LOGINLos niños no se imaginaban lo que estaba pasando entre Daniel y Victoria, pero antes de que Daniel diera la orden de dejarlos atrás Camille, Mathis y Eduardo no supieron quedarse quietos.—La señora Victoria dijo que se iba a quedar con nosotros —murmuró Eduardo, limpiándose la cara con la manga—. Ella no se iría sin decirnos así que no va ser una buena idea si intentamos salir antes de que ella regrese.Camille negó enseguida, porque aquello era algo que sí sabía.—Ella no se fue porque quiso, pero si esperamos aquí tampoco vamos a saber dónde está, ese hombre con quien esta es muy malo.Mathis se levantó y volvió a intentar abrir la puerta, aunque después de varios esfuerzos entendió que seguía cerrada desde afuera.—No podemos salir.Camille recorrió la habitación con la mirada hasta detenerse en la ventana, que estaba situada por encima de un mueble bajo y parecía más grande de lo que habían notado al entrar.—Por ahí sí.Mathis se acercó y levantó la cabeza.—Está muy alta.—Si s
Daniel no le dio tiempo de responder antes de comenzar a arrastrarla por el corredor, sujetándola con suficiente fuerza para impedir que regresara a la habitación donde habían dejado a los niños, y Victoria reaccionó de inmediato intentando soltarse mientras una mano iba instintivamente hacia su vientre, no solo por miedo a caer durante el forcejeo, sino porque en ese momento era consciente de que debía proteger también al bebé que llevaba dentro.—¡Suéltame! ¿A dónde me llevas?Daniel siguió avanzando sin responder hasta que uno de sus hombres apareció desde una habitación lateral y se acercó esperando instrucciones.—Nos vamos.Victoria dejó de forcejear durante apenas un instante.—¿Y los niños?Daniel ni siquiera volvió la cabeza.—Se quedan.Aquella respuesta consiguió que ella tirara nuevamente del brazo intentando regresar por el corredor.—¿Cómo que se quedan? No puedes dejarlos aquí.Otro de los hombres que esperaba cerca de la salida pareció compartir la sorpresa.—¿Los vamo
Victoria sintió que aquellas palabras no buscaban únicamente herirla, sino arrancarle la seguridad de que Adrián seguía buscándola, y aunque durante un instante el miedo intentó instalarse donde Daniel quería, se negó a regalarle ese triunfo.—Puedes repetírtelo todas las veces que quieras, Daniel, pero eso no va a convertirlo en verdad.Él mantuvo las manos sobre sus brazos mientras la observaba con una frustración que parecía crecer cada vez que Victoria se negaba a encajar en la versión de los hechos que él había construido.—Sigues defendiéndolo incluso ahora, cuando todo terminó llevándote hasta aquí.—No confundas lo que tú hiciste con una decisión de Adrián.Daniel intentó acercarla nuevamente y Victoria apoyó ambas manos contra su pecho para mantenerlo lejos, moviéndose lo suficiente para impedir que la arrinconara otra vez contra la mesa.—No vuelvas a acercarte así.—No tienes que reaccionar como si fuera a lastimarte.—Entonces deja de darme razones para pensar que necesito
La certeza hizo que retrocediera hasta sentir el borde de la mesa detrás de ella, aunque procuró no mostrar un miedo que Daniel pudiera convertir en otra excusa para demostrarle que no tenía razones para temerle.—Daniel, ya te escuché y creo que es suficiente por ahora, así que quiero volver con los niños.Él negó lentamente mientras reducía la distancia.—Siempre haces esto cuando empezamos a llegar a algo real, porque dejas que Adrián aparezca incluso cuando no está presente.—Adrián no tiene nada que ver con que yo quiera estar con mis hijos.—Son nuestros mayores obstáculos, Victoria, porque él consiguió que construyeras toda una vida alrededor de la idea de que le perteneces.Aquella frase consiguió que ella frunciera el ceño.—Yo no le pertenezco a nadie.—Eso mismo intenté enseñarte.Daniel levantó una mano hacia su rostro, pero esta vez Victoria se apartó antes de que pudiera tocarla.El gesto lo dejó inmóvil unos segundos.—Hace un momento no te alejaste.—Porque los niños e
La respuesta a la pregunta de Adrian llegaria pero mientras lo hacia Victoria no tenia otra opcion que seguir fingiendo.—¿Ves que no tiene que ser una guerra entre nosotros? —preguntó Daniel mientras mantenía la mirada sobre ella—. Siempre que dejas de pensar en lo que Adrián espera de ti, vuelves a ser la mujer que se que eres realmente.Victoria tuvo que contener el impulso de responder que la mujer que él había conocido jamás habría aceptado estar allí por voluntad propia, aunque alcanzó a ver a Camille, Mathis y Eduardo juntos y recordó que su única ventaja seguía siendo conseguir que Daniel creyera que estaba dispuesto a escucharlo.—Te dije que iba a hacerlo —respondió con cuidado—, pero también te pedí que dejaras a los niños tranquilos.Daniel desvió la mirada hacia ellos y durante algunos segundos pareció considerar algo que a Victoria no le gustó.—Precisamente por eso necesitamos hablar sin interrupciones.Victoria sintió que el pecho se le tensaba.—No necesito estar lejo
Porque no era Victoria sino Fernada la que se encontraba en aquel lugar y durante varios segundos no dijo nada porque intentó entender qué hacía Fernanda allí y por qué ninguno de sus hombres le había informado que ella estaba investigando por su cuenta, pero el cansancio, el miedo y las imágenes que llevaba intentando mantener bajo control terminaron imponiéndose antes que cualquier razonamiento más sereno.—¿Qué haces aquí?Fernanda giró completamente hacia él, sorprendida por verlo entrar acompañado de hombres que permanecían detenidos fuera de la habitación.—Adrián, yo…—Te pregunté qué haces aquí.El tono consiguió que ella frunciera el ceño, aunque no retrocedió.—Vine a buscar respuestas.Aquellas palabras solo aumentaron la tensión que Adrián llevaba acumulando desde la estación, porque no podía escuchar hablar de respuestas mientras Victoria seguía desaparecida y los niños permanecían en manos de Daniel.—¿Respuestas de quién? —preguntó mirando un instante al hombre que esta







