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Capítulo 56 segunda parte

Autor: Ranacien
last update Data de publicação: 2022-04-19 12:42:59

Lenis caminó durante varios minutos por la plaza principal de la ciudad, visitando la laguna, sentándose un momento en una de sus bancas, comiéndose un helado, luego yéndose a almorzar.

T.C buscó otra mesa y también comió, sin dejar de vigilar a la hermosa mujer de uno de sus jefes.

Lenis tardó más de lo normal en salir de aquel café. No quería ver a George todavía. No sabía cómo manejar aquella situación, sobre todo sus sentimientos. Ordenarlos, le costaba. Por primera vez se había enamorado y por primera vez había sentido fuertes celos por ese mismo amor. Era una mujer inteligente y ecuánime, pero había algo que la descontrolaba y era el no entender muy bien cómo parar de regodearse en mil ideas a la vez. La paranoia podía con ella, pensar en recuerdos que no conocía, le estaban molestando sobremanera.

Ya había pasado media hora después de comer, cuando George le envió un nuevo mensaje de texto:

“Voy camino al apartamento. Ya salí de mi reunión, estoy libre. ¿Tú ya estás lista con las compras? Te espero aquí. No tardes.”

Ella exhaló bastante aire. Debía responderle porque él se extrañaría demasiado si esta vez no lo hacía.

“Aún me falta un poco, adelántate. Nos vemos allá, no te prepcupes. Trataré de no tardar”. Y lo envió.

Miró a T.C y se levantó de su silla. Gracias a que en ese café la cuenta se pagaba antes de sentarse a comer, simplemente salieron del sitio, se montaron en la camioneta negra y arrancaron rumbo al edificio.

***

La placa del lujoso vehículo de George fue escaneada por un dispositivo colocado en la entrada del complejo y aceptada por la computadora de la agencia de seguridad. Atravesó el portón principal de edificios y estacionó su Aston Martin al lado de su camioneta negra; una que casi nunca usaba, solo la cedía, en ocasiones, a algún guardaespalda del equipo de Peter. 

Saludó al joven recepcionista de su torre cuando ya se encontraba en el lobby, y subió al asensor, viendo cómo cerraban las puertas.

Salió de la cabina en poco tiempo y se detuvo en seco.

Arrugó el rostro sin querer demostrar lo muy sorprendido que estaba.

—¿Cindy? —preguntó él.

La joven Cindy D’Vigo se encontraba recostada en la pared a la derecha y frente a la puerta principal del apartamento de George, mirando los asensores…, lo estaba esperando a él.

Ella tragó grueso y se enderezó. Secó su cara mojada de lágrimas con la yema de sus dedos y suspiró para poder hablar.

—Quisiera conversar un momento contigo, George —pidió la mujer, con la voz pastosa de tanto llorar.

George frunció el entrecejo aún más, no gustándole nada aquello. Tenía un muy mal presentimiento.

—Cindy, disculpa, de verdad, estoy bastante apurado. Luego hablamos, ¿te parece? —Él pensó en Lenis: en cualquier momento llegaría y vería a esa mujer haciendo una escena que él aún no comprendía y sinceramente no deseaba comprender. Pero ella parecía no ceder, así que decidió preguntar—: ¿Pasó algo malo? ¿Por qué estás así, Cindy?

El labio inferior de la chica tembló. Le costaba mucho hablar, pero ya estaba frente al hombre que tanto estuvo buscando, no podía echarse para atrás.

—Hablemos adentro, por favor —pidió ella.

—¿Dónde? ¿En mi apartamento? —Él elevó las cejas, mirando los asensores y luego a ella.

—Bueno, si no quieres… Hablemos en el mío, como tú lo prefieras.

Él dio unos pasos hacia un lado e intentó que ella se apartara de su camino, sin querer tocarla.

Cindy entendió la señal: se apartó, pero aprovechó la cercanía de él para hablarle con mayor sinceridad.

—George, no puedo más —exhaló ella con la voz totalmente quebrada.

A lo que él se paralizó y segiró completamente, totalmente extrañado por lo que escuchó.

—¿Perdón?

—George, yo… —parecía que un fuerte nudo en la garganta le impedía hablar con fluidez— no quiero vender mi apartamento, no me quiero devolver. —Él escuchaba anonado a esa mujer—. Yo te amo, George, te amo demasiado. —«¿Que qué?»—. Intenté olvidar lo nuestro, intenté olvidarte, de verdad, pero no he podido. —El abogado no lo podía creer—. Sé que fui muy egoísta, que te decía que no viviéramos juntos, pero no era cierto, siempre te amé, pudimos haber tenido algo maravilloso, pudimos haber construido un buen matrimonio, tener hijos…

George escuchaba y escuchaba, pero su cerebro quería conectar cada palabra con alguna razón coherente que justificara todo eso. Conocía demasiado a Cindy D’Vigo. En el caso hipotético de que en verdad estuviese aún enamorada de él, la Cindy que él conocía jamas se rebajaría a una declaración así, y menos tan desecha como se presentaba ante sus ojos, y muchísimo menos, acorralándolo frente a su departamento.

La Cindy que tenía delante era otra, y aquello encendió todas sus alarmas.

—Cindy, cálmate un poco. Dime, ¿qué fue lo que sucedió para que te pusieras así? —Él necesitaba hacer tiempo para ir analizando y entender la situación, intentando observar su alrededor también, inspeccionarlo todo sin perderla de vista a ella. Lenis estaba a punto de llegar, eso también lo tenía nervioso. No quería generarle otro trago amargo a su novia.

