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Capítulo 29

Autor: Ranacien
last update Data de publicação: 2022-03-11 05:31:47

—No puede salir, señorita Evans.

—T.C, no hay azúcar y no me tomaré el café amargo. En la despensa no hay y el servicio ya se fue, el cuarto de previsiones está cerrado. Si no dejas que yo vaya, irás tú. Aún tengo trabajo por hacer, quiero tomarme un café.

El moreno evitó resoplar. Ambos se encontraban frente a las puertas del ascensor, por donde ella estaba dispuesta a bajar.

—Debo acompañarla.

—Ok, no hay problema, pero nada de vehículo, nos vamos a pie. —El ex militar, con un leve fruncimiento de cejas, repudió la idea—. No me voy a montar en la camioneta solo para ir a comprar azúcar.

—Tengo órdenes específicas de no rondar el lugar, señorita Lenis.

Ella respiró profundo, no se lo podía creer.

—Tú me has obligado, grandulón.

Ella sacó su celular del bolso y a punto de marcarle a Peter para informarle que saldría de la oficina, así tuviese que pasar por encima de T.C, recibió una llamada de George.

Lo extraño fue que T.C también recibió una llamada al mismo tiempo, solo que de Peter.

Lenis contestó la suya.

—Hola, señor Miller… —saludó ella en broma, pero él la interrumpió:

—No vayas a salir.

—¿Qué…?

—No sé con qué intención, pero Smith está abajo, me llamó para decírmelo y debió haberte visto entrando o alguno de sus hombres lo hizo, porque sabe cómo estás vestida. Quiere provocarnos, espera que se largue. Los hombres de Peter lo perseguirán mientras T.C te lleva al apartamento por la vía contraria. De todas formas, voy en camino.

Los labios de Lenis se separaron de inmediato, asombrada por todo ese arsenal de mandatos en menos de un minuto. La información de que el hombre del cual ella había estado huyendo desde un año se encontraba frente al edificio, no dejaba de dar vueltas en su cabeza.

De repente, se sintió cansada de todo. Lenis pensó que no le bastaba a ese sujeto solo con presentarse en una audiencia dentro de algunos días, verla a la cara y ametrallarla con su sola existencia, sino que también se había acercado hasta allí y —tan claro para ella— solo para restregarle que la tenía en la mira, que no se le escaparía de su periferia y que podía acercarse con todo y escoltas.

Colgó la llamada sin decirle nada a George, no podía hablar. Comenzó a sentir una presión en su pecho, un peso en la espalda… Si no fuese por el guardaespaldas, el teléfono móvil se le habría caído. Las manos de la secretaria comenzaron a cerrarse, abrirse y sin ella saber muy bien cómo, ya se estaba moviendo a uno de los sillones de la sala de espera ubicada entre su escritorio y el gran ventanal.

T.C conocía ese tipo de ataques de pánico. Buscó agua y se la fue dando a sorbos, regalándole palabras que pudiesen calmarla y asegurándole que todo iba a estar bien.

Pero Lenis no estaba cayendo en ningún tipo de ataque, tampoco entraba en estado de shock. Parecía estar experimentando un gran hartazgo. Solo deseaba terminar con todo, encontrar los puntos débiles, tomar la delantera, no sentir miedo ni ansiedad. Ella deseaba no esconderse más nunca detrás de nadie ni de nada, anhelaba enfrentar mejor la situación.

«Enfrentar la situación…» Una frase que cobró vida en su cabeza.

—Enfrentarlo… —pensó en voz alta.

—¿Cómo dice? —T.C estaba de cuclillas frente a ella con el vaso de agua en la mano.

Ella recuperó su perdida mirada y giró su rostro hacia él.

—Quiero bajar y enfrentarlo.

Dicho aquello, Lenis se levantó con otro semblante. No apurada, no velozmente, solo se puso de pie, autómata, dueña de cada uno de sus movimientos y caminó hasta el ascensor.

—¿Qué piensa hacer? —preguntó un asombrado (y muy alerta) T.C.

—Solo quédate conmigo —le respondió sin mirarle, siempre dándole la espalda mientras llegaba el ascensor, que no tardó en abrir sus puertas.

T.C fue testigo de una alta determinación, casi un aura industrial cubriéndola toda. Sabía que con simples palabras no podría convencerla, mucho menos podía (ni tenía permitido) tocarla, a menos que el escenario lo requiriera en una extrema urgencia. Sentía que aquello lo era, pero aun así, debía ser más estratega que obstáculo para así lograr desviar el paso de Lenis haca otro lado.

Al salir, se adelantó a ella y le hizo señas al vigilante para que los dejara salir.

Como le había indicado Peter en la llamada, a pocos kilómetros del edificio se encontraba estacionado un Maserati negro con vidrios tintados y estaba casi seguro que era blindado.

Se abrió la chaqueta negra de modelo ejecutivo que cargaba puesta para dejar un poco visible su arma. Marcó su celular llamando a su jefe, quien en segundos de contestar, le avisó que ya había llegado y que junto a su equipo, ya se encontraban en una Vans a un costado de la carretera.

T.C identificó el vehículo con un ligero asentimiento y obedeció a las órdenes que Peter le arrojaba a través de la llamada.

Hacía una fuerte brisa, la noche estaba cayendo, estrepitosa, parecía querer llover, los transeúntes y su paso veloz así lo confirmaban.

Pero Lenis se detuvo en la acera frente al consorcio y miró el perímetro buscando una señal de Smith.

