Daniel por la línea materna.El otro hombre pareció desconcertado.—¿Qué hace un conde inglés con propiedades aquí?Fernanda tuvo que contener un bufido.Después de semanas viendo a Victoria y Adrián perseguir pistas que siempre parecían llegar demasiado tarde, descubrir que los investigadores podían sorprenderse porque un hombre con una fortuna considerable tuviera propiedades fuera de Inglaterra no mejoraba demasiado su confianza en nadie. Un hombre rico podí