—¿Cómo me preguntas eso, George? ¿Qué crees que fue lo que sucedió? El día que nos encontramos en el restaurante, todos esos sentimientos que creí muertos volvieron a mí…

El abogado sintió un escalofrío al darse cuenta que ella mentía. Gesticulaba mucho con las manos, uno de sus pies parecía más nervioso que las mismas palabras que ella botaba sin cesar. De igual forma, le dificultaba definir bien todas sus sospechas por culpa del estado en el que ella se presentaba.

—George, no quiero hablar aquí. Vine temprano y me topé con tu novia… —«¡¿QUÉ?!»—, no quiero que ella nos vea, esto es entre tú y yo. Al menos, vamos a mi apartamento, hablemos, por favor. Sé que tú en el fondo quieres hablar conmigo, sé que me quisiste mucho, sé que algo dentro de ti…

George miró la puerta del piso de Cindy por encima de su agitada cabeza y divisó la puerta entrecerrada.

Alternó la vista entre ella y la rendija, luego en la madera, en su interior y de vuelta a ella. De nuevo observó bien a Cindy, otra vez la mirada en la puerta, afinando la visión, agudizando el sentido de la vista, escudriñando y vigilando…

De súbito, vio una sombra retirarse de la rendija que dejaba la madera de aquella no tan lejana puerta.

—¡Ahhh! —El grito de Cindy se ahogó por una mano masculina agarrando su cuello y estánpándola contra la pared.

—¿A quién tienes en tu departamento? ¡¿A quién?! —Cindy intentaba respirar a través de la fuerza que George aplicaba con su mano—. ¿Con quién colaboraste? ¿Quién te está pagando para engañarme, eh? ¡¿Quién?! ¡Dime! —gritó rabioso, apretándola y removiéndola a su antojo sobre la pared.

—George…, suél…

—¡Dime!

—Dios santísimo, ¡GEORGE! —Lenis corrió hacia él, tirando todas las cosas que traía en la mano hacia el suelo, abalanzándose hacia la poderosa mano que parecía no querer parar de apretar el cuello de aquella dama—. ¡Déjala! —gritó Lenis, intentando llegar hasta ellos, movimiento evitado por el mismo abogado que, como pudo, se movió cubriendo a su víctima para no tener que soltarla—. ¡George, déjala, la vas a matar!

—¡T.C, en el apartamento, corre! —George gritó y señaló con su anatomía, con la boca, con los ojos y un buen movimiento de cabeza, hacia la puerta entreabierta del apartento vecino—. ¡Lenis, entra al apartamento!

—¿Pero George, cómo me voy a ir…?

—¡Que entres ya, te digo!

—Suéltala y entro…

—¡Llama a seguridad! ¡Entra y llama a Peter! ¡Rápido!

En ese momento, se escucharon fuertes disparos y bastante ruido venir del apartamento de al lado, generando una enorme sozobra en Lenis y haciendo que Cindy abriera sus ojos de par en par. La exhaltación hizo que George se moviera un ápice, y Cindy aprovechó aquello para lograr safarse, sin embargo, el abogado fue más rápido y no le dejó espacio para correr, abalanzándose sobre ella nuevamente, cayendo ambos al suelo, forcejeando con ímpetu y así él controlarla sin permitirle a ella escapar.

T.C gritó desde adentro lo que preció ser una petición de refuerzos. Entonces, Lenis, como pudo, abrió la puerta principal del piso de George y se estampó sobre el intercomunicador de la entrada.

—¡Ayuda! ¡Necesitamos ayuda acá arriba! —gritó ella a través de la bocina.

—No te vas a escapar, m*****a zorra —gruñó el abogado, con todo su cuerpo encima de la mujer que recién había hecho todo un espectáculo para engañarlo y llevarlo directo a la boca del lobo—. ¿Con quién colaboras? ¡¿Para quién trabajas?! —exigía, mientras la agarraba nuevamente del cuello.

Lenis no podía creer todo lo que estaba sucediendo. Esa mujer le pudo haber hecho un terrible daño cuando se toparon más temprano.

—¿Qué pretendías? ¿Matarme? ¿Matarnos? —seguía preguntando George, cuando T.C salió del piso vecino con un rastro de sangre en la cara y un arma en la mano, la chaqueta del traje abierta, el pinganillo colgando a un lado y respirando con dificultad.

Luego, acomodó el audífono y habló a través de él:

—Sin signos vitales… En el piso siguiente… —Se acercó hacia la maraña de cuerpos que George y Cindy formaban en el suelo, con Lenis como testigo, estando aún de pie bajo el umbral de la puerta, totalmente anonadada.

T.C apuntó el arma a la cara de una enrojecida Cindy D’Vigo gracias a la presión que aplicaba el abogado con su fuerte agarre.

—¿Quién era el objetivo? —El agente ladró la pregunta con una terrorífica precisión, apretando los dientes, transformando su eterno afable semblante por uno asesino.

—Le…Lenis Evans —respondió la mujer en un pequeño libre camino de sus vías respiratorias que George le cedió para que contestara.

Lenis quedó de piedra al ver lo maestro que era el abogado manipulando el cuerpo de su enemiga, como si hubiese tenido una especie de entrenamiento para la interrogación.

—¿Quién te pagó? —preguntó el abogado, lanzando las palabras entre sus apretados dientes, imaginando cuál podría ser la respuesta.

—Fe… Ferit Tur…Gut.

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