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Capítulo 57

Autor: Ranacien
last update Fecha de publicación: 2022-04-20 05:31:25

—¡ARGGG! —George golpeó a un lado de la cara de Cindy y la soltó como si le quemara, para que inmediatamente T.C se encargara de ella, mientras el refuerzo de seguridad llegara justo en ese momento a controlar lo que faltaba.

George respiraba muy acelerado. Entró a su apartamento, estampando la puerta contra la pared al quitarla de su camino para poder continuar.

Detenido por completo en la parte superior del par de escalones que dividían la cocina de la sala, se volteó de súbito. Lenis estaba detrás de él, dentro del apartamento, recostada en una de las paredes bajo el umbral del pasillo de habitaciones.

Él corrió hacia ella y la tomó en brazos, inspeccionando su rostro.

—¿Estás bien? —le preguntó él.

Ella parecía intentar entederlo todo. En su cabeza, seguía dando vueltas la escena, la forma cómo George tomó a esa mujer y luego las palabras de la fémina bajo su coerción; aunque bien supo que «esa» coerción no influyó lo que dijo, al contrario, fue un efecto de confeción para salvar su propia vida.

—¿Lenis? —Él escudriñó toda su cara.

Ella no lo estaba mirando, parecía haberse ido a un lugar lejano.

De repente, regresó y lo miró.

—Esa mujer… —ella susurró.

George se alejó de ella y bufó. Se dio la vuelta, caminando y retregándose la cara con muchas ganas de drenar la rabia que sentía por dentro.

—¿Esa mujer mencionó…? —dijo Lenis en un nuevo susurro.

Él se volteó con la mirada severa, sus ojos inyectados en ira.

En ese momento, Peter entró al departamento. Había llegado en tiempo record tras recibir el reporte urgente de J.T, quien había canalizado los refuerzos que su compañero y guardaespaldas de Lenis había solicitado.

—¿Todos están bien? —preguntó, con el ceño fruncido, concentrado y dirigiéndose primero a Lenis, luego caminando un poco hacia el abogado—. Cindy está detenida, T.C me contó lo que dijo.

—¡No le creo nada! —casi gritó George. Perdió su mirada, dio más vueltas, parecía enloquecio, desesperado por drenar, necesitaba sacar la molestia que llevaba dentro de sí—. Ese maldito… —susurró, con un bajo y poderoso gruñido. De pronto, lo vio todo rojo, tomando algo con sus manos y empuñándolo con fuerza—. ¡Ese maldito!

Lenis se encogió casi por completo y arrugó la cara al ver cómo George estrellaba una taza de café que ella había dejado olvidada sobre la encimera, contra una de las puertas de vidrio de la terraza, quebrándola en mil pedazos, destruyéndola.

George gruñó con fuerza por la adrenalina, parecía haber botado más de la deseada.

Caminó luego hacia el pasillo de habitaciones, encerrándose en su despacho.

Peter se fue inmediatamente tras él, Lenis también hizo lo mismo.

—¡Quiero estar solo!

—Negativo —zanjó Peter ante la petición a gritos de George J. Miller.

Lenis entró con cautela y se quedó de pie a un lado de la puerta, ya cerrada nuevamente, y pudo ver —como si de mirar toros desde la barrera se tratase— toda la conversación entre el agente y el abogado.

—Peter, no me vengas con que le crees esa m****a a Cindy…

—Será interrogada —dijo el agente, haciendo muecas con sus manos y sus hombros—. Ella lo dirá todo. Tú debes calmarte.

George intentaba prepararse un trago. Al final lo consiguió, lanzando a su sistema un completo fondo blanco de su eterno whisky, y volviendo a llenar el vaso.

—Tú y yo sabemos que el imbécil de Jefferson tiene sus sucias manos metidas en lo que acaba de pasar frente a mi puerta —dijo George, con la voz un poco cambiada: efectos de una garganta lavada con alcohol—. Si la venta de ese piso se concretó, ese jodido contrato debe ser intervenido ahora mismo.

Lenis fruncía el seño, escuchando, sintiendo el corazón latirle a mil por hora; un corazón que no había descansado desde que las puertas del asensor de abrieron y vio aquella terrible escena entre George y la mujer.

—Hay que averiguar primero si Jefferson colabora con Turgut —habló Peter—. Si es así, si eso que dijo Cindy es cierto, sabes que mi equipo puede sacarle el paradero del turco.

—¡Eso es mentira! —gritó George, aún un poco fuera de sí—. Eso que dijo ella es mentira, es evación. Es lo que tenía que decir por si la atrapaban. Esa mujer toda la vida ha adorado la plata. El desgraciado de Smith mojó su mano. Encontró la brecha del edificio y se topó con una ambiciosa. No le creí nada ese llanto que cargaba. La conozco bien y estoy seguro que esto que te estoy diciendo es es la información que tu gente logrará sacar de ella.

—Eso no tiene sentido, Miller. ¿Ella conoció a Ferit?

—¿Qué importa si lo conoció o no? Mira, Peter, puede que yo esté alterado, pero tú no estás pensando con claridad. O tal vez no estoy explicándome bien. Es más fácil desviar la atención hacia un exiliado, que a un sujeto que nos sigue rondando. Investiga cómo rayos ese hombre que yace muerto allá al lado de mi apartamento logró entrar a este edificio. ¡Investígalo! Querían llevarse a Lenis. Querían hacerme daño a mí intentando llevarse a Lenis. Ese tipo no descansará hasta tenerla de nuevo, cueste lo que le cueste. —George miró hacia la mencionada, percatándose que la puerta de su despacho se había abierto y que ella ya no se encontraba junto a ellos—. ¿Lenis?