—¿Dónde está? —preguntó ella, no parecía su voz.

En ese momento, T.C vio el Aston Martin del abogado llegando y estacionándose frente a la Vans.

—Al otro lado de la acera —informó T.C haciéndose un poco el loco, dándole a entender a la secretaria que él había pensado que ella preguntaba por su pareja y no por Smith.

Pero casi no le dio tiempo responder, de hecho, no le dio tiempo a pensar en nada más. Ella atravesó con la mirada el Maserati y comenzó a caminar con paso firme hacia él.

—¡¿Qué hace?! —gruñó la pregunta el agente, quien se adelantó a ella bloqueándole el paso.

George, en cuanto vio la dirección que estaba tomando Lenis, salió de inmediato de su vehículo.

La secretaria llegó hasta el auto negro y tocó la ventana de atrás. T.C sacó el arma y se puso alerta. Algunas personas pasando por allí se apartaron de inmediato, sobre todo cuando un hombre vestido de negro salió del asiento de copiloto y empezó a custodiar el automóvil.

Smith bajó la ventana y a medida que su cara se mostraba, Lenis fue sintiendo cómo un extraño calor infernal ahumaba su cara.

George corrió hasta allí, pero T.C le hizo señas de no acercarse. El ex militar nunca se apartó de la espalda de Lenis, teniendo en la mira al rubio hombre dentro del carro, a quien lo escoltaba, la Vans y a Miller. Activó el audífono y el micrófono que guardaba bajo su ropa y dentro de su oído, dispositivos que solían usar los hombres de Peter solo en caso de emergencia y una de las órdenes que su jefe le había comandado por teléfono.

Lenis y Smith no dijeron nada de inmediato. Ella lo miró con los ojos entrecerrados por el viento y por algunos mechones de cabello golpeando su cara.

La respiración de la secretaria era mortuoria, pero la misma, hacía que se sintiera cada vez más viva.

—Logré salir de tu mundo, Jefferson —pudo ella decir al fin—. No veo la hora en la que tú salgas del mío.

Smith lanzó una risa triste.

—No pensé verte jamás en estas circunstancias —le dijo él—. Es penoso. Pudimos haber sido mucho más.

Lenis tragó grueso. El nudo en la garganta era tétrico.

—Sé que no te gusta perder, pero por eso no tienes que venir a perseguirme. No lograrás nada más que esto, una conversación vacía entre un pobre diablo y una simple secretaria en medio de la calle. Acepta que la echaste a perder confiando en el estafador de Ferit. Te entregó mercancía en mal estado —dijo ella, mostrando una sonrisa que podía poner la piel de gallina a cualquiera.

—Lisa, Lisa, Lisa… Wow, ha madurado la pequeña Lisa…

—A causa tuya…

—Claro que sí. Y me siento muy orgulloso. En serio. —Se tomó una pausa—. No culpo a Turgut de nada, yo te di el valor que él y tu madre no te dieron. Si saliste mala, no fue de fábrica, fue por mí. —Ella intentó no fruncir sus cejas—. Yo lo hice así, yo te dañé, fui yo quién te creó de esa manera. Yo mismo eduqué tu forma de ser, Y por eso, nunca, nunca jamás vas a dejar de pertenecerme.

Lenis respiraba fuerte, las lágrimas amenazaban con salir, pero ella luchaba para que no fuese así.

—Es hora de irnos —anunció George con su voz gruesa, estando detrás de ella—. Smith —el rubio le miró con un ligero levantamiento de cejas—, si vuelve a buscar a mi clienta sin su abogado presente, estará enfrentándose a nuevos cargos. Limítese a respetar la ley…, si la conoce.

Jefferson sonrió abiertamente. Le hizo señas al guardaespaldas parado frente a la puerta de copiloto para que se metiera en el auto. Subió su ventana y arrancaron.

George tomó del brazo a Lenis, sin hacerle daño, pero con una presión significativa, y se la llevó a su auto. Le abrió la puerta, la ayudó a que entrase, se montó en su puesto y trancó las puertas.

Llamó a Peter.

—Ya los están siguiendo —anunció el agente desde el otro lado de la línea—. Ya pueden arrancar. Iré detrás de ustedes.

—Síguenos, pero déjanos solos después. —Colgó la llamada y arrancó también.

Para Peter, ya iban dos veces que George hacía lo mismo. Una, cuando fue a entregarle los documentos al asesor del gobernador en la cena del hotel. Se suponía que hablarían en el apartamento al salir de allí. Él acababa de llegar del viaje, colaboraba con esa ida al hotel, pero aún no habían podido tener una conversación en condiciones. Cuando estaban llegando al complejo de edificios a las afuera de la ciudad, el abogado le pidió que se retirara.

Ahora lo volvía a hacer. Tenían tiempo que no se reunían los tres, el objetivo del plan se estaba quedando dormido y George (intuía él, más no había sido confirmado) tenía sexo con su clienta, la misma que podría ser la llave para lograr todo lo que se habían propuesto alcanzar. A pesar de que el sexo estaba incluido en el plan original, no le gustaba nada aquello, sin embargo, era consciente de que en ese momento, la situación requería que se quedara quieto con cualquier tipo de reclamos, así que obedeció, los siguió y se fue.

Camino a su departamento, llamó a Max.

—¿Qué pasó? —respondió el CEO de la corporación.

—Tenemos que hablar —lanzó el agente de seguridad—. Algo ha pasado en tu consorcio.

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