—George, espérate… —Peter intentó atraparlo, pero ya el abogado había salido corriendo detrás de la secretaria.

El alterado abogado caminó rápidamente hasta las habitaciones. Lenis no se encontraba por ningún lado.

—¡Lenis!

A punto de desquiciarse un poco más, la secretaria atravesaba el pasillo dirigiéndose ahora hacia el cuarto de huéspedes, con una serie de paquetes y bolsas en las manos, las mismas que lanzó sobre la cama.

George la siguió, respiraba aceleradamente. Vió a Lenis trajinar de un lado para el otro con esos paquetes encima, colocando cosas por doquier…

—¿Qué estás haciendo? —preguntó él, temeroso de que ella estuviese planificando irse.

Lenis se detuvo con unas cajas en la mano y se giró para encararle.

Dejó el paquete sobre el colchón y se acercó hasta él.

—Acaba de fallecer alguien aquí al lado —ella dijo, casi susurrando, precisa—, y hoy conocí a tu delicada y amena ex. —Él apretó la mandíbula, respirando por la nariz—. ¿Ya tienes listo tu atuendo de gala? Hoy hay una fiesta, no queremos llegar tarde —culmió, dándose la vuelta y regresando a sus quehaceres con sus compras, movimientos raudos que dejaron a George congelado en el sitio, mirándola acomodar algunas prendas, sacar un par de zapatos, tomando una bata de baño y entrando al tocador, hasta cerrar la puerta tras de sí.

La actitud de Lenis le sorprendió mucho más que haberse encontrado a su ex novia llorando a cántaros e intentando distraerlo o enredarlo en una situación peor. Su revolución bajó mil grados, se detuvo momentáneamente, sintiéndose extrañado y en alerta por lo que la secretaria le acababa de decir.

Miró los objetos colocados sobre el colchón. Ella había ido de compras. Sin discutir, había aceptado ir a la tienda a la cual él mandó a T.C a que la llevara. Para él, existía un vacío de información entre los dos que podía desquiciarlo aún más que cualquier intento de pejudicarlos.

Salió del pasillo, encontrándose con Peter mirando la puerta de la terraza toda astillada, pedazos de vidrios por doquier. El agente hablaba con alguien por teléfono.

George cerró sus ojos, apretando sus párpados, sintiendo un enorme cansancio repentino caer sobre sí.

—Muy bien, sí —dijo Peter al teléfono—. Dile que la traigan de inmediato, esto no puede quedar así, es un desastre… Ok… No, comiencen ya. En cuanto pueda, voy para allá. —El agente colgó la llamada, apretando la pantalla de su teléfono móvil y guardándolo en el bolsillo de su pantalón.

Cuando se volteó, ya el dueño del apartamento y de esa misma puerta estillada se encontraba sentado —echado, casi— en uno de los sillones monoplaza de la sala.

El abogado parecía haber ganado un reciente dolor de cabeza. Sostenía su tabique con dos de sus dedos, codo sobre el reposabrazos y mantenía los ojos cerrados.

—¿Cómo está ella? —preguntó Peter, aún de pie.

George negó con la cabeza.

—No lo sé, no entiendo. —Peter exhaló y frunció el ceño—. Debo mandar a arreglar la puerta… —se quejó.

—Ya me encargué de eso.

George abrió los ojos y dejó caer la mano que sostenía su tabique.

Mirando a ningún punto en específico, el abogado preguntó:

—¿Conoces al sujeto que enfrentó a T.C?

—No —respondió Peter—. Cuando tenga sus datos, sabrás quién es.

—¿Podrías, por favor, explicar con tus palabras lo que sucedió aquí?

—Pensaba que lo tenías bien definido —acotó Peter. George bufó, sin enfocar su vista sobre nada en concreto—. Al parecer, querían distraerte o lesionarte para llegar hasta Lenis e irse con ella en la mera oportunidad, sin despertar alertas ante las cámaras, ni ante nadie.

Se hizo un silencio momentáneo.

—Nuestras sospechas sobre el apartamento resultaron ser ciertas —comentó George—, pero no me esperé que Cindy fuese parte de todo esto. La conozco, sé lo ambiociosa que es, pero pensaba que estaba siendo engañada con… los “posibles” compradores de su piso —gruñó la última frase, exhalando bastante aire al final.

Peter se movió y se sentó al borde del sillón más grande para enfrentar al abogado y posicionar las miradas.

—A Jefferson se le acabará el juego tarde o temprano —aseguró el agente— y mientras eso pasa, no te dejes amedrentar. Si Turgut tiene que ver con esto o no, ya lo sabremos. Hoy concéntrate en la mujer que tienes allá dentro. —Palmeó la pierna de George y se levantó—. El panorama allá afuera está aclarado. Nadie escuchó disparos, nadie hará preguntas. En breve te traerán la puerta de vidrio. Atiéndelos y deja que trabajen. —Miró su reloj—. Es tarde, debo estar listo para esta noche, pero antes, tengo un interrogatorio que hacer. —Asintió con su cabeza en despedida y salió del aparartamento.

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